
Jesús Ríos. Editor
Servicios de Long Island Al Día
” Voy camino a ver a mi madre en el campo de Puerto Rico, luego regreso a Long Island para la presentación de mi obra ” Qué mató a Marcelo Lucero” y entonces tendremos tiempo de sentarnos a charlar”, me dijo el día que la llamé para coordinar esta entrevista, evidenciando los pilares fundamentales de su vida: Su natal Puerto Rico, su Madre, el Teatro y Long Island New York.
Con una gran influencia de su Abuela, quien encabeza según ella el Matriarcado de la familia, Margarita Espada recuerda los días en los que las mujeres de su familia se ganaban la vida trabajando en la manufactura del tabaco, en la elaboración de uniformes para las fuerzas militares de EE.UU y guantes para las señoras ricas de la nación del norte, luego de que su madre, quien se había quedado sola (después que su padre emigrara a New York), volviera a contraer nupcias y resolviera mudarse a la ciudad, en donde vivió en una comunidad pobre, con un defectuoso sistema educativo, pero que le enseño el camino para una vida mejor y para ello entendió que su vocación por las artes sería la llave que le abriría las puertas al éxito, al desarrollo pleno de sus sueños.
“El arte salvó mi vida”, dice como en una sentencia, acomodándose en torno a una mesa redonda que junto a un escritorio comparte con La Puertorican Coalition, en una oficina de la Avenida Suffolk, en Brentwood New York. Añade además, “esto y La Gente que apoya mi trabajo, son El Teatro Experimental Yerbabruja“, dice cuando Gabriel Andrade un voluntario a los que se refiere con cariño, se suma a la cita.

“Mi madre Elsa Santos, entendió siempre que la educación era la clave a pesar que abandonó la escuela en tercer grado para dedicarse a trabajar, nos decía que si teníamos el deseo de ser alguien en la vida, deberíamos estudiar con mucha dedicación”. Ella misma se autoeducó con sus hijos, dos varones y Margarita su primera hija cuando ellos se enrumbaron por ese camino.El ejemplo lo vivió entonces Margarita en su propia casa, cuando vió a su madre superarse a través del estudio de sus hijos.
La casa de Margarita se convirtió, dice, como el Centro Comunitario del barrio, ya que allí llegaban los vecinos con sus hijos. Se desarrollaban además actividades educativas y artísticas y se sentía el ambiente del bien común y del apoyo a los más desprotegidos.” Creo que esta parte de mi vida dedicada al trabajo comunitario lo traigo desde mi formación familiar, con gran énfasis en las actividades en casa de mi abuela en donde todo el mundo tiene un espacio, no por encontrar dinero sino por el desarrollo de relaciones humanas y sociales cordiales”.

Margarita se educó en la universidad de Puerto Rico en donde siguió su intuición por las artes, a las que considera su religión o ” llámele como desee”, dice dándole énfasis a sus palabras, debido a la espiritualidad que le dá y le permite trabajar con la comunidad, encontrando de esa manera una conexión con lo divino.
Trabajó como maestra de teatro durante 10 años en una escuela superior de Puerto Rico, con muchas incomodidades, con estudiantes de casos probatorios por asesinatos, miembros de pandillas y otros tipos de violencia. Con 21 años de edad, Margarita realizó de esa manera su aprendizaje en el manejo de comunidades difíciles, en donde Ella misma convivía con lo trágico de su entorno, aprendiendo a manejar el lenguage de la violencia, de lo precario, de no saber si vas a comer y lo que va a pasar al otro día. Margarita se sumió en ese ambiente y se considera afortunada al ser una de esas personas que inmersas en grandes dificultades pudo salir y superarse a través de la educación, proceso que desarrolló con altas notas, lo que le permitió estudiar en la universidad becada, trabajando para el Teatro Rodante,representando a la universidad a nivel profesional y graduándose con altos honores.
Ese fué el inicio de Margarita en el teatro, fundándo El Teatro Yerbabruja en 1989 a raíz de un movimiento de estudiantes que deseaban tener su propia compañía. Al buscar un nombre, “comenzamos a buscar entre la historia del teatro en Puerto Rico y del teatro en Latinoamérica, de la influencia de los años 60 y 70, del teatro de vanguardia, de la creación colectiva y quisimos encontrar un nombre simbólico y escogimos Yerbabruja, porque el poeta Juan Antonio Corretjer designaba la Yerbabruja como símbolo de resistencia a nivel político, dado el colonialismo de la Isla”.
La Yerbabruja, crece donde tu la tiras, nos explica y tiene propiedades curativas. Así nació el Teatro Nacional Yerbabruja, para luego ser Grupo de Teatro Yerbabruja, que hasta el dia de hoy tiene una sede en Puerto Rico.

En 1988 Margarita había formado parte de la Escuela internacional de Teatro de América latina y el Caribe, con sede en Cuba, que era una escuela itinerante, en donde los mejores maestros del teatro latinoamericano se juntaban y los jóvenes tomaban sus clases. Cuba no pudo sostener el proyecto que se trasladó a México.
Estos contactos permitieron a Margarita Espada tomar cursos y talleres en Perú, Colombia, Dinamarca, Francia con los grandes maestros auspiciados por la Unesco. Básicamente se conseguía el pasaje y en el país de destino te seguraban comida y lugar donde dormir. Así logró tomar cursos con el Maestro Santiago García de Colombia del Teatro la Candelaria, en lo que Ella describe como la oportunidad de estar ante la misma historia del teatro latinoamericano. Otros grandes maestros sirvieron de inspiración para su formación académica.
Al culminar sus estudios, comenzó a realizar teatro comercial en telenovelas, pero rápidamente se dió cuenta que esa dirección no era que anhelaba y comenzó a trabajar en un teatro mas social y artístico.
Para no estancarse el desarrollo profesional, Margarita comenzó a tender puentes con las Universidades de EE.UU pues sentía que tenía mucha práctica pero le faltaba teoría y así fue como después de evaluar ofrecimientos de las Universidades de Michigan y Harvard entre otras, se vinculó a Stony Brook University quien le ofreció una beca que le permitía combinar educación su especialidad, con teatro su pasión, encumbrándose en el estudio de dramaturgia, crítica teatral, cumpliéndo con los requisitos académicos necesarios para tener el equivalente a un Doctorado en Teatro.” Así me vinculé a Long Island y también a sus problemas y vivencias”, acota.
Los planes de Margarita Espada y su Teatro Yerbabruja, la encumbran hacia la consolidación de una estructura organizacional competitiva con otros grupos de arte anglosajones, con el propósito de recibir el apoyo gubernamental que le permita masificar y cualificar su labor tomando el arte como elemento de cambio y sustento de las generaciones de jóvenes. Para ello se encuentra involucrada en la comisión de arte del condado, pero manifiesta que la comunidad hispana, que es relativamente jóven en su estructuración en Long Island, debe comenzar a apoyar el teatro, no solamente con la presencia en las obras sino donando dinero, para poder mostrar al gobierno local el interés hacia su labor. ” Así funcionan las cosas en la política, afirma, resaltando el apoyo que viene recibiendo del Asambleísta Phil Ramos y del legislador Ricardo Montano.

Con la energía que la caracteriza Margarita, está concibiendo la idea de crear un grupo de amigos del teatro Yerbabruja, de mantener un espacio físico adecuado para sus presentaciones y que sirva además como centro literario, de tertulia, de encuentro de los artistas, poetas, escritores con la comunidad, de centro de investigación y análisis de la realidad social de la comarca.
” Mi proyecto, dice, no es algo personal, es un legado que estoy construyendo para nuestros vecinos, para las nuevas generaciones, entre las que se encuentran los jóvenes que como Mariana Lima mi hija, crecen en medio de tantos problemas sociales y particularmente de los inmigrantes que constituyen una gran parte de nuestra comunidad”, explica colocando emoción a sus palabras.
“Solo de esta manera, podré devolverle a la vida lo que me dió a través del Teatro:
Nunca olvidaré que el Arte salvó mi vida.
Temas relacionados: