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“Soy hija de un narcotraficante”

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“Soy hija de un narcotraficante”

Posted on 07 June 2010 by jesus

Mónica Lehder, a los 27 años, no ha vivido ni un mes completo con su padre, Carlos Lehder Rivas, extraditado hace 23 años.

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Por: Alfredo Molano Jimeno | Elespectador.com

Mi nombre es Mónica Lehder. Soy hija de un narcotraficante. Suena fuerte, lo sé, pero es mi realidad. En este mundo nací, pese a esto nunca he llevado una vida de hija de capo. El dinero no me ha sobrado y entendí desde muy pequeña el valor del trabajo. Tengo 27 años, de los cuales no he pasado un mes con mi padre, Carlos Lehder Rivas, quien fue extraditado hace 23 años a Estados Unidos.

Nací en Armenia, Quindío. Mi infancia la recuerdo como una etapa plena de mi vida. La magia de la inocencia no permite que los problemas y los dolores se traguen la energía de vivir. Crecí rodeada de familiares y amigos, acompañada y protegida por el cariño. Desde muy pequeña sabía cuál era la situación de mi papá y la razón de su ausencia. Sin embargo, no entendía la magnitud del problema y creía que todo iba a terminar rápido, que pronto íbamos a ser una familia completa, pero obvio, no ha sido así.

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Gajes del inmigrante: la estampa colombiana

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Gajes del inmigrante: la estampa colombiana

Posted on 01 December 2009 by jesus

no-todas-las-colombianas-se-parecen-a-shakira

Por: Laura García

«Pablo Escobar aún vive». «No», le digo al hombre con quien converso, «Pablo Escobar murió en 1993». «No, no, él vive, él vive. Vive en Bariloche, se hizo pasar por muerto». «¿En serio?», le contesto desganada, «Y bueh… qué le vamos a hacer…»

Sí. Es verdad, voy a conceder que Pablo Escobar vive, porque sencillamente todos insisten en revivirlo. Por eso más de una vez he sostenido estas conversaciones extrañas con tipos que me insisten, una y mil veces, que las teorías conspirativas del mundo son muchas más de las que yo podría imaginar, aún si tuviera la imaginación más poderosa, y que Pablo Escobar, efectivamente, vive.

Yo me pregunto: ¿con qué se come eso? Yo tenía 8 años cuando mataron a Pablo Escobar y no me agrada recordar que a los 8 años todas las personas, los señores y señoras que salían en la tele, los que hablaban en la radio y los que medianamente recuerdo, todos, invariablemente, deseaban la muerte de Pablo Escobar, y me prometían que de una u otra forma esa muerte acabaría con todos o casi todos los males del país. 16 años después todavía sigo esperando los beneficios inconmensurables de la muerte de Escobar. Y todavía me perturba un poco recordar ese anhelante deseo de que otro muriera.

Si me preguntan qué es lo feo de ser inmigrante, debería adicionarle a las ya conocidas dificultades de adaptación al nuevo país que te acoge, la absurda idea de tener que cargar a cuestas con el peso de la historia del país en que uno nació por accidente y con la fama de otros colombianos ilustres.

No importa quién tenga al frente, no importa a quién me presenten en esa reunión, en ese evento de negocios, en esa recurrente fiesta en casa de amigos, no importa la circunstancia, la hora, e incluso la música de fondo, tampoco el estrato socio-económico, no importa, si ese al que conozco es hombre, me preguntará por Shakira, mirará discretamente hacia mis caderas para compararme con ella y me preguntará lo mismo que todos: «Y dime… ¿todas las mujeres en Colombia son como Shakira?». Uno abre ojos de platos, respira profundo, trata de imaginarse a las compañeras, a las amigas que dejó en Colombia, a las conocidas… Y, no, no, no todas somos Shakira. La verdad yo no tengo nada en contra de la rubia cuyas caderas no mienten, bien por ella, bien por sus éxitos, y que tenga muchos, muchos años más de discos en el primer lugar de audiencia, pero si soy demoledoramente sincera, a mi no me identifica como colombiana esa mujer excesivamente rubia a la fuerza, excesivamente colombiana a la fuerza, que intenta excesivamente colombianizar sus rockeras canciones en inglés, porque como profesional de la música no pudo concebirse un futuro enteramente en español. Ustedes me entienden: este idioma en el que escribo ahora es muy poco comercial.

No obstante, de un tiempo para acá son incontables las veces que he tenido que explicar que ni Shakira es enteramente Colombia, ni yo soy como Shakira, ni la colombiana que atiende como mesera en el café del centro es como Shakira y que las mujeres colombianas son hermosas, sí, sí, pero no son Shakira.

Y cuando uno piensa que ya lo ha visto y escuchado todo, que ya lo han bombardeado con todas las preguntas posibles que pueden reflejar la desfachatada imagen de Colombia y de los colombianos en el exterior, entonces viene el machetazo final, el broche de oro: la literatura y el cine. Ahora la literatura la hacen ex – secuestrados y el cine debe contener por lo menos unos mil a dos mil gramos de plomo y coca. Podrán pensar que exagero, pero no es así. Repaso en mi cuaderno los gajes de inmigrante y he anotado un número importante de veces en las que me han preguntado si es verdad que en Colombia se vende droga en todas, todas las esquinas y si es verdad que todos los colombianos, incluidos los menores de edad, portan sin excepción armas.

Todo esto sin contar la ya desgastada broma en la que me preguntan si llevo conmigo «de la buena», o la confesión azarosa en medio de una fiesta del borracho que ha viajado por toda Latinoamérica y grita a viva coz y con cierto orgullo que en Bolivia y en Colombia probó coca, pero que en Colombia era «de la buena».

Nuestra historia de violencia y sangre es innegable. También lo es nuestra historia de drogas. No voy a ser tan torpe como para desconocer que Colombia es como un enorme animal atacado, mordido, herido todo el día por otros animales miserables, al que en la noche se le curan las heridas, para ser atacado al día siguiente, y mordido, y herido y despedazado. Este país tiene una historia violenta, triste. Pero yo me pregunto ¿es necesario ir enarbolando eso a toda hora a quién quiera verlo? ¿es necesario exacerbarlo hasta el fastidio? No todos los escritores saben escribir nuestra violencia y no todos los cineastas saben llevar a imágenes nuestra realidad. El resultado es desastroso la mayoría de las veces. Yo comprendo el dolor del ex – secuestrado (Ponga Aquí el Nombre) que vivió una historia de terror en cautiverio, pero ese sólo hecho no lo convierte mágicamente en un escritor capaz de hacer literatura.

Cuando llegó a Chile — en el marco del Santiago Festival Internacional de Cine — la película “Los viajes del viento” de Ciro Guerra, la fui a ver con un gran deleite. Bellísima película tanto por lo que relata, como por lo que no relata, a saber, no relata esa violencia de cuna que nos viene a los que nacimos cuando la guerrilla ya era guerrilla y Pablo Escobar ya era Pablo Escobar y que ahora la tenemos que soportar embutida en cualquier manifestación artística.

Mi queridísimo Andrés Neuman, escritor hispano-argentino ganador del último premio Alfaguara de novela, se molestó un poco hace unos días en Panamá y reclamó a los periodistas que le preguntasen tanto por el boom. Lo entiendo y hasta le daría toda la razón del mundo si no fuera porque prefiero mil veces que me pregunten si el García me viene porque soy pariente directa de García Márquez, a que verifiquen in situ si mi estampa colombiana viene de las caderas incombustibles de una (casi)rubia desafinada.

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Las bases Norteamericanas en Colombia*

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Las bases Norteamericanas en Colombia*

Posted on 11 August 2009 by jesus

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Disuasión para quienes tienen nexos con las farc, el narcotráfico y los grupos criminales.*

Semana.com

En un mundo perfecto lo mejor sería no tener bases norteamericanas en suelo colombiano. Mejor aun, no tener ni ayuda militar ni la presencia de un solo soldado gringo en el país. Pero en el mundo real la democracia colombiana está fuertemente amenazada por el narcotráfico, la guerrilla y los grupos criminales, y el Estado no tiene suficiente capacidad para enfrentar solo este desafío.

Frente a estos poderosos enemigos, que han dejado un baño de sangre en las últimas décadas, Estados Unidos ha sido un aliado incondicional del gobierno. La ayuda militar lleva más de 10 años y suma la nada despreciable cantidad de 6.000 millones de dólares. Y aunque ha sido crucial para arrinconar a las Farc y desarticular muchos carteles de la droga, los problemas siguen vivitos y coleando. Con la desaparición de la base militar de Estados Unidos en Manta, Ecuador, y el inminente declive de los recursos del Plan Colombia, el gobierno vio la oportunidad de fortalecer esa alianza militar para tratar de desterrar, de una vez por todas, los tentáculos de los grupos criminales que azotan el país.

Por eso inició en febrero una negociación confidencial en Washington, según la cual Estados Unidos podrá usar siete bases militares en Colombia, a cambio de incrementar el apoyo a las operaciones que el país desarrolle contra narcotraficantes y guerrilleros. El acuerdo, que aún no se ha firmado ni acabado de discutir, tiene a Colombia en medio de una tormenta diplomática regional que obligó al presidente Álvaro Uribe a hacer una gira relámpago por Suramérica, para explicarles a los Presidentes de la región los alcances del mismo.

A rajatabla, el país gana con el acuerdo capacidades de inteligencia que son cruciales en este momento. La información en tiempo real que recibirá le servirá para asestarles golpes definitivos a los grupos armados. Pero no todo es dicha. El acuerdo plantea tres problemas nada despreciables. Uno es la letra menuda de su contenido. Dos, la percepción que hay sobre la presencia gringa, y los errores de comunicación que se han cometido. Y tres, el debate geoestratégico, cuyo protagonista es Brasil como potencia emergente.

La letra menuda

Sobre el acuerdo es difícil profundizar, puesto que no se conoce el texto. Dentro de una semana se realizará en Washington la sexta ronda de conversaciones y se espera avanzar, pero no finiquitar todos los puntos de discordia que son técnicos y puntuales. Sin embargo, los temas gruesos ya están acordados. En primer lugar, que las bases no serán gringas, sino colombianas. Los comandantes serán colombianos, la seguridad sobre ellas la tendrán los colombianos y no habrá un sólo centímetro vedado para los colombianos. Esa es una diferencia con otras bases, como la de Manta, que eran realmente espacios gringos.

En segundo lugar, queda claro que no se cambiarán las reglas de juego que ya existen para el Plan Colombia. Esto es, que no se excederán los 600 militares y 800 contratistas que hay autorizados, y que éstos no participarán directamente en operaciones.

Un tercer punto es el número de bases que serán usadas. En realidad, a Estados Unidos sólo le interesa una: la de Palanquero, en Puerto Salgar, Cundinamarca. En términos estrictos, esta era la que los gringos buscaban como reemplazo de Manta, porque les permite cubrir el Pacífico, especialmente para la interdicción de avionetas y barcos del narcotráfico. De hecho, es la única para cuya adecuación ya el Congreso de Estados Unidos aprobó 42 millones de dólares -permanencia de aviones, equipos y personal militar- y la única que aparece como estratégica en los planes del Pentágono. En realidad, los gringos hubiesen preferido una base más cerca del Pacífico, como Cali. Pero allí la base aérea está en medio de la ciudad, lo cual la hacía inviable.

bases-militares-31A la vez, para Colombia el monitoreo del Pacífico es crucial. Con información de los gringos, este año se han decomisado 17 semisumergibles en las aguas del Pacífico, todos llenos de cocaína que va rumbo a Estados Unidos, por México y Centroamérica. Sin esta información no se habría agarrado ni uno, pues Colombia no tiene la tecnología para hacer interdicción en aguas continentales, donde actúan a su anchas y con un increíble ingenio de los carteles del narcotráfico.

Entonces ¿por qué son siete? Las otras seis bases fueron solicitadas por el gobierno colombiano. En algunas de ellas -como Apiay y Larandia- porque en la práctica ya cuentan con presencia estadounidense hace rato. Otras del Ejército -como Tolemaida- y la Armada -como Cartagena- serán usadas sólo en caso de necesidad. En el fondo, muchas fueron incluidas porque las Fuerzas Armadas aspiran a recibir apoyo para mejorarlas.

Hay, sin embargo, aspectos que son críticos en el acuerdo: el tipo de operaciones que se podrá hacer desde ellas, los mecanismos para autorizarlas y el asunto de la soberanía. En el acuerdo está claramente establecido que no se permitirán operaciones sobre terceros países, aunque sí puede haberlas por fuera del territorio colombiano, esto es, en aguas internacionales.

En Colombia, la Constitución prohíbe el tránsito de tropas extranjeras y ese ha sido un criterio de manejo del acuerdo que en teoría descartaría cualquier operación hostil, aun en contexto de guerra o humanitaria que implique tropas. No obstante, se sabe que tanto los aviones Awac como los C-17 tienen alcances continentales que preocupan a los vecinos por un eventual espionaje. Pero estos aviones ya estaban en Manta y han actuado hace años en la región sin problemas.

El acuerdo contempla específicamente la lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. Es obvio que algunos de los vecinos, como Venezuela, se preocupen con esta definición, cuando acaban de ser señalados por la agencia norteamericana como santuarios del narcotráfico, y por los más influyentes periódicos de Estados Unidos -el New York Times y el Washington Post- como protectores de las Farc.

El acuerdo de las bases también es taxativo en que toda operación debe ser autorizada por ambas partes y que Colombia podrá decir que no si considera que alguna solicitud del Pentágono viola su soberanía o la ley. Pero dejar tan abierto este mecanismo genera bastante inquietud, pues las fiebres coyunturales pueden moldear a los protagonistas de cada momento. Baste recordar que hace 10 años el Plan Colombia se aprobó exclusivamente para la lucha contra las drogas, y en 2002, después del ataque del 11 de septiembre, se autorizó que sus recursos fueran usados en la lucha contrainsurgente. Algo que era impensable en el pasado.

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Finalmente, el asunto de la soberanía, en particular el de la inmunidad de los soldados gringos, es el que está sin terminar de acordar entre los dos países. Colombia logró corregir aspectos que desde el Plan Colombia son aberrantes, como la inmunidad de la que gozan los contratistas civiles. También que se le garantice que los gringos harán juicios ejemplares a sus hombres en caso de que delincan en Colombia, y que la inmunidad pueda levantarse cuando haya lugar. Estados Unidos tiene otras fórmulas. Propone que tribunales gringos puedan actuar en estas bases. Colombia la rechaza de plano porque eso sí constituiría una cesión de territorio.

En últimas, con los acuerdos fundamentales no cambia mucho lo que ha habido en el país en la última década, ni cambia mucho lo que el Pentágono hacía desde Manta. Se va hacer lo mismo que se hacía antes, pero con más recursos. ?

Cuestión de percepción

El segundo gran problema que ha habido alrededor del escándalo de las bases tiene que ver con un tema de percepción y comunicación. Percepción porque el concepto de bases que tiene el gobierno colombiano es muy distinto al que tienen los demás países de la región. Para Colombia, en estricto sentido, no es una base militar gringa en territorio colombiano, sino que se trata de una cooperación militar extranjera que utiliza bases colombianas. Para los vecinos se trata de bases militares gringas en territorio colombiano con proyección en el resto de la región, es decir, una especie de cabeza de playa del engranaje militar del imperio en Latinoamérica.

Mientras para Colombia y Estados Unidos se trata de un pacto entre amigos, que les brinda una plataforma de inteligencia crucial para luchar contra el narcotráfico y los actores armados, para los países de la región se trata de un espionaje del Tío Sam, anclado en Colombia, que vulnera la seguridad nacional de cada país. Un gesto hostil.

A esto se suma que el gobierno se equivocó en su estrategia de comunicación. Primero negó cualquier posibilidad de que hubiese bases en Colombia. Luego, cuando el acuerdo se filtró a la prensa, hizo una audiencia pública que sembró aún más dudas, porque no había documento sobre el cual discutir, y el acuerdo ni siquiera está firmado. La información ha sido inexacta y fragmentaria. Primero se dijo que eran tres bases; después, que cinco, y luego que siete. Total, el propio Presiente ha tenido que ir de país en país, para no tener que sentarse en el banquillo en una reunión como la de Unasur, donde iba a ser visto como una especie de patito feo.

La geopolítica

El último problema es el pulso de poder en la región que tiene un solo nombre: Brasil. Todo el mundo esperaba que Hugo Chávez, Evo Morales o Rafael Correa salieran con un discurso antiimperialista y que señalaran a Colombia como el aguafiestas de las corrientes progresistas del continente. Y aunque el gobierno no esperaba propiamente aplausos de Brasil, tampoco esperaba una reacción tan adversa. El canciller Celso Amorin dijo primero que las bases “crean una situación nueva”; después, que los tres lanzacohetes de Venezuela encontrados a las Farc eran insignificantes al lado del asunto de las bases, y por último, dijo con algo de ironía que “el hecho de que uno sea paranoico no quiere decir que no lo estén persiguiendo”, parafraseando el Manual del pesimista.

En realidad, Brasil esperaba que con el fin de Manta, la presencia norteamericana menguara en la región. Mientras tanto este país, considerado una potencia emergente, ha fortalecido su aparato militar sin precedentes. Busca un submarino nuclear y comprar varias decenas de cazabombarderos de última generación. Además, en 2005 el gobierno de Luiz Inacio Lula da Silva aprobó una política de defensa con ambiciones regionales, que parte de la hipótesis de proteger la Amazonía, para lo que busca construir alianzas militares en Suramérica. Las bases de Colombia son, como dijo Amorin, algo que no esperaban y que, saben muy bien, cambia el equilibrio de la región.

Ni en Brasil, ni en casi ningún país se cree que todo el despliegue de los gringos será para el conflicto interno de Colombia . Es obvio que Estados Unidos tiene intereses geopolíticos globales. Así quedó consignado en un documento del Comando de Movilidad Aérea del Pentágono de este año titulado Global en route strategy, en el que llaman la atención dos datos. El primero, que los norteamericanos quieren cambiar el modelo de bases (más de cien en todo el mundo) que desplegaron durante la Guerra Fría, y cuyo concepto es fijo e inmóvil. Ahora buscan modelos más flexibles, basados en la cooperación con los gobiernos más que en tener hombres y aparatos en tierra. Lo otro que dejan claro en este documento es que quieren monitorear las rutas que van hacia África. Textualmente, Palanquero aparece como parte de ese modelo de control de rutas de narcotráfico en Suramérica.

La palabra clave en todo esto es disuasión. Es obvio que Colombia, además de fortalecer su lucha interna, también busca disuadir a los vecinos que son laxos con las Farc para que no sigan siéndolo. El tema de la guerrilla se ha convertido en fuente de conflicto permanente con Ecuador y Venezuela. Colombia no tiene cómo hacerle frente a la carrera armamentista de Venezuela, pero sí como enviar un mensaje disuasivo con el respaldo de Estados Unidos. Al tiempo, los gringos quieren disuadir a los gobiernos que están haciendo entusiastas acuerdos militares con Rusia, Irán o China. Y Brasil, a su tiempo, cómo líder de Unasur, quiere disuadir a la inefable potencia estadounidense de no seguir tomando a América Latina como su patio trasero.

Por eso, aunque en el corto plazo, para Colombia casi nada cambia con las bases y este puede ser considerado de puertas para adentro, un escándalo chimbo, para otros países si hay un nuevo escenario. Y en el largo plazo nadie sabe cómo se configurará el rompecabezas. Lo que sí está claro es que las bases constituyen una ficha clave en todo el juego.

* Títulos de Long Island Al Dia.

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El Pablo Escobar Mexicano

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El Pablo Escobar Mexicano

Posted on 05 July 2009 by admin

Con texto de Semana.

Las autoridades de Estados Unidos ofrecen cinco millones de dólares por información sobre su paradero. La revista norteamericana Forbes lo incluyó en su reciente edición de los hombres más ricos del mundo, con una fortuna de más de 1.000 millones de dólares, y apareció en Time como uno de los personajes más influyentes de 2009. Al mismo tiempo, el presidente de Estados Unidos Barack Obama anunciaba que una de las prioridades de su gobierno sería la lucha contra el narcotráfico en la frontera con México. Todo esto tiene un nombre propio: Joaquín, el ‘Chapo’, Guzmán Loera, cabeza del poderoso cartel de Sinaloa, el capo más buscado del país azteca.

chapo

La prensa estadounidense ha sucumbido a su leyenda, tan grande, que parece opuesta a su 1,55 metros de estatura, por la cual ganó su apodo. Hace pocas semanas un periodista de Newsweek relató la crónica de su infructuoso recorrido por la Sierra Madre con un lugareño que aseguró que podía presentarle al capo de 52 años, que supuestamente se esconde en las montañas. Otro reportero, del Wall Street Journal, quiso visitar La Tuna, su pueblo de origen, donde cuentan que habría construido una especie de búnker para su mamá y una iglesia para el grupo evangélico de ésta. Sin embargo, un funcionario local le informó que el viaje no era conveniente, que el ‘Chapo’ no estaba interesado en tener publicidad. Y aunque es poco lo que a ciencia cierta se sabe de este personaje, los sinaloenses sorprenden a los extranjeros con historias que ya parecen propias de su mitología popular. “De los pies a la cabeza es bajito de estatura/ de la cabeza hasta el cielo yo le calculo su altura/ Porque es tan grande entre los grandes/ a ver quién tiene una duda”, canta un corrido dedicado a él. Dicen que Guzmán Loera es capaz de aparecerse en restaurantes de ciudades como Culiacán, Monterrey y el Distrito Federal., donde sus guardaespaldas decomisan los celulares de los comensales para que no avisen a las autoridades. Como premio por soportar ese breve secuestro, paga la cuenta de todas las mesas. También relatan que le habría cortado las manos a un ladrón como castigo por robarle el carro a una sobrina. Y que cuando un alto funcionario le envió un obsequio a una hermosa joven, que resultó siendo una de las mujeres del narco, este le fue devuelto con una nota: “Mandas otro regalo y te mato”.

“Muchos prefieren callar. La ley del silencio en esta región es más fuerte que la de la mafia siciliana y la colombiana”, explicó Luis Astorga, experto en narcotráfico de la Universidad Autónoma de México, quien es de Sinaloa. “Por eso es difícil saber qué es ficción y qué es realidad. Pero sin duda toda leyenda se construye sobre hechos verdaderos”, dice. Para el analista, un hombre capaz de escaparse de una prisión de máxima seguridad y que le ha hecho el quite a la muerte se convierte en mito y “el mito va a seguir creciendo mientras siga libre”.

Hace tres años el entonces procurador general mexicano, Daniel Cabeza de Vaca, aseguró que estuvo a punto de aprehenderlo en varias ocasiones. En una, los agentes llegaron a una casa de Durango, pero el capo se les adelantó y sólo encontraron una taza de café caliente. Hace algunos meses el arzobispo de ese estado, Héctor González, reveló en una conferencia de prensa que Guzmán vivía en un rancho en las afueras de la localidad de Guanaceví. “Todo el mundo lo sabe, menos las autoridades”, advirtió. Dos días después aparecieron en el lugar los cuerpos de dos agentes federales, uno sin ojos, el otro sin pies ni manos. “Nadie, ni el gobierno, ni los curas pueden derrotar al ‘Chapo’”, decía la nota que acompañaba los cadáveres.

Guzmán ha sido comparado con Pablo Escobar. Así como el jefe del cartel de Medellín, el ‘Chapo’ nació en medio de la pobreza y fue ganándose su espacio hasta llegar a ser uno de los grandes del tráfico de drogas, con una organización que ha extendido sus tentáculos a más de 50 países, y Colombia sería su principal proveedor. Al igual que Escobar, el ‘Chapo’ ha infiltrado las instituciones y ha puesto a su servicio policías, jueces y soldados. También escapó de la cárcel y ganó fama de Robin Hood en su pueblo natal.

La Tuna hace parte de Badiraguato, uno de los municipios más pobres del país, conocido, por su ubicación, como la puerta del “triángulo de oro”, una intersección montañosa entre los estados de Sinaloa, Durango y Chihuahua, donde los cultivos ilícitos son tradición. En ese panorama de calles polvorientas y chozas sobresalen impactantes mausoleos de estilo griego construidos por los capos para enterrar a sus familiares. El acceso no es fácil y, según Astorga, sus habitantes rechazan la presencia del Estado, que es de todos modos muy débil, porque la asocian con la represión por el tema de la droga. No es difícil que en ese contexto Guzmán se haya convertido en un héroe benefactor.

Su mentor en el negocio fue Miguel Félix Gallardo, apodado el ‘Padrino’, quien manejaba el cartel del Pacífico. El ‘Chapo’, quien escasamente completó tercero de primaria, comenzó como uno de sus lugartenientes, pero cuando el jefe fue capturado en 1989, la organización se dividió y empezaron las sangrientas luchas que han causado miles de muertes, entre viejos socios, por el control del territorio. Como dice el dicho: “Muerto el rey, viva el rey”, y siempre se ha sabido que gana el trono quien mejor controle la frontera con Estados Unidos. Para lograrlo, Guzmán se convirtió en pionero de la construcción de túneles subterráneos entre ambos países. Además escondía la cocaína en muñecas, envases de jalapeños y extintores. En ese entonces, sus archienemigos eran los Arellano del cartel de Tijuana.Si dicen que el ‘Chapo’ tiene las siete vidas del gato es porque en una oportunidad estos vaciaron sus AK-47 contra el carro que él conducía, y salió ileso. Y a que durante una balacera en una discoteca de Puerto Vallarta se les escabulló por el conducto del aire acondicionado. En 1993 fueron acribilladas en el parqueadero del aeropuerto de Guadalajara siete personas, entre ellas el cardenal Juan Jesús Posadas, lo cual causó mucho revuelo en el país. Las balas iban dirigidas al ‘Chapo’.

Con pasaporte falso se refugió en Guatemala, pero fue capturado y condenado a 20 años de cárcel. En el penal de máxima seguridad de Puente Grande, Jalisco, el ‘Chapo’ empezó a hacer más grande su leyenda. A punta de sobornos ganó el control del lugar: varios guardias estaban a su servicio y creó un grupo llamado los ‘Bateadores’, que daban paliza a quien no cooperara. Organizaba fiestas, desde su celular manejaba sus negocios, recibía viagra, bebidas alcohólicas y hasta escogía el menú. Era visitado por mujeres a horas prohibidas, incluidas trabajadoras del lugar que se prostituyeron, y violó a una que se negó a cumplir sus deseos. Con esa red de confianza, cuando veía venir su extradición, orquestó el más espectacular de sus escapes: el 19 de enero de 2001 un empleado de la cárcel lo sacó en un carro de ropa sucia.

Aunque sus rivales le han matado a su hermano Arturo, quien estaba preso, y a uno de sus cuatro hijos, Édgar, de 22 años, él sigue en sus andanzas. Todo indica que cambió de apariencia, pues unas cámaras de seguridad lo habrían captado mientras paseaba en moto por Durango, con el pelo rojizo y sin arrugas. A mediados de 2007, en un remoto poblado de ese estado, se casó por tercera vez, con Emma Coronel, de 18 años, coronada reina de la Gran Feria del Café y la Guayaba ese año. A la boda habrían asistido autoridades locales y dicen que por su seguridad había 200 cuatrimotos patrullando la zona. “El Ejército casi tiene que pedir permiso para entrar a esa región, donde muchos son ojos y oídos de Guzmán”, concluye el periodista mexicano Ricardo Ravelo, autor de Los capos. Así las cosas, las autoridades siguen luchando para cambiar el final de un corrido de los Tucanes de Tijuana: “El chapo con su poder/ a grandes jefes compró/ por eso en todo el país/ la ley nunca lo encontró/ su gente sigue operando/ así lo ordena el señor”.

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