
Suffolk Marzo 30 2010
Compañera Margarita Espada
Directora del Teatro Experimental Yerbabruja
Apreciada amiga:
Después de escribir sobre tu obra en www.Lialdia.com y palpar tu enteresa y dedicación por convertir a la obra teatral ¿ Que mató a Marcelo Lucero?, en un foro de discución abierto sobre temática tan controversial como son las discriminaciones que sufren muchos de nuestros hermanos hispanos y que llegaron a su expresión intolerable con la muerte de Lucero, decidí ir a ver la obra en The Suffolk Comnunity College, en donde iniciaste tu temporada de primavera.
Ahora y después de presenciarla estoy más convencido, que no sirve de nada la discución de café o escribir ríos de letras, en disertaciones académicas y quien lo dijera con algún sabor político, si no estamos plenamente sensibilizados sobre sobre el tema y tu puesta en escena, logra largamente ese objetivo.
De inmediato, quienes estamos en la sala notamos que la idea de la obra es romper con los moldes establecidos y se descubren de manera sencilla tres ejes fundamentales;texto, espacio y manejo del público, que convierten la presentación en un montaje innovador que no requiere una gran escenografía y que hace énfasis en la gestualidad y no en la palabra, para crear experiencias más reales en el público.Esas experiencias dejan de lado el teatro anecdótico para crear conciencia crítica, en forma más directa, sobre nuestro papel en la sociedad.
Si bien estoy sumido como periodista en los entrecijos del dolor de ver a muchos de nuestros hermanos en medio de manifestaciones de odio que ha cobrado vidas, como el caso de Marcelo Lucero, no pude menos que sentir en lo mas íntimo de mi ser la crueldad y lo absurdo de la discriminación y la intolerancia, que me hizo palpar la experiencia de un acto que no se puede repetir nuevamente.
Y es que no es fácil hacer un montaje experimental que conserve una lógica artística y tenga lenguaje atrayente. Se nota la mano talentosa y la experiencia acumulada en tu tránsito por el mundo, cuando la dirección logra que los actores expresen un punto intermedio para experimentar lenguajes y ser accesibles a la gente. Frases secillas, pero de gran contenido, de gran impacto.” Es que uno a todo se acostumbra”, dice Oby uno de los actores, para ejemplarizar que las acciones discriminatorias tienen el peligro de convertirse en un aspecto normal, cuando son repetitivas y humanamente inaceptables. Pero esa frase expresada casi que como un susurro resuena duramente como una necesidad de liberar emociones de las que no se es a menudo consciente.
La música, el lamento de Flor, llegan hasta lo mas hondo.
La obra transcurre en su proceso creativo sin llegar a un final específico. El montaje mezcla comedia, tragedia y melodrama. Algunas risas se nos escapan durante el desarrollo de la misma, en una muestra de la sencillez del tema, tal vez cómplice silenciosa de sentimientos reprimidos o de pecados inconfesables. Acaso yo mismo no me pregunté si lo que mató a Marcelo Lucero… ¿no fue acaso un poco de indiferencia?
En ocaciones decimos cosas que no entendemos, pero eso no importa porque lo que me generó la obra fue un estado de ánimo que me permite enfrentar la angustia y la impaciencia de ver una situación atentatoria contra los mínimos derechos de las personas y de otras los portadores de la intolerancia, al igual sumidos en la misma tragedia, víctimas también de su dolorosa ignorancia.
En la discución final, con los expertos dialogando con el público, Yerbabruja se arriesga, tiene en cuenta a los espectadores, con ello trata de decir algo distinto, sin que suenen las mismas palabras recitadas como salidas de un añejo formato.
“Tenemos que luchar para obtener de los demás el trato que deseamos darle a nuestros semejantes, reconocer nuestra cultura y sumarla a la cultura del país que escogimos como nuestra casa actual, mantener vigentes los derechos humanos de todos, ser tolerantes antes que tolerados, convivir, tratar de vivir en paz, mereciéndo y dando respeto”, son algunas de las manifestaciones de los espectadores, convertidos en actores principales de la obra por gracia del diálogo participativo.
Asistí a la obra con mi familia, en la que 2 adolecentes que van a la escuela, habían escuchado a su padre hablar sobre las notas que durante estos últimos tiempos han ocupado parte de su quehacer periodístico. Cuando mi hijo menor al salir me dijo, ” es una tragedia lo que pasó a Marcelo y saber que si no cambiamos la situación, cualquier día otro será Marcelo y otros jovenes irán a la cárcel”. Allí entendí del gran esfuerzo de Margarita Espada y su teatro Yerbabruja, para colocar el arte al servicio del cambio social. Mi hijo solo tiene 11 años.
Tenemos que ver esa obra. Por desgracia ejemplariza lo que es ” El pan nuestro de cada día “, en nuestro condado y en muchas regiones de EE.UU.
Pero como tú dices, cuando vigorosamente irrumpes en escena, antes de comenzar la participación del público, tenemos que decir: BASTA YA DE ODIOS.. BASTA YA.
Un abrazo:
Jesús Ríos
Editor
Long Island Al Día
Padre de familia que reside en Brentwood
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Lialdia.com ¿ Que mató a Marcelo Lucero?