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Ahora que por fin se pueden ver en muchas zonas de Puerto Príncipe colas bien organizadas de gente recibiendo agua y comida; ahora que el gobierno ha anunciado que los que se han quedado sin casa ascienden a un millón, los heridos son cerca de 200.000 y los muertos más de 200.000…, ahora mismo siguen muriendo en Haití mujeres a causa del terremoto.
Pero ya no engrosarán ninguna estadística. Morirán en silencio, muchas de ellas en su casa, sin asistencia médica ni fotógrafos alrededor.
Un estudio del Banco Interamericano de Desarrollo en Haití publicado en 2006, indicaba que un tercio de las mujeres del país habían sufrido violencia física o sexual. Y que la mitad de ellas eran menores de 18 años.
Las violaciones eran un problema grave en Haití antes del terremoto y solían usarse como arma política durante las revueltas, pero ahora los enormes campamentos de damnificados son un lugar de peligro constante para mujeres, adolescentes e incluso niñas de 2 años.
Las noticias de casos de violaciones, abuso a mujeres, niños y niñas, trata y comercio sexual se han multiplicado en los últimos tiempos. Hasta las Naciones Unidas debieron reconocer que sus tropas de paz han violado los derechos de mujeres y niñas. En los últimos dos años 189 soldados, policías y empleados civiles fueron sancionados por estos delitos. En los primeros 10 meses de 2006, el 63 por ciento de las conductas reprochables de las tropas, están relacionadas con agresiones sexuales. Así ocurrió, por citar solo dos ejemplos, con la niña de 11 años abusada por soldados frente al palacio presidencial, o con el varón menor de 14 años, violado en una base naval de la ONU.
Ahora sin electricidad ni seguridad los campamentos que sirven de refugio a los danmificados se convierten en sitios peligrosos justo al anochecer. Los ataques sexuales ocurren a diario en los más grandes, pero la mayoría nunca son denunciados debido al temor de las víctimas a ser señaladas por la sociedad y a las represalias de los atacantes, según trabajadores asistenciales.
Cientos de violaciones de mujeres y niñas se han registrado en Haití desde el devastador terremoto del 12 de enero, a tal grado que muchas han tenido que hacerse de armas improvisadas como cuchillos o machetes, mientras otras más se hallan desesperadas en busca de pantalones de mezclilla como forma de protección o acuden a campamentos exclusivos para mujeres.
Además, el nivel de impunidad de los violadores es tal que el intercambio de sexo por comida es común en los campamentos, según un informe emitido el martes por el Instituto Interuniversitario de Investigación y Desarrolo en Haití. “En especial las jóvenes deben negociar sexualmente para obtener albergue y poder comer”, según el informe.
En uno de los campamentos hay unos 47.000 refugiados en lo que solía ser el centro deportivo de un barrio que siempre fue peligroso, pero también hay varios presos prófugos, incluyendo un hombre acusado de un notorio asesinato, dijo Fritznel Pierre, un defensor por los derechos humanos que vive en el campamento donde se han reportado cuatro violaciones en pandilla.
“Para mí es completamente extraño que en este campamento, que todos saben es inseguro, les tomara tres semanas para que viniera una patrulla”, dijo Liesl Gerntholtz, director ejecutivo de la división por los derechos de la mujer de la organización Human Rights Watch. “No se puede pedir que las patrullas estén en los campamentos todo el tiempo, pero creo que pueden identificar los lugares más peligrosos y tratar de dar seguridad”.
Pierre se quejó de que las patrullas de la ONU no son efectivas. “Sólo pasan por las calles que cubren una pequeña porción del campamento, nunca salen de sus autos”, afirmó.
En el barrio Petionville una víctima de violación de 7 años era atendida el lunes en el hospital de un campamento establecido en un campo de golf. Otra víctima de 2 años fue atacada en el mismo campamento dos semanas antes.
La víctima más pequeña toma antibióticos por una infección en la boca provocada por gonorrea, según Alison Thompson, coordinadora médica voluntaria para un grupo de asistencia en Haití creado por el actor estadounidense Sean Penn. Thompson ayudó a atender a ambas víctimas.
El grupo las llevó ante abogados estadounidenses voluntarios que llegaron a Puerto Príncipe hace una semana con el fin de identificar a personas que podrían obtener un permiso humanitario para vivir en Estados Unidos.
“He estado aquí cinco días y he hablado con 30 supervivientes de violaciones, incluyendo más de 10 menores de 18 años. Sus historias son horribles. Sería terrible contarlo”, dijo la abogada Jayne Fleming de San Francisco.