
El mejor antídoto para la incipiente recuperación económica sería la aprobación de una reforma migratoria integral.
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En un amplio análisis realizado por María Peña para EFE el lunes 2 de diciembre se hace éfasis que el mejor antídoto para la incipiente recuperación económica en Estados Unidos sería la aprobación de una reforma migratoria integral, no la continua guerra de desgaste contra los indocumentados y que el presidente Barack Obama, y los demócratas del Congreso se juegan el continuo respaldo de los votantes latinos, para quienes la reforma es un tema prioritario.
Se enfatiza que a falta de una reforma migratoria, el Gobierno de Washington continua el encarcelamiento de extranjeros con infracciones migratorias, redadas y más presiones contra empresas que contratan a inmigrantes “sin papeles”.
Las auditorías de las autoridades de Inmigración contra las empresas le han restado drama y atención mediática a las redadas, pero han ocasionado el despido de miles de extranjeros en empresas como American Apparel, en Los Ángeles (California), o en Minesota.
Pero una encuesta nacional divulgada el lunes, realizada por Impremedia, Latino Decisions y la Fundación Robert Wood Johnson, indicó que el 84 por ciento de los votantes latinos considera importante que la reforma migratoria sea aprobada antes de los comicios legislativos de noviembre de 2010.
En total, la reforma de salud, la recuperación económica, y la reforma migratoria, en ese orden, fueron los asuntos más apremiantes de los encuestados.
Eso demuestra que la reforma migratoria es una tarea impostergable, por muy espinoso que sea el tema y pese a la oposición de grupos ultraconservadores que se dedican al discurso anti sin proponer soluciones viables por lo realistas.
El riesgo para quienes ostentan el poder es enorme: la paciencia se está agotando, los hispanos esperan que Obama y los demócratas cumplan su promesa de poner en marcha la reforma migratoria.
La encuesta del lunes lo dejó claro: si no lo hacen, un 34 por ciento de los latinos piensa votar en contra de los demócratas en 2010.
Angela Kelley, del Centro para el Progreso Estadounidense (CAP), considera que la recuperación económica de Estados Unidos dependerá en parte de una sólida fuerza laboral que, a su juicio, se produciría con una reforma migratoria.
Esa reforma ayudaría a ampliar la base impositiva, por los millones que se anexarían al grupo de los que pagan impuestos, ya que, una vez que salgan de la sombra y se incorporen de lleno a la sociedad, los indocumentados pagarían impuestos salariales, sumándo a los que ya pagan por productos de consumo.
Según la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO), por ejemplo, la fallida reforma de 2007 hubiese generado $66 mil millones entre 2007 y 2016, por concepto del pago de impuestos.
Con su crecimiento poblacional del 30 por ciento de la población para 2050, según la Oficina del Censo- los hispanos también han aumentado su influencia política y serán, de hecho, un bloque electoral clave en los comicios legislativos de 2010 y en los presidenciales de 2012.
Es un peso político que no ignora la Casa Blanca, aunque tampoco existe el momento ni el ambiente oportuno para que el Congreso le meta manos a la obra a reformar el maltrecho sistema de inmigración, el mismo que nos ha traído a la situación actual y que continuará empeorando.
Varios estudios han demostrado el impacto positivo de la inmigración y el más reciente, del Centro para Política Migratoria (IPC) desglosa los beneficios económicos en 22 estados.
En Iowa, por ejemplo, los inmigrantes latinos y asiáticos conforman un segmento clave para la economía, fuerza laboral y base impositiva de ese estado agrícola.
Según IPC, el poder adquisitivo de los latinos en Iowa totalizó $2,400 millones en 2008, mientras que el de los asiáticos fue de $1,700 millones en 2007. Los indocumentados, por su parte, pagaron entre $40 millones y $62 millones en impuestos locales y estatales en 2007.
IPC advierte en su estudio que si las autoridades deportaran a todos los indocumentados de Iowa, el estado perdería $1.400 millones por concepto de sus gastos como consumidores, otros $613 mil 400 millones en productividad económica y cerca de 8,819 puestos de empleo.
Son cifras que los detractores de la reforma migratoria deberían tomar en cuenta antes de lanzar sus consabidas acusaciones de que los inmigrantes “roban” empleo o son sanguijuelas que sólo aumentan una carga pública. Eso solo son discursos ya muy repetidos hasta el cansancio. Los políticos ya deberían decirlo sin cortapisas a sus votantes y encarar el asunto con valentía.
Reforma migratoria, salida para la recuperación económica
El mejor antídoto para la incipiente recuperación económica sería la aprobación de una reforma migratoria integral.
En un amplio análisis realizado por María Peña para EFE el lunes 2 de diciembre se hace éfasis que el mejor antídoto para la incipiente recuperación económica en Estados Unidos sería la aprobación de una reforma migratoria integral, no la continua guerra de desgaste contra los indocumentados y que el presidente Barack Obama, y los demócratas del Congreso se juegan el continuo respaldo de los votantes latinos, para quienes la reforma es un tema prioritario.
Se enfatiza que a falta de una reforma migratoria, el Gobierno de Washington continua el encarcelamiento de extranjeros con infracciones migratorias, redadas y más presiones contra empresas que contratan a inmigrantes “sin papeles”.
Las auditorías de las autoridades de Inmigración contra las empresas le han restado drama y atención mediática a las redadas, pero han ocasionado el despido de miles de extranjeros en empresas como American Apparel, en Los Ángeles (California), o en Minesota.
Pero una encuesta nacional divulgada el lunes, realizada por Impremedia, Latino Decisions y la Fundación Robert Wood Johnson, indicó que el 84 por ciento de los votantes latinos considera importante que la reforma migratoria sea aprobada antes de los comicios legislativos de noviembre de 2010.
En total, la reforma de salud, la recuperación económica, y la reforma migratoria, en ese orden, fueron los asuntos más apremiantes de los encuestados.
Eso demuestra que la reforma migratoria es una tarea impostergable, por muy espinoso que sea el tema y pese a la oposición de grupos ultraconservadores que se dedican al discurso anti sin proponer soluciones viables por lo realistas.
El riesgo para quienes ostentan el poder es enorme: la paciencia se está agotando, los hispanos esperan que Obama y los demócratas cumplan su promesa de poner en marcha la reforma migratoria.
La encuesta del lunes lo dejó claro: si no lo hacen, un 34 por ciento de los latinos piensa votar en contra de los demócratas en 2010.
Angela Kelley, del Centro para el Progreso Estadounidense (CAP), considera que la recuperación económica de Estados Unidos dependerá en parte de una sólida fuerza laboral que, a su juicio, se produciría con una reforma migratoria.
Esa reforma ayudaría a ampliar la base impositiva, por los millones que se anexarían al grupo de los que pagan impuestos, ya que, una vez que salgan de la sombra y se incorporen de lleno a la sociedad, los indocumentados pagarían impuestos salariales, sumándo a los que ya pagan por productos de consumo.
Según la Oficina Presupuestaria del Congreso (CBO), por ejemplo, la fallida reforma de 2007 hubiese generado $66 mil millones entre 2007 y 2016, por concepto del pago de impuestos.
Con su crecimiento poblacional del 30 por ciento de la población para 2050, según la Oficina del Censo- los hispanos también han aumentado su influencia política y serán, de hecho, un bloque electoral clave en los comicios legislativos de 2010 y en los presidenciales de 2012.
Es un peso político que no ignora la Casa Blanca, aunque tampoco existe el momento ni el ambiente oportuno para que el Congreso le meta manos a la obra a reformar el maltrecho sistema de inmigración, el mismo que nos ha traído a la situación actual y que continuará empeorando.
Varios estudios han demostrado el impacto positivo de la inmigración y el más reciente, del Centro para Política Migratoria (IPC) desglosa los beneficios económicos en 22 estados.
En Iowa, por ejemplo, los inmigrantes latinos y asiáticos conforman un segmento clave para la economía, fuerza laboral y base impositiva de ese estado agrícola.
Según IPC, el poder adquisitivo de los latinos en Iowa totalizó $2,400 millones en 2008, mientras que el de los asiáticos fue de $1,700 millones en 2007. Los indocumentados, por su parte, pagaron entre $40 millones y $62 millones en impuestos locales y estatales en 2007.
IPC advierte en su estudio que si las autoridades deportaran a todos los indocumentados de Iowa, el estado perdería $1.400 millones por concepto de sus gastos como consumidores, otros $613 mil 400 millones en productividad económica y cerca de 8,819 puestos de empleo.
Son cifras que los detractores de la reforma migratoria deberían tomar en cuenta antes de lanzar sus consabidas acusaciones de que los inmigrantes “roban” empleo o son sanguijuelas que sólo aumentan una carga pública. Eso solo son discursos ya muy repetidos hasta el cansancio. Los políticos ya deberían decirlo sin cortapisas a sus votantes y encarar el asunto con valentía.