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Jesús Ríos- Editor
Dentro de la participación ciudadana en el campo de la vida cívica y política, los habitantes en general deben saber lo que está pasando en su condado, ciudad, en su país, en la región y en el mundo, sobre todo cuando, como ciudadanos, tienen que ejercer el derecho del sufragio en elecciones. Asimismo, aunque no se trate de elecciones, deben conocer socialmente lo que está ocurriendo en el mundo y, de esa manera, contribuir con una opinión razonablemente sensata acerca de ese acontecer.
Hay personas que en las conversaciones de grupo se limitan exclusivamente a cosas intrascendentes, que pueden ser interesantes pero no necesariamente muy útiles, ni cosa por el estilo. En esas conversaciones, sin que sea preciso profundizar sobre los temas que se tratan, se debe despertar el interés por los asuntos que tienen alguna importancia sustantiva para cada comunidad.De hecho surge mucha charlatanería, derivada de la condición de los supuestos filósofos, quienes sin entender la manera como funciona el aparato del estado, se venden con promesas vacías, sin un registro a fondo de sus aspiraciones u objetivos, con pequeños slogans llenos de grandes deseos, convertidos con ampliada en, según para ellos, verdaderas piezas de la política.
A la sociedad le conviene que sus dirigentes, y los que sin serlo tienen alguna significación en la vida colectiva, tengan conocimiento de lo que está pasando en todos los campos de la actividad humana, desde las cosas más triviales hasta las mayores, incluyendo asuntos políticos y relacionados con la seguridad pública.
Con las elecciones para realizar cambios en el aparato legislativo del país tan cerca como noviembre, aspirantes a la reelección o nuevos actores de la vida pública se aprestan a dar su mejor lucha para el cumplimiento de sus propósitos electorales.
En días pasados editorializamos que en esta nueva etapa de la vida política todo lo que se encontrara relacionado con una reforma migratoria, afectaría positiva o negativamente las aspiraciones de los postulantes y ello se hace evidente ahora más que nunca.
La comunidad hispana de Estados Unidos, sin tener aún una representación política que defienda su posición como actor social, tiene en sus votos, la clave electoral en este país, si analizamos las cifras oficiales que sustenta tal afirmación.
Su tamaño creció en 3.1 por ciento a 48 millones 400 mil personas, o sea, 15.8% de la población total, la más grande minoría en un país que es todavía más diverso, dijo la Oficina del Censo.
El nuevo dato refleja cómo las minorías continúan creciendo, ahora con el 35 por ciento de la población total.
Estas cifras son previas a las que entregará la Oficina del Censo de 2010 a fin de año, información que determinará la nueva geografía demográfica de la nación, con cuyos datos se realizará un ajuste de la representación congresional y que se distribuyan justamente más de 400 mil millones de dólares en fondos federales entre las comunidades de todos los Estados Unidos.
La población hispana de la nación aumentó en 1 millón 44 mil personas,del 2004 al 2009,lo que representa el 55 por ciento del crecimiento total en la población hispana de Estados Unidos durante 2009 y la más grande porción de este incremento, 68 por ciento, se debió a los nacimientos, no a la inmigración, la cual ha caido en algún grado en años recientes.
Por el momento, los blancos no hispanos alcanzaron 199 millones 900 mil, o sea, 65 por ciento de la población de Estados Unidos y 14 por ciento menos que su porcentaje de 2000, cuando la población blanca no hispana fue calculada en 195.5 millones.
En ese año, las minorías representaban el 17 por ciento del total de la población estadounidense y llegaban a 85.9 millones de personas. Nueve años después, las minorías incluían 208 millones de personas.
El cambio demográfico se explica por el número de nacimientos entre las minorías, sobre todo, en la comunidad hispana, que está creciendo más rápido que cualquier otra minoría.
Las tasas de crecimiento reflejan el hecho de que por cada nueve nacimientos latinos hay sólo la muerte de un hispano, mientra que la población del país se mantiene meramente justo una tasa de crecimiento de cerca de un cero por ciento.
No estar informado sobre esos asuntos, hablando en términos generales, es mantenerse al margen de la realidad y tener que sorprenderse en un momento inesperado por cosas que ocurren y que tienen antecedentes conocidos y que, sin embargo, constituyen una “novedad” para muchas personas.
El tema de la inmigración y dentro del mismo, el de la inmigración indocumentada, adquiere entonces una importancia real, que aspira a ser capitalizada por cada uno de los partidos en que se concentra el poder político de la nación.
El presidente Obama, después de conseguir el 68 por ciento de los votos de los hispanos en las elecciones del 2008, ha tenido que bregar con la oposición de los republicanos en el Senado, quienes bloquean una propuesta demócrata para una reforma migratoria y por el contrario acicatan la aprobación de leyes “draconianas” como la de Arizona contra los indocumentados, que se calculan en más de once millones.
El senador demócrata Charles Schumer coauspició la presentación de una propuesta, que incluye el despliegue de más agentes y recursos tecnológicos en la frontera sur, prohíbe la contratación de trabajadores indocumentados y abre una vía para la legalización de la población indocumentada.
A esta posición de bloqueo contra la aprobación de una reforma migratoria, los republicanos inquietos por la evolución de las cifras, desean fomentar una enmienda constitucional que permita retirar la nacionalidad a los hijos de inmigrantes, en un deseo que no es nuevo, pero se ve acentuado en los últimos meses por la polémica cada vez más virulenta en torno a los inmigrantes indocumentados, sin embargo, las encuestas realizadas por el Pew Hispanic Center revelan que el 56% de los ciudadanos estadounidenses es hostil a la idea de retirar la nacionalidad a los hijos de inmigrantes nacidos en su país.
Paralelamente, los aspirantes a elección en noviembre por el partido republicano, realizan sus campañas clamando furiosamente por leyes cada vez más excluyentes, que rayan en lo inhumano y racista, tratándo de confundir al electorado, fomentando la desconfianza hacia las promesas de la campaña de Obama, que prometía una reforma en el primer año de su gestión, la misma que no se puede realizar por la falta de votos demócratas y de algunos republicanos, esto si tenemos en cuenta que los republicanos votan todos No a cualquier intento de reforma.
Sin los votos republicanos no será posible el avance hacia un concepto mas social del estado. Lo que si podemos conseguir, es que desde el lado demócrata utilicemos las elecciones de noviembre para fortalecer el poder demócrata y poder prescindir de los votos republicanos.
Para ello, es necesario comenzar una campaña abierta, de información y conocimiento, para que el asunto de la reforma migratoria no sea un ” asunto de Washington”, y se translade a nuestro propio entorno.
Así, tenemos la obligación moral de apoyar a quienes siéndo demócratas, han arriesgado su caudal político defendiéndo la causa de los hispanos, han tendido lazos de amistad con otras comunidades y han explicado al electorado anglo el surgimiento de una sociedad mas diversa.
No se trata de vociferar pidiéndo cambios por pedirlos, se trata de ayudar a hacerlos, de ser útiles, de entender nuestra realidad, de consolidar lo que tenemos y de identificar a quienes pretenden confundir.
El electorado de New York, debe dar su apoyo a quienes han demostrado compromiso con la causa hispana, así en alguna ocación no estemos identificados con el total de sus actuaciones. En long Island y en nuestros condados de igual manera, debemos respaldar a los legisladores que viven comprometidos con la causa hispana, para que Ellos y Nosotros, demos a una reforma migratoria el entorno social y los votos necesarios, que la hagan una realidad que beneficiará a la clase de sociedad que tenemos la obligación de construir, perfeccionar y defender.
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