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Presos en la tierra de la libertad

La comunidad latina aporta económicamente en aspectos comunitarios y culturales, y de manera muy efectiva, asumen los trabajos que nadie quiere, y lo hace por salarios que en condiciones legales apropiadas no acepta ningún otro individuo.

Lialdia.com  / Felipe Mendoza C/ Bay Shore/ Long Island/ NY/2/2/2018 – Aquí en la tierra de la libertad, donde los sueños se hacen realidad, donde una dama levanta la antorcha mas simbólica en la capital del mundo, viven las manos guerreras de inmigrantes hambrientos de estabilidad emocional.

No hay un Estado del país donde no haya un inmigrante, pero tampoco existe ese Estado donde sea considerado un miembro productivo para la construcción y estabilidad económica de la nación, no porque no lo sean, es simplemente por ignorancia de quienes los rechazan. Esa ignorancia que se adquiere cuando dejamos que sean otros quienes nos definen.

Libertad, es la palabra favorita y de renombre a nivel internacional cuando de mencionar este país se refiere. Sin embargo, en las calles se respira miedo, y los inmigrantes se alimentan de ansiedad.

Discursos cargados de racismo, odio e ignorancia progresiva, llevaron a los inmigrantes a buscar alternativas, unas no muy buenas y otras peores que las anteriores. Un simple llamado a la puerta, un policía en la carretera, en la estación del tren o en las calles, son la explosión de miedo absoluto para seres humanos que quizás nunca han cometido un crimen.

Tanto usted como yo conocemos el trabajo de un latino, el ahínco para lograr los sueños y la constancia que imprime en el proceso. Pero ¿por qué hablo de latinos, si no somos los únicos inmigrantes? Hablo de latinos, por qué nos hacen ver como la podredumbre del continente, olvidando el aporte que muchos de nuestros países han hecho a esta Nación.

¡Pero de ese aporte hablaremos en otra oportunidad!

Los latinos, no solo enfrentan el odio y desprecio de la cabeza política de los Estados Unidos. Si no, el acoso psicológico trazado por una persecución enfermiza que hoy por hoy deja a la deriva los derechos de cada  inmigrante. Arrasan con la tranquilidad de las familias y lo separan sin sentir la menor culpa, olvidando que muchos de los deportados están dejando a sus hijos menores de edad al cuidado de terceros.

Los crímenes de odio son más frecuente de lo que los mismos medios pueden informar, y esa violación de los Derechos Humanos no solo afecta a la persona que han sido víctima de un inconsciente acosador, pues los hechos, generan temor entre aquellos que no han experimentado situaciones similares, manteniendo de esta manera en un constante estado de excitación, lo que lleva a la ausencia de calma.

El problema migratorio y los constantes desequilibrios de opinión entre quienes regulan, o intentan establecer alivio para los indocumentados, son el letargo que rota entre los escritorios de los dirigentes,  mientras que llega a las manos apropiadas. No podemos tener miedo, no somos el pueblo que unos pocos quieren ver y promover gracias a sus acaudalados bolsillos.

Agredir, no puede ser la solución de los inmigrantes, tomar acciones erróneas tampoco puede ser la salida, y menos cuando se trate de resolver un estatus migratorio. Vale la pena recordar que aunque nos creemos astutos a un nivel superior, siempre hay alguien que sabe más.

La comunidad latina aporta económicamente en aspectos comunitarios y culturales, y de manera muy efectiva, asumen los trabajos que nadie quiere, y lo hace por salarios que en condiciones legales apropiadas no acepta ningún otro individuo. Sumado a ello, la explotación laboral de personas sin escrúpulos y tan frías como el clima de invierno, quienes se aprovechan de los inmigrantes desde la salida del sol, hasta que este vuelve a salir.

Es bien conocido, que para algunos Estadounidenses, la migración latina es considerada una amenaza contra su raza “pura” pero, no podemos negar que lejos de los Agentes de Migración y la constante agitación racista de quien se divierte cazando inmigrantes, encontramos otro panorama turbio.

Este aspecto silencioso, que por cierto también tiene una fuerte dosis de odio, lo tenemos dentro de la misma comunidad, Comunidad que en la actualidad se siente agobiada por una conducta que también posee.

Paradójicamente, no hay que ir tan lejos para encontrar casos de racismo, acoso y odio hacia personas de la misma raza, discriminando por el color de piel, por el basto o poco conocimiento de un idioma distinto al materno, por sus estudios, o por la facilidad para interactuar con otros.

Dependiendo el país de origen cada individuo goza de una estructura ética y moral, que al final, sin importar la nacionalidad, la terminan usando como la ley del más vivo; pasar por encima del débil y obtener beneficios de su víctima.

-¿Ahora pueden ver lo que está pasando?

Unos párrafos atrás,  éramos las víctimas, y de repente somos los victimarios y peor aun, somos el verdugo de personas de nuestros mismos países, personas que tienen un tono de piel muy semejante al nuestro. Incluso, pueden ser más blancas que nosotros y… !hasta con los ojos claros! Simplemente somos la suma, de la cual el resultado no nos gusta saber.

El tiempo para algunos inmigrantes ha pasado rápido, aprenden el idioma, fluyen por la ciudad como corriente de río, cambian el color del cabello, enredan su lengua materna para parecer más interesante, se rehúsan a recordar su origen y en lo posible se esfuerzan para que su hijo no aprenda español. Pero, cuando ven un policía tienen la misma reacción del emigrante que acaba de llegar.

Lo cierto es que este es el país de la libertad, y podemos conservar la esperanza que cese el odio y las persecuciones. y mientras la bandera sigue ondeando libre, en la dirección que sopla el viento, ni un solo inmigrante dejara de trabajar para idealizar sus objetivos.

Felipe Mendoza C.

Comunicador social, periodista

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Comments (1)

  • Llrena otálvaro

    Buenos días.En cuanto al tema de la inmigrantes,hay que buscar soluciomes para ambos lados no mirar hacia un solo lado.Como esta psando en estos momentos en los Estados Unidos.La verdad es que ser inmigrante es dificil y sobre todo cuando hay discurso sin contexyo y y no de unión es bastante dificil. Que buen artículo este sobre el cobtexto de los que es “ser inmigrante”. En el país de la livertad.

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