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Crónicas / Bajo el sol y el agua

Tanto usted que llegó en avión y se quedó sin estatus legal, como el que entró caminando de manera ilegal, lo hicieron persiguiendo un sueño. Así que sea amable, no olvide que también es un inmigrante.

Lialdia.com / Felipe Mendoza C./Bay Shore/ Long Island/ NY/ 2/7/2018 – Los protagonistas de esta historia son unos osados, Cuando los conocí y les hablé de mis planes con ellos, se apresuraron en decir que no pensaban contar su vida a un periodista. Aun así, he logrado obtener lo siguiente de ellos. Por supuesto, no solo es la historia de estos hombres, es la de miles de personas que se desplazan por el mundo en busca de oportunidades.

Un lunes de 1999, cuando coqueteaban los  primeros rayos del sol con las nubes  mañaneras, una familia se despide en medio de nostalgia mientras ven partir a los dos hombres de la casa. Ricardo y Francisco deciden comenzar una épica aventura, acompañados de la muerte y atrás queda el país que los vio nacer, su amado Ecuador.

Tan solo unos minutos después, los dos caminantes ya no son visibles y por instantes, ellos en la distancia percibían la silueta débil de sus familiares, quienes seguro seguían llorando la inverosímil partida.

—A usted le puede parecer una idea loca — dijo Ricardo, mientras me miraba y se disponía a seguir contando su historia.

En territorio colombiano, donde se interrumpe la carretera Panamericana, ellos se encuentran con otro grupo de personas realizando el mismo recorrido. Les espera una región selvática de aproximados 150 kilómetros de longitud, entre Colombia y Panamá, es territorio agresivo, donde perder la vida es un plato a la carta.

Haber llegado hasta ese punto les tomó varios días, y el cansancio se hacía notorio. Antes de un nuevo amanecer se encuentran abordo de una lancha, navegando el río Atrato. Cuando ya no es posible continuar por agua, entra en escena la caminata hacia el interior de la selva. Los pantanos embellecen la vida silvestre, sin embargo, las condiciones geográficas no favorecen al grupo, quien se ve expuesto a la malaria, el dengue, la fiebre amarilla, las serpientes y los traficantes.

La lluvia arrecia, haciendo más lento el avance entre el angosto y pésimo camino. El Darién es una de las zonas del mundo donde más llueve y estos inmigrantes se encuentran recorriendo sus tierras en la época de mayor precipitación.

Las corrientes de agua por todas partes, dejan al descubierto los cuerpos humanos mal enterrados, algunos con muestras de un avanzado deterioro. Pero, no solo el agua expone los despojos humanos sin vida. Estaban pisando lo que parecía un cementerio en el olvido y acogido por el canto de las aves, el susurro de los vientos y el agua del Darién.

—No sé en qué momento decidí hacer este viaje — dijo Ana, una boliviana. Mientras daba unos pasos en reversa aterrada por lo que estaba viendo.

—Para ellos fue mala suerte — respondió el líder del grupo, mientras continúa apresurando. El hombre pasaba con frecuencias grupos a través de la densa selva por lo que las distintas condiciones del terreno o climáticas no le afectan.

Al llegar a la frontera con Panamá, deben continuar solos hasta encontrar su nueva cabeza de grupo y aún faltan otras 6 fronteras antes de tocar tierra Norte Americana. Se les ha indicado un punto de encuentro, donde pueden limpiar sus maltratados y deshidratados cuerpos, y a demás descansar por dos días. El factor económico para estos dos hermanos empieza a preocupar, pues todo se tienen que pagar y los cobros no son justos. Si alguien se queda sin dinero, su recorrido puede terminar en ese mismo lugar.

En Guatemala el grupo es detenido por las autoridades competentes, Ricardo y su hermano son privados de la libertad durante 6 meses, y de sus compañeros no se vuelve a saber nada. Posterior, fueron enviados a Nicaragua sin explicación alguna y dejados en libertad. Allí trabajaron durante 4 meses más y nuevamente inician el recorrido, esperando no ser capturados en Guatemala. El nuevo grupo al que se unen, cuenta con una variedad cultural, dos aventureros viajan desde Nepal, un Boliviano, un Ecuatoriano, una Colombiana y su hija de 11 años.

Ya en México son asaltados por un coyote, quien los deja sin sus pocas pertenencias y los abandona, no sin antes intentar matarlos mientras cruzaban el río grande, los disparos no se hacen esperar, las balas impactan la niña y uno de los hombres de Nepal, la mujer colombiana se aferra al cuerpo de su hija que agoniza, mientras los disparos siguen sonando; el Boliviano increpa de manera heroica y sin resultados satisfactorios a uno de los coyotes quien le dispara en la cabeza.

La luna no era visible por las espesas nubes de aquella noche, Ricardo y su hermano se dejan arrastrar por la corriente de agua y metros más abajo cuando se sienten seguros nadan a la orilla donde esperan inmóviles hasta que amanece, saben que los disparos alertaron las patrullas migratorias de la zona por lo que intentar avanzar es un riesgo.

Por segunda vez el destino de sus compañeros es incierto y solo pueden especular sobre los acontecimientos. El frío en el desierto se torna ineludible y el aire sobre las doce meridiano es muy denso. Pero, ya estaban ahí, y no había nada que hacer; solo levantarse y continuar mientras la ansiedad se prolonga cada vez más.

La ruta desde el inicio les mostró lo cruel que es. Entre la arena encuentran una pierna humana y no muy lejos, los cuerpos amontonados de 3 niñas no mayores a 12 años. Unos metros más adelante se localiza lo que parece un campamento de paso, colillas de cigarrillo, el carbón de una hoguera, algunas botellas de agua vacia y la trinchera entre las paredes arenosas del caño. No es seguro permanecer en el lugar, pero el cansancio y la falta de agua los obliga a descansar, en lo que hasta ahora parece ser su lugar de regocijo terrenal o el campo santo para sus desgastados cuerpos.

Al siguiente día caminan hasta llegar a una carretera donde se sientan a esperar cuidadosamente y el conductor de un camión finalmente los adentra en los Estados Unidos. Francisco fue internado en 2008 en una clínica psiquiátrica por un delirio de persecución que le dejó su travesía a la tierra de los sueños. Ricardo resolvió el estatus migratorio y aún no ha regresado a su tierra.

“Los nombres de los personajes han sido cambiados para proteger la identidad de los protagonistas” por lo que la persona de la historia puede ser su vecino. Tanto usted que llegó en avión y se quedó sin estatus legal, como el que entró caminando de manera ilegal, lo hicieron persiguiendo un sueño. Así que sea amable, no olvide que también es un inmigrante.

Felipe Mendoza C.

Comunicador social, Periodista 

Del grupo de editores

 

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