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SOÑAR, CREER, AMAR

 Traer 20 niños de Sincé se convirtió en un proyecto colectivo; que implicaba, entre otras misiones, obtener los recursos para los tiquetes de avión, hospedaje, lugar de ensayos y toda la logística…

Lialdia.com / *Martha Liliana Polanía Perdomo/ Bogotá / Colombia / 1/15/2018 –  Miro el reloj, son las 11:25 de la mañana. Hemos llegado a tiempo al aeropuerto, caminamos hacia la puerta de llegada de vuelos nacionales, desde las escaleras eléctricas vemos a los lejos a Consti con Ezequiel. Las sonrisas se cruzan a manera de saludo.

Poco a poco frente a la puerta nos vamos reuniendo los demás padres adoptivos de los niños que llegan de Sincé.  Manuel nos saluda con la amabilidad de siempre y su afectuoso abrazo. El vuelo está retrasado, llega una hora más tarde. El aterrizaje de los niños que han tomado el avión desde Corozal, se programa en las pantallas que anuncian la llegada de vuelos, para la 1:30 pm.

La espera se vuelve una fiesta de emoción y expectativa. Es la primera vez que vamos a ser padres y hermanos adoptivos.  Los niños de la Escuela de Formación Musical, llegan con bombas y una enorme pancarta con la que dan la bienvenida a sus pares costeños. Fotos, historias y risas, se mezclan en un bullicio que se extiende por toda esta zona del aeropuerto. Rodolfo, cuenta la historia de su hija Irene;  su hermano adoptivo se llama Jesús, ella con sus cinco años de  inocencia, pregunta si es Jesús con alitas… y que, si no es Jesús con alitas, no quiere recibirlo.

Finalmente el vuelo aterriza. Los niños son recibidos con aplausos y con la pancarta de bienvenida en alto. Manuel presenta a cada niño con su familia adoptiva. Finalmente estamos todos juntos. Irene con una sonrisa pícara recibe a Jesús, sin alitas.

Mariana, nuestra hija violinista, llega cansada. Para la mayoría de los niños es una sorpresa todo lo que experimentan. Es su primer viaje en avión y también es la primera vez que visitan Bogotá, que, como buena anfitriona, los recibe con un fuerte aguacero, calles inundadas y su caótico tráfico.

Meses atrás, Rodolfo, compositor corozalero, profesor  de solfeo y ensamble de la Escuela de Formación Musical, había viajado al municipio de  Sincé en el departamento de Sucre, para visitar el proyecto musical de In Crescendo. Manuel, su fundador y corazón, lo presenta como un proyecto social que les ofrece al los niños de Sincé, una  oportunidad de cambiar sus vidas por medio de la música.El tiempo ha demostrado que este generoso ser humano tiene razón. Varios de sus alumnos  hoy están estudiando música y gracias a su visón y amor por la gente de su tierra,tienen un proyecto de vida diferente al de muchos niños de la costa.

Rodolfo y Manuel son hombres soñadores. Hacer un concierto en Bogotá uniendo las dos escuelas de música, comenzó como una idea un poco loca, como un sueño que podía convertirse en una maravillosa y enriquecedora experiencia, no solo musical, sino personal y social.  Cuando la loca idea le fue propuesta a  Consti, como todos llamamos a la directora y alma de la Escuela de Formación Musical. Ella la recibió con alegría y emoción.  El sueño, había cogido vuelo.

Traer 20 niños de Sincé se convirtió en un proyecto colectivo; que implicaba, entre otras misiones, obtener los recursos para los tiquetes de avión, hospedaje, lugar de ensayos y toda la logística necesaria para hacer el concierto de fin de semestre y de cierre de año con las dos escuelas.

Donaciones de personas que nos vinculamos emocionalmente con el proyecto, venta de brownies, galletas, libretas diseñadas con amor, fueron algunos de los medios que permitieron reunir el dinero suficiente para los gastos de viaje y seguros médicos de todos los niños de Sincé. El hospedaje; con las familias que durante doce días compartiríamos hogares con nuestros hijos y hermanos adoptivos.

Los ensayos para la obra “Los Sabores de la quinta”, un des-arreglo, según el compositor Rodolfo Badel, de dos obras que acompañaron sus años de infancia en Corozal; los sabores del porro y la quinta sinfonía de Beethoven,  en la que tocarían los niños que conforman las orquestas de cada una de las escuelas, con la intervención de profesores de la Escuela de Formación Musical y de la banda de rock fusión Magistrado Tocineta, fueron solo una excusa para crear lazos de amistad, camaradería, fraternidad y amor. La semana previa al concierto estuvo llena de variadas emociones, de aprendizajes mutuos y de un enorme enriquecimiento personal para todos los que tuvimos el privilegio de hacer parte de este sueño, hecho realidad. 

Como parte de la experiencia las familias llevamos a nuestros hijos adoptivos a recorrer la Candelaria, Monserrate, algunos centros comerciales para que nuestros huéspedes se llevaran una idea de la capital de Colombia. Cada salida fue una aventura. El tour guiado por el Museo del Oro, las caminatas por las calles de la Candelaria, conocer el palacio de Nariño, la Plaza de Bolívar, las luces y decoraciones navideñas de los centros comerciales, el frio por las noches, todo hizo parte de una comunión alegre entre niños costeños y cachacos.

El cierre de todo este aprendizaje mutuo, fue el comienzo del sueño. El concierto final de año. En el  teatro del colegio de  las Bethlemitas de Bogotá, se respiraba un aire de inmensa alegría. Las intervenciones musicales de cada una de las categorías de la escuela, contaron con la participación de algunos de los niños de Sincé. Cada una fue celebrada con un sonoro y emotivo aplauso por parte del público.

El momento final, había llegado. En tarima la enorme orquesta. Cada músico e instrumento en su lugar, profesores al lado de sus alumnos, los bigotes de Magistrado Tocineta mimetizados entre los  niños; al frente, el maestro compositor de toda este locura de amor, Rodolfo Badel.

El silencio del auditorio se rompió con los primeros acordes,  las lágrimas de los espectadores comenzaron a rodar al ritmo de la música, los latidos de los corazones se acompasaron entre Beethoven y Pablito Flórez. Al terminar el último acorde, un estallido de aplausos y gritos de ¡bravo!, con el público de pie, daban respuesta al espiral de sentimientos que generó esta hermosa obra. Las sonrisas de los músicos, grandes y pequeños en tarima, solo reflejaban la satisfacción de un trabajo impecable y de entregar su enorme talento a todo el auditorio.

Los Sabores de la quinta volvió a sonar. Y el público,desbordado de emociones como si fuera la primera vez que la escuchaba, estalló de nuevo en aplausos.

*Escritora y poeta

Del grupo de editoras(es)

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