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Las mentiras del falso presidente Trump

Fiel exponente de si mismo, el presidente Trump, construyó la base de su discurso con medias verdades, falsas noticias, exageraciones, apropiaciones de la buena marcha de la economía como si ello fuera el resultado de su estilo de gobernar.

Lialdia.com / 1/31/2018 – Si Donald Trump puede exhibir un logro para destacar en el primer discurso del estado de la unión (es el segundo realmente, en el primero estaba recién posesionado), es que nadie cree en lo que dice o promete. La verdad hace tiempo fue despedida de la Casa Blanca, incluso mucho antes de llegar a la presidencia.

A golpe de twitt, promete, y a golpe de twitt revoca sin pudor, ni respeto, como si nada, sin temblarle un solo músculo de la cara, cínico recurrente, mentiroso consecuente.

Y el discurso en mención, no podía ser diferente, solo que esta vez, en su mejor versión de político en campaña, fue controlado por el telepronter en el que leyó su perorata en forma metódica, pero sin dejar de ser el lobo feroz con piel de lobo del que se ufana ser.

Fiel exponente de si mismo, el presidente Trump, construyó la base de su discurso con medias verdades, falsas noticias, exageraciones, apropiaciones de la buena marcha de la economía como si ello fuera el resultado de su estilo de gobernar. Hasta mencionó un plan de infraestructura, sin dar ninguna señal de lo que quiere hacer, solicitando una apropiación trillonaria, como un cheque en blanco en forma de ley del congreso y bipartidista para que sea la resultante de un esfuerzo unitario y patriótico según se concibe en su mente alucinante.

El marco, el circo, fue preparado para que se escucharan más los aplausos que las ideas a partir de de “la ola de optimismo que invade Estados Unidos” o de la “mano tendida a la colaboración de los dos partidos”, que sonaron a graciosas en un país bajo un presidente que favorece el supremacismo racista y una feroz división entre republicanos y demócratas. El INRI, es visible a millas en la cruz del bipartidismo, como para balbucear y jugar con la palabra unidad y presentar el patriotismo como resultado de un nuevo amanecer, guiado de la mano de Trump, como el elemento que la convoca.

Suena muy falso cuando lee un discurso plagado de incorrecciones, maldades e imprecaciones con las que suele comunicarse espontáneamente, esta vez sin sus arranques de ira, contenido por sus correctores y sin poder con la disciplina implacable del telepronter.

Con un ritmo monótono, cancino, sin emoción, solo el aplauso ceremonial como respuesta de una bancada republicana dócil, hipócrita, servil, satisfecha con la revocación de la legislación progresista de Obama, el nombramiento de jueces de extrema derecha y el recorte de impuestos para los más ricos. Muchas mentiras juntas que sirven a estos malvados intereses, las que un presidente falso, se presta para decirlas ante millones. Solo Trump es capaz de hacerlo sin pudor.

Cuando Trump habló de la unidad, no se mencionó la manifestación de supremacía blanca del pasado agosto en Charlottesville, por la cual Trump culpó a “ambas partes” después de que un neonazi tomara la vida de la manifestante Heather Heyer. (Trump luego declaró que algunos supremacistas blancos que asistieron eran “personas muy buenas”).

Mientras proclamaba su dedicación al golpe de huracán en Puerto Rico, Trump no dijo nada sobre la decisión de eliminar a FEMA de la isla que todavía estaba en aprietos, o que inicialmente apareció para saludar la crisis con una mezcla de apatía y desdén cuando el alcalde de San Juan dijo que la negación de ayuda resultaría en genocidio.

Cuando Trump reclamó honrar a los veteranos, no se mencionó a Myeshia Johnson, la viuda del sargento asesinado La David Johnson, quien lloró cuando Trump rechazó fríamente la muerte de su esposo al tratar de recordar su nombre y agregó que “sabía lo que había firmado”. Quizás Trump todavía no puede recordar el nombre del sargento

La afirmación de Trump de que no estaba interesado en usar armas nucleares a pesar de amenazar a Corea del Norte durante un año con rumores de ataques preventivos.

“Nunca hubo un tiempo mejor para vivir el sueño americano”, lanzó,  unas palabras que deben sonar como una macabra broma para los millones de inmigrantes que sufren su política migratoria. insistió en los puntos que ya dio a conocer la semana pasada al ofrecer un camino a la ciudadanía para 1.8 millones de dreamers a cambio de $25,000 millones de dólares para construir el muro en la frontera con México, reforzar la seguridad fronteriza, limitar la inmigración legal, cancelar la lotería de visas y acelerar las deportaciones, entre otras polémicas medidas.

Trump no aflojó en su discurso antiinmigratorio y volvió a pintar en el Congreso un terrible cuadro basado en la muerte de dos adolescentes hispanas en Long Island a manos de integrantes de la Mara Salvatrucha (MS13) para sugerir que la inmigración es responsable del crimen y la violencia que existe en el país.

Este discurso del  Estado de la Unión de Trump estaba destinado a calmar a la población frustrada con una falsa sensación de normalidad.

La proclamación de “igualdad y respeto” para todos los norteamericanos suena hueca e hipócrita, después de pasar 2017 atacando a ciudadanos privados, muchos de los cuales son negros, sin dejar de rendir cuentas ante el público estadounidense sobre su propia lista de escándalos que incluyen desde su propia elección y sus finanzas hasta acusaciones de conducta sexual inapropiada.

Mucho circo y show, con un maestro de ceremonias que a veces se le vió grotesco. Pero show al fin. Espero no hubiese cumplido su cometido.: todavía tendremos  Trump para rato.

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