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El mundo con los vientos a estribor

La crisis económica actual, el desempleo, y la caída de la seguridad ciudadana, ha posibilitado el resurgimiento de la derecha, que acusa a los partidos democráticos de ser los responsables de la situación actual, y a la inmigración de ser la causante.

Lialdia.com / Ricardo Ballón / Ricardo Ballón/ Bethesda, Maryland / 1/18/2018 –  La victoria del archimillonario Donald Trump a quien la ciudadanía dice detestar, pero lo eligió como su presidente, confiando en su habilidad de mercader, pese a los abruptos y torpezas en sus discursos y sus mensajes ligeros desde su pequeño teléfono celular, comienza a afianzarse en una década oscurantista opuesta a las propuestas de cambios del siglo pasado, de aquellas décadas de los 60s y 70s, en que las propuestas de un mundo mejor eran la premisa de la humanidad y la esperanza de las mayorías que sobreviven hoy en la miseria.

El pasado año 2017, la economía estadounidense creció ligeramente; hay un incremento en la generación de empleo, el mercado de valores sorprende con el aumento del 20%. Sus satisfechos electores se mimetizan con la ciudadanía descontenta de las frecuentes vulgaridades del mandatario, en muchos casos comentarios inconsistentes que desnudan su pobreza cognitiva, pero en un sistema donde el dinero es el supremo se sienten bendecidos en sus bolsillos; los recortes tributarios reafirman su fe, esa ciudadanía blanca y conservadora percibe el cambio que esperaba, que su presidente también cree que el culpable de los males de la nación es la inmigración y que los musulmanes son la religión del terror.    

Donald Trump se convierte en impredecible por la ligereza de sus comentarios. Los analistas sienten una profunda frustración al no acertar una sola predicción, dado lo versátil y liviano del discurso a la velocidad de un twitter sin dirección precisa. 

Sin embargo, aun no puso límites ni nuevos aranceles al comercio con la China, aun no hay nada claro con su propuesta de cancelar el Tratado de Libre Comercio en Norte América. Sus oponentes han escarbado por todos los rincones de las computadoras; la vinculación con Putin durante su campaña electoral se ha convertido en más bulla que problema, mientras el mandatario hace reventar bombas en el Medio Oriente y respalda la barbarie israelita en el Líbano.

El presidente Trump ha inaugurado una fiesta de empresarios al bajarles los impuestos, pese a las predicciones de que estas medidas en unos años costarán muy caro a la clase media y a la clase más pobre, nadie parece dar oídos a estas afirmaciones que se diluyen como las voces de sus opositores.

Pero el panorama sombrío no sólo es en los EE.UU; el viejo continente también muestra la misma tendencia, quizás con la diferencia de un mejor estilo de expresarla; la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea, las posiciones racistas y antiinmigrantes de los partidos de derecha que se hacen hoy actores de la contienda democrática y ganan cada vez más poder y los nacionalismos que se acentúan frente al libre comercio, que es visto como un elemento que afecta a la generación de empleo.

La izquierda europea, que por principios humanistas ha defendido la inmigración y el libre comercio, ha sido propulsora de la unificación monetaria; ante la crisis económica ha perdido su espacio político, aprovechado ahora por la derecha que la culpa de la situación del desempleo actual.  La derecha, aparte de una posición anti migratoria concreta, demuestra su rechazo a lo musulmán, coincidiendo con la posición del presidente republicano de los EE.UU.

La crisis económica actual, el desempleo, y la caída de la seguridad ciudadana, ha posibilitado el resurgimiento de la derecha, que acusa a los partidos democráticos de ser los responsables de la situación actual, y a la inmigración de ser la causante. El surgimiento de estas corrientes de nacionalismo a ultranza, rechazo al libre comercio y satanización de la inmigración, espanta, debido a las simpatías que va ganando en una población local decepcionada y desocupada.

En Austria un gobierno de extrema derecha, aliado al Partido de la Libertad, partido creado por nazis después de la derrota de la Segunda Guerra Mundial, dirige hoy a esta nación promulgando políticas anti inmigración.

En Alemania, la derecha ultra derechista y nacionalista resucita después de la Segunda Guerra Mundial y se instala en el Parlamento alemán (Bundestag), con planteamientos xenófobos e intolerancia; obtuvo un 13,2% de votación logrando 87 escaños, que la convierten en la tercera fuerza política alemana.

En Francia va creciendo la derecha tradicional; Los Republicanos (LR), con un registro de 234.908 militantes presentan a un nuevo líder para suceder a Nicolás Sarkozy, François Fillon o Jacques Chiriac; Laurent Wauquiez, de 42 años, podría ser el nuevo líder de las familias conservadoras. El presidente francés, Emmanuel Macron, centro derecha, que derrotó a la representante de ultra derecha Marine Le Pen, todo esto demuestra la marginación absoluta de la izquierda en un país protagonista de aquel Mayo del 68.

En España, los acontecimientos en Cataluña han despertado sentimientos nacionalistas aprovechados por la derecha franquista. Pese a los fracasos electorales, los sentimientos xenófobos y conservadores están latentes bajo el manto conciliador de la derecha amable del Partido Popular (PP), que se exaltan en las manifestaciones callejeras de la extrema derecha a nombre de la unidad española.  

En Grecia, el primer ministro, Alexis Tsipiras, de la coalición de izquierda, Syriza, abrió la puerta del gobierno para el ingreso de la derecha, al pactar una alianza con el partido Griegos Independientes.

En Holanda, el Partido Popular por la Democracia y la Libertad, (VVD) de Mark Rutte, de centro derecha, pese a su victoria sobre la ultra derecha, perdió ocho escaños comparados con los resultados del año 2012; mientras que el Partido de la Libertad (PVV) de Geert Wilders, subió de 15 escaños a 20 escaños, dando un susto al mundo de otro posible gobierno de ultra derecha.

Como la yerba mala, van reproduciéndose estas corrientes de derecha; en Francia, el Frente Nacional; en Italia, La Liga Norte; en Alemania, la llamada Alternativa para Alemania, son la muestra de un crecimiento sorprendente de esta corriente que se opone a la formación de comunidades de naciones, se niega al uso de una moneda común, rechaza violentamente a la migración y rechaza las creencias musulmanas, al igual que la política estadounidense bajo la presidencia de Donald Trump y el Partido Republicano.

La salida de Inglaterra de la Comunidad Económica Europea, denominada Brexit, más allá de la crisis económica, fue capitalizada por las corrientes derechistas en el aspecto cultural y social, acusando a los inmigrantes de ser los causantes de todos sus males, de quitar los puestos de trabajo a los británicos, de que los extranjeros eran los protagonistas de la criminalidad y lo peor de todo es que son los causantes de romper la esencia de nación del Reino Unido. Arguyendo que como ingleses no son los responsables de las crisis económicas de otras naciones y negándose a recibir refugiados de otras partes como del Medio Oriente, de África o de la misma Europa Oriental.

Estos vientos de estribor también golpean a Latinoamérica, donde partidos populistas, a nombre de la “izquierda”, llegaron al poder a través del voto popular y luego de un auge pasajero comenzaron a mostrar más de lo mismo, y para colmo, posibilitar el retorno de la vieja derecha.

Una extraña epidemia de cáncer acabó con varios presidentes del llamado “eje del mal”, y luego los gobiernos populistas recayeron en esa enfermedad crónica, llamada corrupción, matando los sueños de cambio que se habían impuesto a las dictaduras militares y a las políticas impuestas por organismos internacionales foráneos.

La muerte de Castro y Chávez dejaron sin liderazgo al ALBA, más las inconsecuencias y corrupción en que cayeron los gobiernos de centro izquierda o los llamados populistas del Siglo XXI, hace que se desmorone su supuesto proyecto antiimperialista, descolonizador  y contra hegemónico, que contaba con el apoyo de las masas empobrecidas.

Uno de los primeros traspiés fue el gobierno del ex sacerdote tercermundista, Fernando Lugo, a quien los medios lograron desprestigiarlo a través de sus intimidades sentimentales y que fue afectado con la enfermedad del cáncer.  Hoy gobierna un empresario del Partido Colorado, partido que gobernó casi 61 años incluyendo la dictadura del militar Stroessner, Horacio Cartes, un poderoso empresario dueño de un conglomerado de empresas.

En Argentina, luego de 12 años de gobierno, de la pareja peronista, Kirchner, muere el presidente Néstor Kirchner y se hace de la presidencia su esposa. Pero ante los desatinos en función de gobierno y una crisis generalizada, un empresario millonario asume la presidencia, Mauricio Macri, hombre público a través de la presidencia de un equipo de futbol, llega a ser alcalde de la ciudad de Buenos Aires, y hoy es el presidente de Argentina.

En Brasil, la presidente, Dilma Rousseff, acusada de corrupción es sustituida por el Vicepresidente, Michel Temer, un negociador político de poca visibilidad, que participó en el gobierno militar que dio golpe de Estado en 1964, conocido por su oscuro manejo de influencias, que deja la puerta abierta a las elecciones que deberán realizarse este 2018.

Colombia con una derecha oscilante, entre el Presidente, Juan Manuel Santos y su promotor, hoy su rival, Álvaro Uribe, que logró un gran avance en la seguridad ciudadana, y el gobierno de Santos que logró un histórico acuerdo de paz después de medio siglo de confrontación armada. El país no ha logrado librarse del fantasma del narcotráfico, que ha convertido en un mal endémico y esto empaña un posible rumbo que pueda tomar esta nación latinoamericana. Son muchos los factores que confluyen en la incertidumbre de su futuro. La implementación de los acuerdos de paz será el factor, donde los partidos que quieran asumir el gobierno, tendrán que mostrar una posición clara, en medio de una desconfianza en los medios de comunicación pública, un escepticismo en la política y sobre todo el agotamiento de tanta violencia acumulada.

Perú también afectado por la corrupción de los gobiernos populistas, Alan García, el militar Ollanta Humala, Alejandro Toledo y el actual presidente, Pedro Pablo Kuczynski, de derecha, que enfrenta problemas políticos con el indulto al ex presidente Alberto Fujimori, y también enfrenta conflictos de corrupción por el escándalo con la constructora brasilera Odebrecht, corriendo el riesgo de ser destituido por el paramento, posibilita el retorno de los viejos partidos conservadores.

Bolivia, con un gobierno que despertó gran expectativa en su inicio, hoy está sumida en una crisis social y política de proporciones. El partido gobernante, Movimiento Al Socialismo (MAS), un partido populista, lamentablemente fue una instrumento donde se aglutinaron gremios, sindicatos y dirigentes agrarios; careció de un programa político de principios, pese a contar en un inicio con presencia de izquierdistas prestigiosos, los cuales fueron desplazados paulatinamente por oportunistas de la vieja partidocracia de derecha. El gobierno cayó en contradicciones entre la explotación de recursos naturales y la “madre tierra”, ocuparon cargos de alta responsabilidad, dirigentes no idóneos para esas funciones, grandes desfalcos financieros en instituciones del Estado aun no aclaradas ni sancionadas, el grupo palaciego ha cambiado al presidente a través de un culto a su persona. El gobierno ha desprestigiado a la concepción de izquierda, dando oportunidad al retorno de la vieja derecha, que estaba vinculada a las dictaduras militares. Esto ha unificado a la clase media con un sector crítico que se opone a la continuidad de Morales, apoyado en la Constitución Política del Estado, y el otro sector de esta clase media que está afectada al haber perdido su feudo y ya no soporta al Llokalla (Joven indígena) como su presidente.

Para colmo la vieja izquierda combativa, carece de un nuevo líder que pueda retomar el proceso de cambio y hoy se encuentra desorganizada.

La creciente presencia de gobiernos de derecha es concreta, más aun con la victoria del empresario Sebastián Piñera en Chile, la presencia de Michel Temer en Brasil, de Mauricio Macri en Argentina, de Juan Manuel Santos en Colombia, Pedro Pablo Kuczynski en Perú y las elecciones fraguadas en Honduras, donde Juan Orlando Hernández quedó como presidente con la venia estadounidense.

El rumbo que tomará el continente latinoamericano dependerá de los resultados que arrojen las elecciones en Brasil, Venezuela y México.

Mientras el mundo gira a la derecha en medio de fuertes vientos a estribor.

Del grupo de editores

Escritor y literato, nacido en Bolivia, con  Estudios en Ciencias de la Comunicación (Universidad Católica Bolivia), y estudios en Comunicación política. CEBEM- COMPLUTENSE.

 

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