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EL AZUL INFINITO

En su forma simple, natural, primitiva, lejos de toda ambición estética y de toda metafísica, la poesía es una alegría del aliento, la dicha evidente de respirar.

Lialdia.com / Jaime Kozak/ Madrid/ España/ 1/5/2018 – El azul del cielo, además de la explicación científica, que corresponde como resultado de cuestiones que lo producen como efecto óptico, también es motivo de inspiración poética y de creencias personales, ideológicas y culturales. De hecho por algo será que muchos humanos, suponen que Dios está en el cielo y algunas creencias suponen que su hijo bajó a la tierra y venció a la muerte al resucitar; para otros Dios está allí directamente y no tuvo un hijo que bajó a la tierra a  salvar a nadie,  también sabemos que arriba y abajo son cuestiones filosóficas y físicas a descifrar, y que en el universo son relativas a la posición espacial y a la mirada, además del psiquismo que tolera lo que tolera en cada cual, tanto en la realidad de los pensamientos como en la física. El azul del cielo, examinado en sus múltiples valores como imagen, posibilitaría largos estudios al respecto, en los que podríamos ver determinarse, según los elementos fundamentales del agua, el fuego, la tierra y el aire todos los tipos de imaginación material. 

De acuerdo a tales ideas, con este tema del azul celeste, podríamos clasificar a los poetas, por ejemplo, en cuatro grupos:

  • Los que ven en el cielo inmóvil un líquido fluido que se anima con la menor nube.
  • Los que viven el cielo como una llama inmensa.
  • Los que contemplan el cielo como un azul consolidado, una bóveda pintada.
  • Los que participan en sus creencias en la naturaleza aérea del celeste azul.

De cualquier manera la poesía es participación de lo grande en lo pequeño tanto como de lo pequeño en lo grande. Sin embargo, no se vive dicha participación yuxtaponiendo un nombre de la tierra y un nombre del cielo, y es preciso un gran trabajo como poeta para hallar nuevamente, el cielo azul en una flor silvestre.

En su forma simple, natural, primitiva, lejos de toda ambición estética y de toda metafísica, la poesía es una alegría del aliento, la dicha evidente de respirar. Si uno se pone a estudiar distintos poetas y poemas, puede comprobar qué raras son las imágenes en que el azul del cielo resulta verdaderamente aéreo. Dicha rareza procede, primero de lo aparentemente extraño de la imaginación aérea, que está muy lejos de poseer una representación tan nutrida como las imaginaciones del fuego, de la tierra o del agua. Se debe sobre todo, al hecho de que es el azul infinito, lejano, inmenso, incluso cuando es sentido por un ala aérea, el que necesita se materializado para penetrar en una imagen literaria.

Por ejemplo, el problema de la imagen del cielo azul, es completamente diferente para el pintor y para el poeta, Si el cielo azul no es para el escritor un fondo, si es un objeto poético, entonces sólo puede animarse en una metáfora. El poeta no tiene que traducirnos un color, sino hacernos soñar el color. El cielo azul es tan simple que puede parecer imposible volverlo onírico sin materializarlo. Sin embargo, ya en vías de materializarlo, a veces, se exagera la nota. 

Se hace al cielo demasiado duro, o crudo, ardiente, compacto, demasiado brillante. A menudo el cielo nos mira con demasiada fijeza.Se le da demasiada sustancia o constancia porque no se convierte el alma a la vida de la sustancia primitiva. Se le atribuye un tono al azul del cielo haciéndolo vibrar como un cristal sonoro cuando no tiene, para las almas verdaderamente aéreas, más que la tonalidad del soplo. El signo aéreo, se funda sobre una dinámica de la desmaterialización. El azul del cielo es aéreo cuando se sueña como un color que palidece un poco, como una palidez que desea la finura, una finura que imaginamos dulcificándose entre los dedos, como una tela fina, acariciando, como dice Paul Valéry:

                 “El grano misterioso de la altura extrema”

Entonces el cielo azul nos da el consejo de su calma y de su ligereza:

                         “El cielo, está, sobre el techo,

                           ¡tan azul, tan en calma!

Suspira desde el fondo su prisión, Verlaine, aún bajo el peso de los recuerdos no perdonados.Esa calma puede estar llena de melancolía.  El que sueña siente que el azul del cielo no será jamás su bien poseído.

”Para qué los símbolos de un alpinismo primario y confortante, puesto que no llegaré esta noche al azul, a ese azul, llamado tan oportunamente azul celeste?” Se pregunt algún poeta.

Jaime Kozak

Psicoanalista, escritor y poeta

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