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EN UNA CAJA DE FRUTAS, MEMORIAS DE LA ÚLTIMA NAVIDAD DE UNA MAESTRA EN LA ESCUELA

A veces nos creemos imprescindibles, que nada va a funcionar sin nosotros,somos tan soberbios que llegamos a creernos que el mundo no va a girar si nosotros no lo movemos .

Lialdia.com / María Teresa Bravo Bañón / Tarragona/ España/ 12/24/2017 – El cielo maneció blanco, como era preceptivo en la víspera de la Navidad.

Fue mi última Navidad en mi colegio y me encerré en la biblioteca para pasar desapercibida .
Me molestaba la gente, los padres con sus cámaras de video o teléfonos móviles improvisados haciendo fotos a sus chiquillos, en los festivales, villancicos y demás saraos navideños ¡Cuánto alboroto general !
No estaba para nada , ni para recibir regalos hipócritas de amigos invisibles , ni de almuerzos con los de la asociación de padres y madres, ni con compañeros ; sencillamente no estaba para nadie.

La Navidad es la época propicia a toda hipocresía y a veces nos resistimos a estar felices por decreto, mucho menos este año, que sé que es el último.
Solo mis alumnos pequeños me confieren esa dicha perfecta de saber que la ilusión nunca muere, aunque la inocencia es un don que deberíamos cuidar para que sobreviviera en el niño interior que todos llevamos dentro
Allí, encerrada en la biblioteca que un día levanté, con tanto entusiasmo fui recogiendo mis cosas y sorprendida observé que apenas cabían en una simple caja de frutas.

A veces nos creemos imprescindibles, que nada va a funcionar sin nosotros,somos tan soberbios que llegamos a creernos que el mundo no va a girar si nosotros no lo movemos . Craso error, cuando veo que todo lo que realmente he hecho, todos mis enseres, mis trabajos de 40 años, caben en una sencilla caja de fruta y puede que la metáfora se extienda y que sea el resumen de mi vida de estos años, sea la que cabe en esa caja de fruta.

Recuerdo muchas navidades en que siempre he llorado. Son cosas de estas fechas que nos tienen sensibleros. La vida da para mucha memoria concentrada que habrá de acompañarme. Como aquella vez que siempre miraba en el escaparate unos hermosos pendientes largos de bisutería y suspiraba por comprármelos y no podía. Eran tiempos económicos difíciles para mí. Pasó la navidad y miré el escaparate y ya no estaban. Al regresar de vacaciones una alumna me trajo un paquetito de regalo, al destaparlo eran los pendientes que tanto había deseado. Ese día volví a creer en el ángel de la guarda, en todos aquellos benditos seres invisibles que nos guían y acompañan. Ese año mi ángel de la guarda se llamó Beatriz . Otra vez se llamó Alfonso, cuando todos se marcharon con sus notas, sus tarjetas, regalos y la euforia general … Alfonso se volvió para decirme “Vengo a darte las gracias “Y se me abrazó feliz.¡Cuántas y cuántas anécdotas se superponen de felicidad, o de adioses o de gratitud.

Seguramente voy a echar de menos mi escuela, aunque no es la escuela lo que mitificaré en un futuro, sino mi juventud, como hacen todos los viejos; pero no este tiempo de hoy, ni este momento en que después seguramente solo será un jirón de olvido.
Parece como si hubiera sido un día, el tiempo, que solo hubiera sido esta mañana el primer día de colegio de una maestra que no tenía ni 20 años y que estuviera a punto de sonar el timbre de las 5 de la tarde, estoy muy cansada, no dejo de mirar el reloj y quiero que suene ya el timbre.

¡QUÉ CORTO SE NOS FUE EL DÍA ¡
Me volví de la pizarra:
erais niños con las naricillas pegadas a los cristales,
impacientes por salir al recreo
y me asomé con vosotros a esperar la primavera .
Me volví de la pizarra:
Ya erais hombres fuertes y hermosos
y yo una pluma alzada en vuestros brazos.
Sonó el vals de los adioses:
me devolvisteis el color a mis días
de tizas blancas .
Llevabais las manos manchadas de rotulador
y tintura de yodo en las rodillas,
en las mejillas estaban aún frescos
los besos párvulos que con tanto amor
me habíais prendido al entrar aquella misma mañana.
¡Qué corto se nos fue el día!

Quiero irme a mi casa.¡Cuántas cosas me esperan ahí fuera, todavía ! Están mi madre y mi hijo .¡Cuánta vida de mí les he restado porque tenía que trabajar tanto ! A mi madre , superviviente de dos cánceres, jamás pude acompañarla al médico ni una sola vez y a mi hijo… cuánto me hubiera gustado haber disfrutado más de su infancia y cómo se me parte el alma cuando recuerdo cada vez que lo dejaba y él lloraba porque me iba a trabajar y era tan niño !

Quizás no sea tarde para recuperarme en ellos !.Lo demás qué mas da ! Hay tanta perspectiva que me he perdido que recordar qué frágiles somos y qué poco importamos cuando la vida de cuarenta años de trabajo cabe en una caja de fruta. 
He salido tambaleante, una compañera me ha acompañado a mi casa.
He tenido una subida de azúcar y la sensación es como de desconcierto, no es un mareo, es algo muy raro ; pero también motivado por la ansiedad que me está royendo por dentro en este final de trimestre de tanto trabajo
Jamás pensé que esto pudiera serme tanta ancla, ni tan duro.
Faltan solo 8 días para mi cumpleaños . En eso sí estoy contenta, porque voy a poder estar con mi familia todos juntos y celebraremos la vida .
Vila- seca, 23 de Diciembre de 2014

PD.
Aquellas fueron mis últimas navidades como maestra, antes de jubilarme. Tres días después mi madre fallecía en plenas navidades de un derrame cerebral.
El 1 de Enero de 2015 me llegó la carta de jubilación.

Un fuerte abrazo y felices fiestas .

 

 

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Comments (1)

  • Adrián Moss

    Madre mía! Me he quedado sin palabra alguna en la mente, no he podido dejar de leer en esta lectura tan absorbente, que te atrapa y te ilumina con las imágenes de lo que relatas… Realmente abrumador. Te deseo felices fiestas, con mucho afecto ya lo sabes. Un abrazo

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