You Are Here: Home » Cultura » EL NARCISISMO DE LAS PEQUEÑAS DIFERENCIAS

EL NARCISISMO DE LAS PEQUEÑAS DIFERENCIAS

En las guerras, todos los bandos se encomiendan a Dios, creyendo que eso justifica sus acciones, cuando matar no es un mandamiento en ninguna religión que conozca.

Lialdia.com / Jaime Kozak/ Madrid/ España/ 12/9/2017 – “El narcisismo de las pequeñas diferencias”, es una frase escrita por S. Freud que despierta por sí misma, una amplia gama de repercusiones, en todos los ámbitos de la vida humana, sin distinción de sexos, puede ser entre hombre y hombre, entre hombre y mujer, entre mujer y mujer o entre pueblos o países. Hay políticos que pueden decir: mi país es el primero, y nos preguntamos: ¿de qué?  Porque nadie puede vivir ni pensarse sólo, es decir que es una frase engañosa, desde su misma enunciación. 

Tanto en lo personal como en lo social,  es motivo de situaciones, a veces conflictivas, entre un  sujeto y otro, entre regiones o países o culturas. Porque es complejo aceptar la diferencia entre unos y otros o entre clases sociales; entre una persona y otra, entre socios y compañeros y la diferencia fundamental que es: entre hombre y mujer, recordemos además que ellas aun  reclaman, legítimamente, muchos derechos. Es una situación que puede desencadenar guerras o divorcios;diferencias étnicas, peleas entre familiares y amigos, entre socios y compañeros, en definitiva entre personas o pueblos, ya sea por gustos, el color de la piel, las creencias espirituales o ideas o por cuestiones económicas. 

Entre integrantes de una comunidad o una asociación con diferentes fines o creencias, a veces, todo se reduce a eso, aunque no lo parezca. Cuando en muchas ocasiones, se trata de ponerse de acuerdo y en realidad no de intentar imponer una razón, que nadie  esté seguro que sea cierta, y si está muy seguro, que Dios lo ampare, aunque suele estar muy ocupado con todo lo que le demandan de uno y otro lado.Porque como suele suceder en las guerras, todos los bandos se encomiendan a Dios, creyendo que eso justifica sus acciones, cuando matar no es un mandamiento en ninguna religión que conozca. Allí donde los primitivos han establecido un tabú, es porque temían un peligro, y no debería negarse que en los preceptos de aislamiento o abstinencia,se manifestara un temor fundamental a la mujer.

Dicho temor podría basarse, quizá, en que la mujer es diferente del hombre, mostrándose a la mirada de algunos supuestos hombres, como incompresible, enigmática, singular a veces, percibida como enemiga, otras veces. El hombre, en ocasiones, teme ser debilitado por la mujer, contagiarse de su femineidad y sentir por ello que eso lo hace mostrarse luego incapaz de hazañas viriles.Un ejemplo, puede ser,el efecto enervante del coito, que puede ser muy bien el punto de partida de un tal temor, a cuya difusión contribuiría luego la percepción de la influencia adquirida por la mujer sobre el hombre al cual se entrega. En todo esto no hay ciertamente nada que no subsista hoy en día.

En opinión de muchos autores, los impulsos eróticos de los primitivos, son  relativamente débiles y no alcanzan las intensidades que comprobamos en la humanidad que se considera civilizadas.

Hay autores, que fundan precisamente en estas pequeñas diferencias, dentro de una general afinidad, sus sentimientos de individualidad y hostilidad. Sería muy atractivo seguir el desarrollo de esta idea y deriva de este “narcisismo de las pequeñas diferencias” la hostilidad que, en las relaciones humanas vemos sobreponerse a los sentimientos de confraternidad, derrocando el precepto general de amar al prójimo como a nosotros mismos.

Jaime Kozak

Psicoanalista, escritor, poeta

Del grupo de editores

About The Author

Editor

Number of Entries : 8379

© 2011 Long Island al Dia - Powered By Wordpress - Diseño Web Bravo Advertising

Scroll to top