You Are Here: Home » Internacional » CRUCERO POR EL MEDITERRÁNEO OCCIDENTAL: NÁPOLES Y POMPEYA

CRUCERO POR EL MEDITERRÁNEO OCCIDENTAL: NÁPOLES Y POMPEYA

Nápoles me ha parecido una ciudad caótica,con edificios casi en ruinas al lado de otros de diseño del siglo XXI. Muchísima gente ne Pompeya.Miles y miles. Imposible andar casi. Increible.

Lialdia.com / María Teresa Bravo Bañón / Tarragona/ España/ 12/5/2017 – Italia es arte por todos lados. Veo la isla de Capri, el rincón de Tiberio.El Vesubio siempre presente .Cogí mucha lava y restos  de cerámicas en Pompeya.
Y entre los callejones estrechos y oscuros, pues el día se nos presentó lluvioso, me he perdido en la rememoria de una novela magnífica que leí hace tantos años : La piel , de Curzio Malaparte .

Nápoles, al final de la segunda guerra mundial, tras el desembarco de las tropas norteamericanas. Malaparte visionario describe lo que ve, pero a la vez la realidad que se oculta bajo las apariencias, una realidad compleja, histórica, que aflora y se desborda en escenas dignas de Peter Brueghel, el Viejo o del Bosco.
Aquella cena servida por un general americano, en la que se degusta un guiso de sirena, pescado y carne de mujer y resulta ser un ejemplar del acuario; pelucas púbicas rubias fabricadas por las napolitanas, para complacer a los soldados negros a los que no les gustan las prostitutas morenas, María la Virgen, una adolescente que su padre cobraba por enseñar la virginidad de su hija… Y al fondo, el Vesubio, la bahía de Nápoles, la Historia y la guerra, otra guerra ¿Quién sabe cuántas guerras?

Y unos americanos amables y generosos a los que los italianos les parecen repugnantes, cobardes por haber apoyado a Mussolini. Y tras los pasos de esas tropas de liberación en una Italia hambrienta en donde :«Two dollars the boys, three dollars the girls!» era el espeluznante grito de las madres que vendían a sus propios hijos en las calles a los soldados en un alucinante decorado de Apocalipsis Piedad, grandeza, vergüenza, abyección, ternura, orgullo o menosprecio afloran en las páginas de un libro magistral que ahora rememoro.

Y más allá, en esta Bahía de Nápoles zarpan los ferrys hasta la isla de Capri. Mi memoria se remonta en homenaje a Robert Graves y su Yo Claudio, aquella serie tan espectacular que seguíamos capítulo a capítulo en la televisión española de los 70 y del que aprendimos tantas cosas del Imperio Romano y de la familia Claudia.
El Emperador Claudio que sobrevivió a tantos asesinados por su propia abuela, Livia, la esposa dele Emperador Augusto, haciéndose pasar por tonto e inútil, un bobo bufón que sucedió a Calígula y que llegó a ser, según la historia, un buen Emperador.
El sucesor de Augusto fue Tiberio y se retiró a Capri desde donde gobernaba el Imperio entre la depravación y el desvarío que tantas veces la literatura y el cine nos ha representado.
Paseando por la famosísima via Caracciolo podemos disfrutar de uno de los panoramas más bellos de Nápoles,desde el Vesubio hasta la colina de Posillipo moteada de casas inmersas en el verde, todo ello enmarcado por grisáceo intenso del mar en vísperas de tormenta

Entre la iglesia de Santa Maria di Piedigrotta. y la estación de Mergellina está ubicada la entrada del Parque de Virgilio que alberga a la así llamada tumba de Virgilio, un sepulcro del siglo I d.C. identificado por la tradición con la sepultura del poeta.
Hasta allí recuerdo su epitafio
EPITAFIO DE VIRGILIO (80-19 a.C.)

“Mantua me genuit; Calabri rapuere; tenet nunc. Parthenope. Cecini pascua, rura, duces.” 
(Traducción: “Mantua me engendró; los calabreses me llevaron; hoy me tiene Parténope (Nápoles). Canté a los pastos, a los campos, a los caudillos.”)
Pero también la eterna reflexión de la fugacidad del tiempo
 Breve et irreparabile tempus omnibus est vitae.
(El tiempo de vivir, es para todos, breve e irreparable)

La panorámica via Posillipo sube hacia la colina, la antigua Pausilypon (en griego “que mitiga el dolor”). Sobre el mar se ven el gigantesco Palacio Donn’Anna y las numerosas villas sumergidas en el verde.

Recorrí muy poco de Pompeya. Se necesitarían 6 días, lo menos , para recorrerlo todo. Hice lo que pude.
Impresionante, es cierto, aunque yo vi otra ciudad en la isla griega  de Santorini del 1.200 adC.la ciudad de Thera que me impactó mucho, también. Una ciudad cretense que fue abandonada masivamente antes de una gran erupción que partió la isla literalmente en dos. Thera fue enterrada en ceniza volcánica, pero no se ha encontrado ningún resto humano
Pero de la magnitud de Pompeya no he visto nada igual.
Muchísima gente en Pompeya, miiles de turistas. Imposible andar casi. Increible esta marea humana.
Todo parece como despertado de un sueño eterno de 2000 años.
En su máximo esplendor, esta antigua ciudad romana tenía alrededor de 15000 habitantes, siendo un importante puerto marítimo.Se adivina su esplendor con solo divisar sus murallas.

Los edificios que rodean el Foro son realmente espectaculares y muchos de ellos están en impecable estado como la Basílica de Pompeya, lugar donde se hacía cumplir la ley. Detrás está el templo de Apolo,
Cruzamos todo el foro, siempre con la imagen del Vesubio al fondo. En sus laterales se guardan numeroso cuerpos humanos en yeso y también un perro en su última agonía. Realmente sobrecoge.


Las Termas de Stabiane, Casa del Citarista, la de Menandro,el colosal anfiteatro con capacidad para 20.000 personas y en un lateral la Necropolis, la Casa del Fauno en la Vía de la Fortuna… Demasiado andar, demasiada belleza, demasiada emoción.

En aquellas calles, cerca de lo que había sido una tienda de comidas preparadas de hace 2000 años , me paré un momento y saqué de la mochila el libro de biografías donde Plinio el Joven relata el testimonio de su tío, Plinio el Viejo en una carta…

“El 24 de agosto de79, cuando se produce la erupción del Vesubio que sepultó a Pompeya y Herculano, se encontraba en Miseno queriendo observar el fenómeno más de cerca y deseando socorrer a algunos de sus amigos que se encontraban en dificultades sobre las playas de la bahía se dice que atravesó con sus galeras la bahía llegando hasta Estabia (actualCastellammare di Stabia), donde murió, posiblemente asfixiado por los gases volcánicos del flujo piroclástico, a la edad de 56 años
El relato de sus últimas horas es contado en una carta que su sobrino y heredero, Plinio el Joven, dirige, 27 años después de los hechos, a Tácito.
Ensimismada en los textos de Plinio, la marea humana me ha arrastrado hasta la fuente de la abundancia.
Allí casi podía sentir el parloteo de tantas romanas que debieron ir con sus cántaros y cuántos hombres también a merodear a las mujeres.
Muy cerca de allí, como una metáfora de la abundancia, me he encontrado un billete de 20 euros !

A la salida he comido y regateado sobre souvenirs como buena hija del mediterráneo.
El Vesubio siempre presente, es como un dios Omnipotente presidiéndolo todo.
Nápoles es vida y muerte al mismo tiempo, esplendor y decadencia; un caos mediterráneo y barroco muy parecido al Levante español, quizás porque los caminos y carreteras están llenos de naranjos y limoneros, me recuerdan a Valencia.
Es noche cerrada en la bahía de Nápoles. Llena de emociones ; pero muy cansada. Zaparemos muy pronto hacia Civitavechia, el puerto de Roma.
Entre las pupilas de la noche he escrito el último poema del día:

Las lamparillas de la noche
son imanes de luz
para  los diminutos  seres voladores.
Cegados se estrellan,
 aturdidos caen y tornan
a la embriaguez y el  hechizo mortal
de ese sol iridiscente
encerrado en el neón de una bombilla …
 
Amor mío, cierra los ojos,
que resplandecen,
no vayan a confundirse
las pobres criaturas
tan sedientas de luz
con las pupilas  de tu  noche.


 
María Teresa Bravo, Bahía de Nápoles, 14 de octubre de 2016

About The Author

Editor

Number of Entries : 8331

Leave a Comment

*

© 2011 Long Island al Dia - Powered By Wordpress - Diseño Web Bravo Advertising

Scroll to top