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REALIDAD E IMAGINACIÓN

Un psicoanalista no adivina el pensamiento, sino que produce lecturas diferentes a las que sujeto supone.  Y aunque se trate de una verdad, una persona puede sentirse incomprendida, porque no se trata de una cuestión consciente.

Lialdia.com / Jaime Kozak/ Madrid/ España/ 11/12/2017 – Si reflexionamos sobre nuestra experiencia como terapeutasy/o analistas,  no necesitamos hacer un gran esfuerzo para comprender, algún posible conflicto a raíz de un cambio de ánimo en el estado de un cliente o paciente. Puede suceder que tal situación, pueda aparentemente, desorientarnos un poco o mucho, pero en verdad depende del entrenamiento de la escucha del trabajador, sobre todo si se encuentra con alguien que  cree que el  lenguaje es unívoco. Distinto es hablar con alguien  que piensa en el polimorfismo y en las aperturas de interpretaciones, que el uso del lenguaje sugiere. ¿Porqué? Porque la conversación con un psicoanalista no se parece a ninguna otra, aunque nos perturben algunas de sus intervenciones, en las que no se trata de entender,o que lo que nos dice nos haga sentir incomodos o  lo contrario. 

Un psicoanalista no adivina el pensamiento, sino que produce lecturas diferentes a las que sujeto supone.  Y aunque se trate de una verdad, una persona puede sentirse incomprendida, porque no se trata de una cuestión consciente.Se trata en verdad, de la falta de reconocimiento de la realidad y el hecho comprobado, de no tener en cuenta la gran diferencia entre realidad  e imaginación, es decir, la sobrevaloración tiempo después,de situaciones imaginarias que no mentirosas, sino  de cómo quedaron escritas y el valor que se les han otorgado, según la edad y los años pasados, por parte de las personas, todas diferentes. Imaginarias no quiere decir que no tengan visos de verdad, pero si quiere decir que tienen varios registros, y se evalúan de diferente  manera según la edad, la supuesta patología y el punto de mira. Puede haber quien pretenda reprochar a sus pacientes, el haberle hecho prestar atención a su discurso consciente, sin ver que eran “recuerdos encubridores”, aunque en verdad ese es un problema del terapeuta y no del paciente, porque así son las cosas necesariamente. Y sin embargo, podríamos apreciar  la realidad de tales relatos, como algo alejado de la imaginación y de distinto valor. 

Quiero decir que  el relato podría ser pensado de varias formas, por ejemplo, como una historia sin afectos, o como un enfado ante algo que hayamos dicho o señalado al pasar sin la intención de que ellos, los clientes o pacientes, según se diga, le puedan atribuir sentidos diversos; porque  allí hay una oportunidad de investigar, si la persona lo tolera o no soporta hablar de lo que la irrita o molesta o le parece grotesco. 

Encontrar explicaciones racionales o consejos prácticos, acerca de cómo superar los inconvenientes que la realidad, sea la que sea, nos presenta, no es ninguna solución, aunque puedan ser salidas transitorias de cualquier crisis, pero no un cambio radical de vida, y no se trata de un problema geográfico ni de compañía, sino de una manera de convivir con nosotros y con el otro. Más adelante veremos, que se trata de reescribir la historia vivida o de los sentimientos acerca de tal supuesta historia, aunque esté basada en ciertos puntos de realidad y no totalmente, porque no hay verdades absolutas. 

No se trata de lo que nos pasó, sino de lo que recordamos e hicimos con ello. Lo normal aconseja Freud, es que al oírles comunicarnos  historias transformadas en  síntomas y que han de conducirnos a situaciones optativas modélicas, se supone, sobre sucesos de la vida infantil, es una oportunidad de hacernos algunas preguntas, acerca de si se trata de hechos reales o imaginarios, esta cuestión en uno u otro sentido, nos plantea si poner al  paciente o cliente al corriente de la solución hallada, tarea que no deja de traer consigo ciertas dificultades. 

Si desde un principio, le decimos que se ha dedicado a relatarnos aquellos sucesos imaginarios con los que se encubre a sí mismo su historia infantil, actuando así como todos y cada uno de los pueblos y  hoy en día países, los cuales sustituyen con leyendas la historia de su olvidado pretérito, comprobaremos que su interés en seguir hablando sobre el tema  de que se trata, disminuye súbitamente y encuentra otras ocupaciones, casualmente en los horarios de nuestros encuentros; resultado, que por supuesto, contraría nuestros deseos y puede llevarnos a pensar que tal vez nos hayamos apresurado en nuestra comunicación.O tal vez nos pueda dar acceso a la idea acerca de la relación con las palabras por parte del otro.

Por otra parte, puede ser que les resulte problemático aceptar nuestra propuesta de trabajar sobre la doble realidad que les afecta. Dicha realidad psíquica diferente a la realidad material, suele tener sus bases en hechos acontecidos, pero lo quenos interesa es cómo quedó registrada en el sujeto,ya que desde el punto de vista de la neurosis, posee una importancia absolutamente real.                                                                                                                                

Poco a poco, vamos llegando a comprender, que en el mundo de las neurosis, la realidad que predomina es la realidad psíquica.

Jaime Kozak

Psicoanalista, escritor y poeta

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