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Pirámides, Serpientes y Observatorios Astronómicos (2)

 En determinado momento de la Historia Antigua de estos pueblos apareció una nueva deidad: Quetzalcóatl. Su veneración se extendió por todo Mesoamérica, llegando a los pueblos habitantes de Arizona y Nuevo México..

“En batalla y en ocasiones solemnes, la Serpiente Emplumada aparecía sobre la Bandera o Estandarte Real.” Fuente: El Continente perdido de Mu. J. Churchward.

Lialdia.com / Graciela Nasif / Córdoba/ Argentina / 11/19/2017 – En la anterior Editorial comenzamos a señalizar las pirámides Mesoamericanas, si bien de manera general por la falta de espacio, para lo mucho que trae consigo este tema. Volveremos sobre el mismo en otras oportunidades. Hoy, en honor a lo prometido, me referiré  a la presencia de la Serpiente Emplumada en el contexto de las Culturas Precolombinas.

Las principales ruinas de Chichén Itzá, que hoy podemos admirar en todo su esplendor, son vestigios de las estructuras que  se construyeron en épocas de las Dinastías Can y Ppeu.

En todas ellas sobresale, como rasgo distintivo, el tallado en piedra de la Serpiente Emplumada, emblema Sagrado de los Pueblos Originarios. De tal manera era importante el símbolo de la Serpiente Emplumada, que siempre se lo relacionaba con la familia real Can.

Cuando en el año 1090 de nuestra era comenzaron a llegar los Aztecas al Valle de México, terminaron al paso del tiempo, asentándose junto a otros pueblos vecinos. En principio los Aztecas eran parte del Imperio de Máyax y por tanto la Serpiente Emplumada era su mayor símbolo religioso, ya que representaba a su deidad. Los Quichés, habitantes de las cercanías, también adoptaron este simbolismo.

En determinado momento de la Historia Antigua de estos pueblos apareció una nueva deidad: Quetzalcóatl. Su veneración se extendió por todo Mesoamérica, llegando a los pueblos habitantes de Arizona y Nuevo México, quienes  fueron incorporando en sus rituales y ceremonias religiosas indistintamente a la Serpiente Emplumada y a Quetzalcoóatl. Poco a poco ambos dioses se mimetizaron en uno solo, y se les daba preponderancia a cada quien de acuerdo a la zona donde se los veneraba.

Los investigadores y arqueólogos ya no tienen dudas de que en determinado momento hubo dos razas conviviendo en Mesoamérica: una era blanca, y otra morena. También se dice que hubo una raza blanca poseedora de conocimientos superiores; dicha raza en principio tuvo como gobernante máximo a Quetzalcóatl; personaje descripto como de existencia real, rubio y de tez blanca. Muchos son los que afirman que vino a Mesoamérica a enseñar sus adelantos en todas las ramas de las ciencias, las artes y todo lo necesario para el desarrollo de una civilización en su máximo potencial.

Cuando la raza morena venció a la raza blanca, estos últimos partieron en barcas hacia el Este, dirigidos por su divinidad y máximo líder Quetzalcóatl, prometiendo volver un día.  

Pero el culto a la Serpiente emplumada permaneció vivo desde las ornamentadas paredes de templos, palacios y pirámides de los Pueblos Originarios que vivieron en la Mesoamérica Prehispánica.

En la actualidad, normes cabezas de serpientes emplumadas se esparcen en sitiales de honor, en las principales ruinas arqueológicas, diseminadas por el suelo de Mesoamérica. El mismo Obispo de Landa, a su llegada al Yucatán visitó, entre otros parajes notorios, el Templo de Kukulcán, de Chichén Itzá. Causó en él tal impacto que lo incluyó en su libro “Relación de las cosas de Yucatán.”

Este documento contiene en sí mismo una relación detallada sobre la pirámide sobre cuya cúspide se eleva el Templo que recorrió.  En determinado momento de su descripción señala:

“…Cuatro majestuosas escaleras hay en el templo de Kukulcan, una en cada lado del edificio, que trepan hasta lo alto por medio de noventa y un escalones, (…) hay balaustradas o alfardas, esos curiosos “pasamanos” que no servían para tal cosa, colocados como están al ras del suelo, sino para adorno y símbolo, puesto que terminan en la base de la construcción en sendas cabezas de serpiente hechas de piedra y de una pieza, con amenazadoras fauces abiertas y aire de guardianas del santuario.” Fuente: Misterios de la Arqueología y del Pasado. Colección Arqueológica.

El Templo de Kukulcan, emplazado en Chichén Itzá, es considerado el remate de una de las pirámides más célebres del Mayab. Es digno de destacar que esta disposición de la serpiente, que une la cúspide de la pirámide con el suelo, orillando los interminables escalones de acceso a la cumbre… no es fruto de una casualidad, antes bien, hay que hablar de una causalidad. Las gradas del basamento piramidal se habían colocado de tal manera que en determinada fechas equinocciales y de solsticios la serpiente parecía bajar desde el cielo, aterrorizando al pueblo congregado en la plaza por los sacerdotes.

Cabeza de serpiente emplumada rematando la escalinata de la pirámide.

En realidad se trataba de un espectacular juego de luces producido por el paso del sol sobre la superficie de la serpiente de piedra, de manera tal que la luz y sombra ocasionados por los ángulos de incidencia de los rayos solares, hacían que la gigantesca serpiente pétrea pareciera cobrar vida en determinadas fechas religiosas elegidas convenientemente por los sacerdotes, para ejercer sobre el pueblo su dominio total.

Muchas son las pirámides adornadas de tal manera, y en cada nuevo descubrimiento de ruinas arqueológicas se puede observar la decoración de sus fachadas…” con serpientes emplumadas ondulantes, motivos marinos y cabezas de serpiente que salen de una flor de once pétalos y cabezas de Tlaloc, el dios de la lluvia.” Fuente: Colección Arqueológica.

Teotihuacán no podía menos que tener también sus soberbias pirámides, la del Sol y la de la Luna. Y la presencia de la Serpiente Emplumada sigue siendo una constante en la vida de los Pueblos Originarios Mesoamericanos. Chichén Itzá no se queda atrás al momento de deslumbrarnos con sus maravillas arqueológicas. Al respecto dice León Cano:

“Pocas cosas sorprenden tanto de la Mesoamérica precolombina como ese extraño monumento de Chichén Itzá bautizado “El Castillo” por los españoles. Los constructores tolteco-mayas de esta pirámide lograron que el más importante de sus dioses, Kukulcán-Quetzalcóatl, La Serpiente Emplumada, “descendiera” a la Tierra en fechas determinadas con astronómica exactitud.”

Estas palabras corroboran la exactitud de lo expresado en párrafos precedentes. Cuando llega el equinoccio los rayos solares iluminan la alfarda norte que mira al poniente.  Lentamente, al paso de las horas, la sombra comienza a invadir la alfarda o barandilla proyectándose sobre la zona de la esquina noroeste de la pirámide. Es ese el instante en que las aristas de los nueve cuerpos que componen la bajada desde la cima, proyectan sombras de forma triangular, apareciendo desde la parte superior de la alfarda sin cubrirla totalmente.

El espacio no cubierto por la sombra determina regiones triangulares todavía iluminadas por el sol; estas regiones luminosas y sombreadas aparecen una a una, de arriba hacia abajo. Se completan así siete triángulos isósceles luminosos proyectados sobre la alfarda.

Este fenómeno dura varias horas, y durante ellas se da una ondulación luminosa que desciende lentamente de las alturas en dirección a la base de la pirámide. Este juego de luces y sombras dibuja una inmensa serpiente de cerca de 35 m., que parece descender desde el cielo, hasta llegar a la cabeza de piedra que remata el cuerpo en la base del suelo. Cuentan que durante diez minutos la serpiente permanece “emplumada de luz y piedra”.

Al continuar el sol su Camino Celeste se dirige al ocaso, y es entonces  cuando el juego de luces se revierte. La gran serpiente comienza a desaparecer, desde la cabeza hacia la cola, dando la clara impresión de que regresa a su Morada Celestial. El último rayo de sol que se esconde en el horizonte lanza un destello final exactamente sobre el templo ubicado en la cúspide.

Es de imaginarse que los Pueblos Originarios, asistentes a este maravilloso espectáculo celestial, quedaran absolutamente convencidos de que, cíclicamente, su dios volvía por unas horas a la Tierra; para luego reiniciar su viaje nocturno por los nueve inframundos.

Pero no queda allí la genialidad de los constructores de esta maravilla de la tecnología. Cinco días antes y cinco después de cada equinoccio (marzo y setiembre) al amanecer podemos observar un espectáculo imponente en la fachada opuesta de la Pirámide de Kukulcán. Un juego de luces y sombras ilumina primero la cabeza de la colosal serpiente. luego suben por el cuerpo de la misma finas líneas de sombra filtradas por el sol a lo largo del cuerpo serpentiforme rumbo a la plataforma superior. Al desaparecer las sombras la serpiente de piedra queda envuelta en luz y parece perderse en el espacio.

En su notable artículo sobre este singular fenómeno, producto de la sabiduría de sus constructores, León Cano tiene las palabras exactas para definir esta ciclópea obra arquitectónica:

“Es una genialidad irrepetible que todo ese cúmulo de información técnica se contenga en un sobrio y elegante edificio en el que nada parece faltar y nada sobrar. Pero el colmo de la sabiduría arquitectónico-estelar se produce en los días de ambos equinoccios, ante una multitud -en la actualidad de indígenas y turistas-perennemente asombrada.”

De esta manera los Dioses del Panteón Religioso Mesoamericano siguen vivos y poderosos ante quienes respetan su imponente Presencia Divina.

Momento de Reflexión:

Breve… como el suspiro de un niño, que ha roto involuntariamente su más preciado juguete. Eterna… como las verdades inmutables de la vida. LA PAZ… Ayer. Hoy. Siempre. Vive en la mente y en el corazón de todos los habitantes de la Tierra. Ha de llegar el día, en que podamos alfombrar los Caminos con Poemas… para saludar su paso victorioso, sobre las Veredas de la Tierra.

Portada:

Escultura de la Serpiente Emplumada en el Templo de Quetzalcóatl en Teotihuacan.

Los saludo en la Luz de la Palabra, con respeto y cariño,

Dra. H. C. Literatura Graciela Nasif

Vicepresidente de SIPEA Argentina.

Del Grupo de Editores.

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