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Más de 400 multimillonarios le piden a Trump, que no les rebaje impuestos.

El partido republicano de EE.UU., ha mantenido siempre el corte de impuestos como su mayor baza electoral en todos los niveles de la  geografía de la nación.

Lialdia.com / 11/13/2017 – Los republicanos encontraron en el presidente Trump un gran aliado, pero parece ser que la joya de la corona de su gobierno, su gran proyecto fiscal, a encontrado un enemigo inesperado.

Incluso los miembros del uno por ciento más rico no están demasiado impresionados con el plan impositivo republicano. Más de 400 millonarios y multimillonarios firmaron su nombre en una carta pidiendo al Congreso que abandone la propuesta del Partido Republicano de recortar impuestos.

Esos estadounidenses dijeron que el Partido Republicano estaría perjudicando al país si redujeran los impuestos a las familias más ricas cuando la deuda del país y la desigualdad de la riqueza fueran las más altas en décadas.

“Estimado miembro del Congreso”, comienza la carta. “Somos individuos de alto patrimonio, muchos en el 1 por ciento superior, que se preocupan profundamente por nuestra nación y su gente, y escribimos con una simple solicitud: no recorten nuestros impuestos”.

La carta, firmada por líderes empresariales, inversores y herederos, fue enviada por United for a Fair Economy, un grupo que organiza una campaña para impulsar políticas que hagan que la economía sea más justa y equitativa.

“Creemos que la clave para crear más buenos empleos y una economía fuerte no es la exención de impuestos para aquellos de nosotros que tenemos mucho, sino que debemos invertir en el pueblo estadounidense”, dice la carta. “Nuestras instituciones cívicas que ayudan a las personas a alcanzar niveles de vida básicos y proteger el clima son fundamentales para apoyar nuestra prosperidad como nación. Sin embargo, el Congreso ya está reduciendo las inversiones necesarias para fortalecer nuestra economía, y la administración y algunos en el Congreso están buscando más cortes “.

Los firmantes de la carta incluyen a los fundadores de Ben & Jerry’s Ice Cream Ben Cohen y Jerry Greenfield, la diseñadora de moda Eileen Fisher, el multimillonario gestor de fondos de cobertura George Soros y el filántropo Steven Rockefeller, informó el Washington Post.

El dinero, a veces, no lo es todo. “Este recorte es absurdo. Según los republicanos no nos podemos permitir gastar más dinero público, pero sí reducir los impuestos a los más ricos. Esto no tiene sentido”, afirmó Bob Crandal.

Ya otros presidentes, potentados como Bill Gates y Warren Buffet, considerados los dos hombres más ricos del planeta, se declararon en favor de pagar más. “Mientras las clases medias y bajas combaten por nosotros en Afganistán, mientras los norteamericanos luchan por ganarse la vida, nosotros los megarricos, continuamos teniendo exenciones fiscales extraordinarias”, escribió Buffet a Barack Obama en 2011. En aquel momento, el principal accionista de Berkshire Hathaway tributaba el 17%, cuando sus trabajadores pagaban por encima del 33%.

Ahora la batalla se repite, pero con un golpe añadido a la credibilidad de Trump. A diferencia de otras épocas, la Casa Blanca ha declarado que su proyecto mantiene intacta la presión fiscal sobre los más ricos. Pero una lectura atenta de los documentos enviados al Senado y a la Cámara de Representantes muestra que las rebajas son múltiples. No sólo se reduce el tope fiscal del 39,6% al 38,5% para las parejas que ganen más de un millón de dólares al año, sino que la iniciativa remitida a la Cámara Baja elimina el impuesto de sucesiones, que ahora mismo pagan unas 5.000 familias al año y que se circunscribe a herencias por encima de los 5,49 millones de dólares.

“Quitar este impuesto acarrearía unas pérdidas de 269.000 millones en un decenio, más de lo que se gasta en conjunto la Agencia del Medicamento, el Centro de Control de Enfermedades y la Agencia de Protección Ambiental”, indica la carta. “Ni es justo ni sabio proporcionar una rebaja fiscal a los ricos a expensas de las familias trabajadoras, especialmente si se financia desmantelando programas que permiten cubrir necesidades fundamentales como la salud y la alimentación”, añade.

La Casa Blanca no ha respondido aún, pero a nadie se le escapa que el asunto es altamente inflamable, puesto que Donald Trump un presidente multimillonario que ha hecho de su pretendida habilidad para gestionar la economía su seña de identidad, ha presentado su propuesta como “el mayor recorte fiscal de la historia de Estados Unidos” y un revulsivo para las clases medias y trabajadores. Pero detrás de las grandes palabras, las grietas son evidentes.

Los cálculos más conservadores establecen que la rebaja impositiva incrementará la deuda pública en 1,5 billones de dólares en 10 años. Una subida difícil de asimilar para unas arcas que ya deben 20 billones y que en el próximo decenio aumentarán la carga en otros 10 billones.

La respuesta oficial a este desequilibrio es el optimismo reaganiano. Los republicanos, con Trump a la cabeza, sostienen que el recorte desencadenará una ola de inversiones de tal magnitud que detonará el crecimiento y permitirá rápidamente compensar la pérdida fiscal. “Nuestro plan está diseñado para favorecer la inversión”, ha resumido el consejero económico de la Casa Blanca, Gary Cohn.

Los demócratas desconfían de esta previsión. Y los millonarios firmantes de la carta también. Para ellos, las empresas ya han alcanzado beneficios récord y viven días de enorme bonanza. Más importante es, a su juicio, dirigir los fondos públicos a la educación, la sanidad y la investigación. Áreas contra las que Trump ha sacado la guillotina.

“Yo gano mucho dinero. Si mi ingreso crece, no pienso invertir más, simplemente ahorraré más”, ha sentenciado Crandall. Y no es el único.

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