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EL VIAJE IMAGINARIO

El verdadero poeta es el que inspira”. El poeta del fuego, el del agua y el de la tierra no transmiten la misma inspiración que el del aire.

Lialdia.com / Jaime Kozak/ Madrid/ España/ 11/24/2017 – Un poema; o una interpretación psicoanalítica  producida en una relación transferencial, bajo las condiciones de aceptar las reglas del juego, podría hacer surgir en nosotros una inducción dinámica, económica y otras cuestiones. No una interpretación, sino una secuencia, nos puede posibilitar el acceso al proceso simbólico, al cual no todo el mundo accede, simplemente por consultar o asistir a unas sesiones de una presunta terapia, aunque sean benéficas aparentemente,porque también lo son los viajes a ciertos lugares paradisíacos o un amor.

Si no es así, es que estamos haciendo otra cosa, como puede ser un tratamiento o una experiencia  del color o tipo que sea, un acompañamiento, una modificación de conducta o cualquier otra acción, supuestamente terapéutica.De allí que recuerde a Paul Valery: “El verdadero poeta es el que inspira”. El poeta del fuego, el del agua y el de la tierra no transmiten la misma inspiración que el del aire. Y aunque yo no crea en la inspiración sino en el trabajo, tanto en un caso como en el otro; porque hay un aspecto de la labor poética, que es el creativo y otro que es el trabajo de mesa, y ambos son imprescindibles y necesarios; como en el psicoanálisis está el tratamiento propiamente dicho de un sujeto, y por otra parte el psicoanálisis del psicoanalista y lo que se denomina: la supervisión, donde se analiza el terapeuta que somos o queremos ser.Por estas razones, el sentido del viaje imaginario, es muy diferente según los distintos poetas y según los analistas. Y es diferente aun, el viaje por lo imaginario hacia la construcción simbólica, lo cual abre nuevos tiempos para el sujeto.                                                

El poeta nos descubre un matiz fugaz, que nos posibilita ver los cambios. Sucede que en este mundo,había flores que no supimos ver. Rilke dijo:” Para escribir un solo verso, hay que haber visto muchas ciudades, hombres y cosas, hay que conocer a los animales, sentir como vuelan los pájaros y saber qué movimiento hacen las florecillas al abrirse por la mañana”.Lo que no quiere decir que los humanos sean como flores, deberíamos concebirlo de otra manera y pensar en lo que es una metáfora. 

No se trata, me parece, de naturalizar lo humano ni todo lo contrario. El viaje a los mundos lejanos de lo imaginario, no conduce bien a un psiquismo dinámico, si no adquiere la apariencia y la realidad de un viaje al país de lo infinito.

En el reino de la imaginación, a toda inmanencia se une una trascendencia. La ley misma de la expresión poética y de la interpretación analítica, insisten en rebasar el pensamiento individual.Que alguien consulte a un psicoanalista, no quiere decir que se psicoanalice, aunque haya hecho varias experiencias que le  hayan durado mucho tiempo, eso no es sinónimo de haberse psicoanalizado, ni de que se hayan entregado a los vaivenes de la palabra, a las transformaciones que la palabra en transferencia posibilita.Ni por supuesto, que haya accedido a los procesamientos simbólicos. 

Sin duda, la trascendencia a la que me refiero, puede parecer tosca, ficticia, quebrada o mitológica.  A veces se precipita, puede parecer ilusoria, evaporada, dispersa;  sin embargo, dicho espejismo puede fascinar, arrastrar consigo una dinámica y una economía del lenguaje singular, que es una realidad psicológica y psíquica innegable. De hecho, las formas que adoptamos para huir o negar lo real, muestra claramente nuestra realidad íntima.   Tanto como un ser privado de lo irreal, es un ser tan neurótico como el privado de lo real.                      

Si la función de apertura, que es la que representa propiamente la imaginación, se efectúa defectuosamente, la misma percepción no será penetrante y deberá producirse una filiación simbólica entre lo real y lo imaginario. Los sueños por ejemplo, son el modelo de producción del psiquismo, al igual que los síntomas y los actos fallidos; y si queremos reconocer sus bases primitivas, sin  mencionar la ciencia, podemos recordar los relatos de Edgar A. Poe.

Es evidente, por tanto, que el sueño no es producto de la vida despierta. Es el estado subjetivo fundamental.                               

De allí que podamos decir:

“ El sueño es antes que la realidad

La pesadilla antes que el drama,

El terror antes que el monstruo

La náusea es antes que la caída”.

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Jaime kozak

Psicoanalista. escritor, poeta

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