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DÍA DISTINTO / MARISSA LLERGO

Allí estaban todos los que han formado parte de mi historia terrenal. Me proporcionaron paz y alegría, y me ayudaron a darme cuenta de la correcta dimensión de los problemas cotidianos.

Lialdia.com / Marissa Llergo/ México DF / 11/13/2017 – El día comenzó como un lunes cualquiera. Me levanté, un poco más temprano, con la firme decisión de hacer un rato de ejercicio y así comenzar la semana con la rutina de salud completa. Así lo hice.

Mientras desayunábamos, mi esposo me recordó que había quedado de ir a entregar, en su nombre, una prenda a cierta persona que vive más al sur de la ciudad. Esta persona es una angelologa muy conocida en nuestro país, autora de varios libros.

Así que me paré para llegar a tiempo, pues siendo ella una mujer muy ocupada, había quedado de recibirme a las 11:15 de la mañana, en medio de sus labores.

Llegué a las instalaciones un poco antes de las 11am.  Esto quiere decir que estuve allí, inclusive antes de la hora estipulada. Por eso me extrañó que la secretaria  dijera:

Qué le pasó? Hace rato que la están esperando. Suba al primer piso, a recibir su masaje.

¿Masaje?  – Pero, yo venía a entregarle este rebozo a la angelologa…

– Sin Peros! Apúrese por favor.

En mi actitud de ser flexible ante lo que se va presentando en mi vida, y con el placer anticipado de recibir un apapacho con el cual no contaba, subí obediente, y mientras esperaba que quedara libre el consultorio, me explicaron que era una sanación de historia de vida, para así poder comenzar una nueva etapa “en hoja limpia”.

Bueno, -pensé- nada es casual. Por algo me toca recibir este masaje de sanación. De manera que entré al consultorio, me desnudé y me acomodé en la camillla.

Lo que siguió fue realmente mágico. Recibí un masaje que físicamente fue doloroso, y emocionalmente aún más. Liberar el pasado, dejarlo ir, duele. Es difícil describir todo lo que experimenté durante el tiempo que estuve allí.

Pero, puedo compartirles que todo el linaje que me antecede, se manifestó en esa habitación, para hacerme sentir la importancia de mi presencia en este mundo, en éste momento. Sentí el abrazo de todos mis abuelos, en una mágica reafirmación de existencia.

Fue algo tan emocionante, que las lágrimas corrieron por mis mejillas. Floté, me fui a otro plano astral, donde pude verlos además de sentirlos. Allí estaban todos los que han formado parte de mi historia terrenal. Me proporcionaron paz y alegría, y me ayudaron a darme cuenta de la correcta dimensión de los problemas cotidianos.

Me entregaron mensajes personales, consejos que me serán muy útiles para el resto de mi vida.

Una vez que terminó, me vestí de nuevo, agradecí debidamente y me regresé a la recepción.  Nuevamente, le expliqué a la secretaria que había venido para entregar un rebozo. Ella me explicó que la angelologa había estado desocupada y esperándome a las 11:15 y que estaba ocupada de nuevo, pero que iba a avisarle de mi presencia.

La angelologa salió, para preguntarme porque llegaba tan tarde. Quise explicarle, pero ella estaba en medio de una clase, así me me hizo pasar como oyente, y de esta forma acabé siendo una alumna más, aprendiendo hermosos rituales de prosperidad.

Por fin, en un receso, le entregué el mencionado rebozo, y tuve la oportunidad de contarle cuando había acontecido desde mi llegada. Ella sonrió, pensando también que todo era perfecto tal y como sucedía. Así que me despedí de ella y salí de allí, dos horas después de haber entrado.

Fui a entregar una prenda. Y salí de aquel lugar, llena de regalos espirituales.

Espero que muchos más de mis días sean tan especiales, mágicos y bellos, como éste lo fue.

Con amor

Marissa Llergo.

Escritora y poeta

Del grupo de editoras

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