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TERAPIAS DE LA MENTE

Un analista no pensaría ni aconsejaría, que se puede recobrar la salud mental , viviendo sin restricciones las propias tendencias sexuales, tal como decían en otro tiempo algunos especialistas….

Lialdia.com / Jaime Kozak/ Madrid/ España/10/ 21/2017 – En general, aquellos que se interesan por  temas de la mente y sus dificultades, conocen, a su manera, las condiciones y los síntomas  básicos de los trastornos y el comportamiento que conlleva y los factores que supuestamente afectan al sujeto.                                                                                                        

La pregunta que todos se plantean es: ¿Qué acción terapéutica puede ser posible en tales circunstancias?  En primer lugar, revisando la bibliografía, nos encontramos ante la predisposición hereditaria; factor en cuya importancia insistimos poco los psicoanalistas, porque ya otros se encargan de hacerlo por nosotros y nada tenemos que agregar por nuestra cuenta. Lo cual tampoco quiere decir, que no reconozcamos su gran significación e incidencia en la vida y la conducta de los sujetos. Como terapeutas, hemos tenido ocasión de comprobar el poder de la disposición, no habiéndonos sido posible modificarla, permanece como algo dado, que restringe nuestra posible actuación, aparentemente, porque también está el deseo del sujeto en un sentido o en otro. 

Después nos encontramos con la influencia de los sucesos infantiles, a los que atendemos con cuidado en el análisis, porque pertenecen al pasado y se trataría, de reescribir tal historia desde otra perspectiva, si el sujeto estuviese dispuesto.  Después y reunidas en el concepto de “privación real”, se nos muestran todas aquellas desgraciadas circunstancias de la vida, que nos imponen una privación de amor, o la pobreza, las discordias familiares, un matrimonio equivocado, o desfavorables circunstancias éticas sobre una persona. 

Cada uno de estos elementos señala un camino a la intervención terapéutica. Sin embargo, para que dicha intervención diera algún resultado, tendría que ser un proceso semejante a la popular leyenda vienesa, que según recuerdo y señaló Freud, ejerció el Emperador José, quiere decir, tendría que provenir de un personaje poderoso ante cuya voluntad se doblegasen los hombres y despareciesen las dificultades. No es por supuesto, nuestro caso.  Pobres, en general, sin poder personal ninguno y obligados a ejercer nuestro oficio como medio de vida, no podemos ni siquiera prestar atención gratuita a un cierto número de pacientes, aunque dada la crisis actual, nos vemos obligados a tener en cuenta las circunstancias laborales, de edad y económicas de aquellos que acuden a consulta en busca de ayuda.  

Quiero destacar, en este momento, que de ninguna manera, un analista pensaría ni aconsejaría, que se puede recobrar la salud mental , viviendo sin restricciones las propias tendencias sexuales, tal como decían en otro tiempo algunos especialistas: “todos estos problemas se solucionan con el matrimonio”. El consejo de vivir sin trabas la vida sexual no interviene para nada en  la terapia analítica.  

Como  ya ha sido señalado en variadas oportunidades, existe en la persona con trastornos nerviosos o de la mente o como se lo quiera decir, un tenaz conflicto entre la tendencia libidinosa y la represión sexual, en un amplio sentido del término, es decir, entre los aspectos sensuales y su parte ascética, y tal conflicto no se resuelve, ciertamente, ayudando a uno u otro de tales factores si uno pretende vencer al uno o al otro. En las personas llamadas nerviosas, es la ascesis, es decir, el conjunto de reglas de la vida práctica y moral para lograr la virtud, la instancia victoriosa, y a consecuencia de esta victoria se ve obligada la sexualidad a buscar una compensación en la formación de síntomas. 

Si, por lo contrario, procurásemos la victoria a las tendencias sexuales, sería la represión sexual la que intentaría compensarse del mismo modo. De manera, que ninguna de estas dos circunstancias puede poner fin al conflicto interior, dado que siempre quedará insatisfecho uno de los elementos que lo provocaron.               

Por otra parte, son muy poco frecuentes los casos en que el conflicto es tan débil que la intervención del terapeuta alcance para resolverlo.  uando una persona abstinente, se decide a entregarse a una relación, digamos ilícita o cuando una mujer insatisfecha busca una compensación en otro hombre, no suelen haber esperado para hacerlo, la “autorización” de nadie. Al tratar la cuestión que estamos mencionando, no suele tenerse en cuenta una cuestión importante: la de que el conflicto de los neuróticos no es comparable a una lucha entre tendencias psíquicas en un mismo campo psicológico. Sino que la lucha se desarrolla entre fuerzas que han llegado a la fase de lo preconsciente y lo consciente.                                                                                                    

Resulta entonces, que los adversarios se hallan situados en distintos planos y por tanto, es imposible toda solución, hasta que se logre ponerlos frente a frente, trabajo que en tal caso, sí corresponde efectuar a la terapéutica.

Jaime Kozak

Psicoanalista, escritor y poeta

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