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Normalidad Ultrajada

Van más 30 días desde que el huracán femenino tocara las playas de la municipalidad de Yabucoa, y quien luego azotó inmisericorde el archipiélago del encanto, como se le conoce.

Lialdia.com / Waldemar Serrano Burgos/ Puerto Rico/ 10/30/2017 – Ayer  domingo, estaba sentado en un restaurante mejicano, el cual no había visitado anteriormente, solamente contemplando la cotidianidad de quienes en solo horas sus vidas fueron transformadas sin retorno.

Se encuentran hablando como si nada, bebiendo para soportar el calor infernal que rodea las ventanas del santuario mejicano.

Otros están lentamente comiendo delicadezas que en estos días es un privilegio, y hasta otros están contemplando el pintoresco lugar que lleva unos cuantos años en esta esquina de una concurrida calle en la ciudad capital.

El culto a la electricidad es evidente, ya que en el momento en que entran y sienten ese aire frío acariciar sus párpados, sus rostros cambian automáticamente.

Sus cuerpo se relajan y, como ya están vestidos lo más cómodo posible que pueden estar en público, una sonrisa invade sus labios y se desligan del desastres que dejaron momentáneamente tras la puerta de entrada.

En una esquina cerca de la puerta de entrada, curiosamente existe una mesa en donde “registras” tú celular para hacer la fila para cargar las pilas (baterías) sin costo alguno.

En estos días esto es, no solo un lujo, sino un privilegio de aquellos que están fuera de la zona de desastre y están viviendo una “normalidad” ultrajada.

Una vellonera con “salsa gorda” entretiene a los clientes, de esas que se encuentran los domingos en un “chinchorreo sin rumbo alguno y en donde se exploran lugares culinarios, peculiares y hasta exóticos que rara vez uno tendría oportunidad de visitarlos si lo planificara.

Es notable que todos están sufriendo de lo mismo, una incapacidad de cambiar instantáneamente su realidad y desean solo por unos minutos o horas algo de aquello que anhelan y entienden era su normalidad. 

Luego de comer, beber, buscan desesperadamente una nueva excusa para extender su estadía y no volver a su nueva realidad.

Cuando ya sus excusas se agotan, la famosa cuenta llega y es como si estuvieran asistiendo a un funeral, largo y tedioso, sin escapatoria.

Se levantan y su caminar se convierte en una película en blanco y negro en donde las expresiones se convierten en el comunicador, y la historia se termina con la palabra “FIN”.

Lectura relacionada:

Segundo artículo:La impotencia de la humanidad

Primer artículo : Una vorágine de sentimientos

Serie: #EstamosDePie 

Waldemar Serrano-Burgos, CNBC
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