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No van a callar nuestra voz: editor

Los oficiales electos, los gobernantes democráticos deben abrirse a la inspección pública; deben explicar y justificar sus actos y deben estar supeditados a las sanciones en caso de incurrir en falta o ilegalidad.

Lialdia.com / Jesús A. Ríos L/ Central Islip / NY/ 10/14/2017 – En enero 18 de 2011, en un artículo reclamábamos la necesidad de una revisión y cumplimiento de normas que impidieran  diferentes maneras de corrupción por parte de los oficiales electos, subrayando el poder de los constituyentes para exigir, así como se escribe, exigir, una rendición de cuentas a quienes se eligen con los votos de la democracia.

No existe una traducción concreta del inglés a la palabra mágica, llamada accountability, ni siquiera una traducción estable. A veces se traduce como control, a veces como fiscalización, otras como responsabilidad. Sin embargo, la traducción más común y la más cercana es la rendición de cuentas, que no es otra actividad que la  virtud de la democracia que permite cambiar a los gobernantes sin violencia, y que ofrece además esa posibilidad en plazos razonables y regulares.

Pero no es tan evidente, en cambio, que la democracia permita que los electores impongan sus necesidades y sus exigencias a los gobernantes, es decir, que éstos actúen como agentes representantes de los gobernados, en vez de dejarse llevar por sus propios intereses, ambiciones o por otros fines distintos de los que desean los electores.

Hago esta introducción, tomada del artículo que hemos mencionado, porque aún no había realizado un comentario crítico de mi función como periodista en las primarias del partido demócrata recién pasadas, en donde tomé posición claramente definida en contra de la postulación que hizo el oficial electo, el asambleísta Phil Ramos, para imponer pasando por encima del concepto del mismo partido demócrata a su esposa Angela Ramos, como candidata a la legislatura en reto a otra oficial demócrata, Mónica R. Martínez. Algunos intentaron suavizar un poco mi posición radical, comentándome, que “no hubiera problema si se hubiese lanzado a la búsqueda de otra posición sin chocar con la titular del cargo”.

Hoy el periódico en inglés Newsday, hace un análisis de la cantidad de posiciones que en el condado de Nassau, son ocupadas por familiares de los oficiales electos republicanos y demócratas, dejando enanos mis reclamos, cuando lo que se describe es una inmensa red de favores y nombramientos, que indican que lo existente es una telaraña que todo lo atrae, que concentra en pocos el funcionamiento del gobierno, alimentado las posibilidades de encubrimiento y dándole más poder a la corrupción.

Este análisis, lo realizo como persona pública, quien se auto critíca y siente que debe dar explicaciones, especialmente si con el fragor de la pasada campaña, he perdido antiguos amigos(as), que fueron confundidos, maquinados, por parte de quienes les hicieron ver  mi posición como algo personal.

Si por cumplir con mi responsabilidad social como periodista, debo recibir señalamientos de ,” sicario, falso periodista, disparador, maligno”, quede claro con estas letras que entendemos nuestra función, tanto moral como profesional y que aceptaremos la crítica como un acto normal de nuestros lectores, a quienes debemos el derecho a recibir informaciones y conceptos desde una posición honesta. No poseemos la verdad, porque la misma tiene un espectro muy amplio, lo que si seguiremos cumpliendo, es con no decir mentiras.

Típicamente, la pregunta surge de inmediato: ¿Cómo solucionar este problema esencial de la democracia representativa?

Si estamos enfrentados a un gobierno que está destruyendo en forma tajante las conquistas siempre amenazadas del estado de bienestar, nos hacemos un gran favor si consolidamos, así tengamos que criticarnos y enfrentarnos en la búsqueda de un  abanico de mecanismos, controles, pesos y contrapesos que configuren el contexto de la rendición de cuentas, no como una amenaza o mostrada como falta de respeto, atrevimiento o empoderamiento político o económico.

Los oficiales electos, los gobernantes democráticos deben abrirse a la inspección pública; deben explicar y justificar sus actos y deben estar supeditados a las sanciones en caso de incurrir en falta o ilegalidad.

Aunque no hay un tipo de rendición de cuentas que solucione de una vez por todas la corrupción o la ilegalidad, sí es posible implementar una multitud de palancas que deben ponerse en marcha simultáneamente para acotar, moldear y domesticar la discrecionalidad del poder.

Dentro de este complejo engranaje hay que destacar un componente fundamental de la rendición de cuentas y que posee una especial importancia, aquello que se llama answerability, es decir la obligación de los gobernantes de responder las solicitudes de información y los cuestionamientos de los gobernados. Para ello no basta la buena voluntad sino que se requieren mecanismos que develen los actos, las decisiones y políticas de toda autoridad. Rendir cuentas es también establecer un diálogo, abrir un puente de comunicación permanente, institucional, sin pretextos.

En todo el mundo democrático, los actores y observadores de la política, los líderes de partido, las asociaciones cívicas,los activistas de base, los ciudadanos, los periodistas y los académicos, hemos descubierto las bendiciones del concepto y se vienen adhiriendo a la causa noble de la rendición pública de cuentas.
La rendición de cuentas se ha vuelto entonces una exigencia ubicua en el mundo de la política democrática.

En el corazón de la rendición de cuentas está el diálogo crítico. No se trata de un juego de un solo tiro sino de un juego interactivo, un ir y venir de preguntas y respuestas, de argumentos y contra-argumentos.

Cuando exigimos cuentas, con frecuencia la información que recibimos no es tan precisa y confiable como quisiéramos. Cuando exigimos cuentas, con frecuencia las justificaciones que recibimos no son tan convincentes como quisiéramos. Por lo mismo, seguiremos insistiendo, preguntando, cuestionando, exigiendo.

La rendición de cuentas no es un derecho de petición. Es un derecho a la crítica y al diálogo y en ese mismo contexto; la política no es un chiste.

 

 

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Comments (1)

  • Gtaciela Nasif

    Excelente articulo; claro, conciso y comprometido con el ejercicio de la Democracia. Gracias por clarificar y difundir para que todos entendamos y podamos reconocer nuestros Derechos Constitucionales. Felicitaciones Sr. Periodista Jesus Rios.

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