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ACONSEJAR Y GUIAR EN TERAPIA

La gente se suele preguntar: Qué diferencia hay entre un psicoanalista, un terapeuta de cualquier tipo, un consejero y sin desmerecer a nadie, me gustaría señalar algunas cuestiones.  

Lialdia.com / Jaime Kozak/ Madrid/ España/ 10/28/2017 – En principio puedo asegurar, que aquél que cree que puede aconsejar como técnica terapéutica, y que las indicaciones conscientes, modifican vidas va por un camino no del todo acertado y eficaz, en el medio y largo plazo.

O si piensa que puede guiar vidas, bendecir, y aconsejar amarse a uno mismo, y con eso cambiar destinos, está inmerso en un desvío en varios sentidos que perjudica más que ayuda al prójimo sufriente, y que de ninguna manera forma parte de la terapia psicoanalítica.                                              

Porque terapia es una palabra amplia y ambigua, como es sabido, y las hay de todos los colores y tendencias.  

En ello la sugestión tiene un papel fundamental.   

Las hay que por las flores dicen que curan enfermedades incurables al día de hoy, o que el mismo “amor”, tan unido a la vida en todas sus variaciones puede ser curativo o cambiar de relaciones, que algunas son tóxicas y llegan a enfermar a las personalidades débiles y el listado sería interminables, así que no me pondré a ello.  

Aunque a mí personalmente, me parece bien que cada cual crea en lo que quiera, pero si hablo de psicoanálisis, no tengo otra alternativa que atenerme a los principios científicos, aunque se trate de una ciencia conjetural, porque la conjetura es una operación matemática que exige cierta precisión, no es sinónimo de especulación, como muchos pueden llegar a pensar, lo que crean conveniente a sus intereses y saberes.

Nuestro  sólo deseo es el  de llegar a ver al sujeto que nos consulta, tomar sus propias decisiones, de acuerdos a sus propios deseos, de ninguna manera inducidos por la influencia personal de nadie.  

Y así lo planteamos desde el comienzo de la relación, es más le proponemos que retrase sus decisiones fundamentales hasta que pueda revisarlas en profundidad, se trate de una elección de  carrera  a la que dedicarse en su vida; de un matrimonio; la elección de una empresa profesional o de un divorcio.                               Sólo cuando se trata de personas muy jóvenes o carentes de energía, podríamos asociar, temporalmente, la misión de analista con la de educador, con todas las precauciones necesarias a la situación, sin imponer una actitudu otra. No somosreformadores, sino observadores, pero no se nos puede prohibir que algunos señalamientos sean, digamos, críticos. 

No podemos por ello asumir la defensa de la moral sexual convencional, ni todo lo contrario, ni podemos aprobar la manera en que la sociedad intenta resolver, en la práctica, los problemas, también los de la vida sexual en toda la amplitud del término, que incluye desacuerdos, discusiones entre parejas, entre padres, madres e hijos desde el comienzo de la vida, la infancia y la pubertad, las actitudes frente al aprendizaje de las diversas actividades que deben desarrollar en sociedad, incluidas las situaciones deelecciones de actividades, de compañeros,rivalidades, competencias, etc., tan comunes en la sociedad contemporánea en que vivimos.

Jaime Kozak

Psicoanalista, escritor, poeta.

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