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POLARIDADES DE LA VIDA PSÍQUICA

               

Aquellos actos,que la neurosis obsesiva impone al sujeto, se hallan sostenidos por una energía, para la cual no encontramos, comparación ninguna con las acciones que llevamos a cabo en la vida normal.  

El sujeto no puede hacer otra cosa que desplazar o sustituir su obsesión, reemplazando una idea absurda por otra que quizá  lo es menos, cambiando de precauciones y prohibiciones o variando de ceremonial.  

Puede desplazar la coerción, pero no suprimirla. Dicha capacidad de desplazamiento de los síntomas,  desde su forma primitiva a otra muy alejada y diferente, constituye uno de los rasgos principales de la neurosis obsesiva, dolencia en la cual descubrimos, además, la singular circunstancia  de que las oposiciones (polaridades) que llenan la vida psíquica se muestran particularmente acentuadas.  

 Junto a la obsesión de contenido psíquico, negativo o positivo, podemos ver aparecer, en el terreno intelectual, un estado de duda, que extendiéndose sobre las cosas generalmente más ciertasy seguras, provoca en el sujeto una perpetua indecisión, despojándole de toda su energía y haciéndole imponerse limitaciones cada vez más rigurosas. Este cuadro sintomático, resulta tanto más singular en tanto los neuróticos obsesivos, suelen haber sido antes, en general, personas de carácter enérgico, a veces de una gran tenacidad y siempre de un nivel intelectual superior al común de los mortales. En la generalidad de los casos presentan además una gran disciplina moral, llevada hasta el escrúpulo y una extrema corrección.                                                                                                     

Podemos por lo tanto, intentar imaginar el trabajo complejo y necesario además, para llevar adelante este contradictorio conjunto de rasgos de carácter y síntomas patológicos. Hay algunos temas, que es importante destacar y que acompañan el proceso del tratamiento de las dolencias que estamos mencionando. Una de ellas es que los sujetos en cuestión, oponen siempre a la labor terapéutica, y a través de toda la duración del tratamiento, una enérgica y tenaz “resistencia”. Y porque es difícil de creer, no se suele comunicar tal hecho ni a familiares ni a los propios interesados, los cuales tampoco reconocen su existencia, y en realidad, ya sería un éxito hacerles darse cuenta de ello. Tanto para el propio interesado, como para los que lo rodean, suele ser inverosímil la idea de que pueda haber alguien, que atormentado por determinados síntomas y aparentemente, dispuesto a toda clase de sacrificios con tal de verlos desaparecer, se ubique, no obstante, al lado de la dolencia y en contra de aquellos que trabajan por intentar liberarlos de tales sensaciones vitales, y sin embargo es así, aunque sea increíble.

La resistencia adopta las más diversas formas, cambia continuamente de apariencia, y se vuelve, a veces, muy difícil de reconocer como tal, por lo que se debe estar muy atento durante el tratamiento. En la terapia psicoanalítica, aplicamos aquella misma regla, que utilizamos en la interpretación de los sueños. Invitamos al sujeto, durante las sesiones, a situarse en un estado de autoobservación y a comunicarnos todas las percepciones internas que de este modo efectúe-sentimientos, ideas y recuerdos- en el mismo orden que se le vayan ocurriendo. Le pediremos, además, expresamente, que no ceda a ningún motivo que pudiera llevarlo a ninguna selección o exclusión de algunas percepciones, aunque las mismas puedan parecerle desagradables, poco importantes o demasiado absurdas para ser comunicadas o referidas al terapeuta, sean positivas o todo lo contrario.  

Le advertiremos que no deberá pasar de la superficie de su conciencia, haciendo caso omiso de toda crítica que en él surja contra los resultados de su observación y poder llegar asía su auto transformación personal.Desde luego que se requiere una especial formación, para guiar al sujeto en tal proceso sin juzgarlo, puesto que no es sencillo conseguirlo ya que es muy diferente a las relaciones  normales de la vida cotidiana, regulada por las normas de la “buena educación” y el respeto a dichas reglas de convivencia.

*Jaime Kozak para ww.Lialdia.com

Psicoanalista, escritor, poeta

Madrid/ España

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