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Patriotismo o Racismo : Trump incendia la NFL

Hay un malentendido de lo que se trata. No se trata de la bandera, no se trata del himno, ni del patriotismo, sino de las inequidades raciales. 

Lialdia.com /  Con agencias – Pocas instituciones hay en Estados Unidos tan poderosas como la NFL. Es la liga del deporte más seguido del país. Con muchísima diferencia. Es la competición más rica del planeta porque los americanos la consumen sin medida. Y, además, aún teniendo predicamento en todas las capas sociales y grupos imaginables, lo cierto es que entre las personas de ideología conservadora es casi una religión. Muchas de ellas son votantes de Donald Trump.

El domingo 24 de septiembre de 2017, fue uno de los más significativos en la historia de la NFL, producto de las protestas en conjunto de diversos equipos de la liga ante las polémicas declaraciones de Donald Trump. Pero esta forma de reclamo nació hace poco más de un año, con el quarterback, Colin Kaepernick, como estandarte.
Esa fecha, Cuervos, Jaguares, Bucaneros y Vikingos, entre otros, expresaron su apoyo y disgusto contra el presidente arrodillándose, alzando un puño o entrelazando los brazos durante el himno nacional. Una ceremonia que se lleva a cabo en la previa de cada partido.

Hay que remontarse al viernes 27 de agosto del 2016 para entender el inicio de una protesta que de no ser por la insistencia y relevancia que tomó, solo hubiera quedado en aquel día.


Se enfrentaban el San Francisco 49ers frente a Green Bay. El himno, que daba inicio al encuentro, comenzó a sonar y Colin Kaepernick se negó a ponerse de pie y se mantuvo sentado en el banco por un motivo en concreto: el asesinato a diversos ciudadanos negros por parte de los policías blancos.

“No me voy a poner de pie para mostrar orgullo por una bandera de un país que oprime a la gente negra y a la gente de color”, sentenciaba Kaepernick y agregaba: “Hay cuerpos en las calles y personas que les dan licencias remuneradas para lograr salirse con la suya con un asesinato”.

A la semana siguiente no solo repitió su postura, sino que se arrodilló en el partido contra los San Diego Chargers: “Quiero poder hacer un cambio y creo que hay otras personas que también quieren lo mismo”.

Aquella protesta traspasó fronteras y cautivó millones de miradas. El oriundo de Wisconsin cumplió su cometido y poco a poco se fueron sumando algunos deportistas como Megan Rapinoe, la primera mujer blanca: “Al ser gay y estadounidense, sé lo que significa mirar a la bandera y saber que no protege todas tus libertades”.

Más de 150 jugadores de la NFL, en su mayoría afroamericanos, optaron por arrodillarse o sentarse durante la interpretación del himno nacional de Estados Unidos antes del comienzo de los partidos el domingo 24, en una protesta sin precedentes tras las críticas del presidente Trump, quien desencadenó el alboroto en el deporte más popular de Estados Unidos al atacar a jugadores que simbólicamente se negaron a ponerse de pie durante el himno nacional en un esfuerzo por llamar la atención hacia la injusticia racial.

Ante el reclamo en contra de la brutalidad policial y el racismo en Estados Unidos, el cual se mantuvo desde ese momento hasta hoy, intervino el presidente de los Estados Unidos: “¡Saquen a ese hijo de puta del campo de juego ahora mismo!”
“Eso es una falta de respeto total a nuestra historia nacional. Es una falta de respeto total a todo lo que defendemos”, afirmó; y alentó a los propietarios a actuar. Algo que finalmente hicieron. Actuaron apoyando la protesta en un domingo inolvidable para la National Football League.

Porque Donald Trump ha conseguido dos milagros a la vez: unir a todas las fuerzas de la NFL, en permanente guerra entre ellas, y mostrar su total y absoluto rechazo al Presidente de los Estados Unidos, cuando hablamos de una liga de una corrección exquisita con la ortodoxia política de Norteamérica.

Empecemos por los propietarios de las franquicias. Muchos de ellos, como Robert Kraft de los New England Patriots, o Shad Khan de los Jacksonville Jaguars, contribuyeron a la campaña de Trump para ser presidente. Fueron muchos más, y casi todos ellos han mostrado ya su más absoluto rechazo a las palabras de Trump. Y no sólo a las formas, al muy grosero insulto, sino al fondo. En docenas de comunicados oficiales, los dueños de los equipos han defendido el derecho de cualquier jugador de la liga a expresarse de la forma que estime conveniente, y han abrazado la idea de que sus empleados protesten contra el himno nacional.

Khan ha ido más allá: él mismo, en primera persona, bajó al césped con su equipo en el partido de Londres contra los Baltimore Ravens y se enlazó con el brazo a ellos. Es imposible mandar un mensaje más claro, uno que dice que no sólo no los va a despdir por su comportamiento, como exigía el Presidente, sino que iba a abrazarles en unidad con sus reivindicaciones.

Donald Trump es un personaje controvertido que se ha especializado en ofender gratuitamente a un montón de colectivos. Hacerlo con una fuerza tan enorme como es la NFL, que mal que bien estaba más de su lado que en contra, no parece lo más inteligente. Lo que se ha encontrado enfrente el Presidente de los Estados Unidos de América es a la mayor liga de su país unida en su contra, sin fisuras, sin medias tintas, y con un montón de sus antiguos aliados muy cabreados. 

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