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FRANCISCO, EL APÓSTOL

El Papa hizo un llamado, una siembra, una invitación para todos. Cada uno de los colombianos, en nuestro territorio, o fuera de él, tiene algo para aportar en la constucción de un futuro mejor para nuestro país

Lialdia.com / Martha Liliana Polanía Perdomo/ Bogotá/ Colombia/ 9/18/2017 – Hace poco más de 17 Siglos, Jesús le dijo a Pedro, ”Tu eres piedra y sobre esta roca edificaré mi Iglesia”. Con estas palabras Pedro fue elegido como el primer obispo de Roma. Desde ese momento hasta hoy, ha habido 266 pontificados reconocidos por la Iglesia. Hoy, Francisco es, sin lugar a dudas, un Papa que está redireccionando la Iglesia por un camino diferente al de sus antecesores. Tan fuerte es su acción, que algunos medios de comunicación, arraigados en doctrinas de otros tiempos, lo tildan  de Papa comunista. Lo cierto es que Francisco está llevando su papado con mayor identidad frente a los lineamientos que Jesús entregó, enseñó y predicó a sus apóstoles.

Y así, como un apóstol, visitó Colombia. En los cinco días de su peregrinaje por nuestro país, Colombia vivió y  respiró un aire diferente. Por estos cinco días los canales de comunicación se llenaron con sus palabras de invitación a la esperanza, de su amable y transparente sonrisa, de su mirada tierna o compasiva, de su carisma que cautivó, sin esfuerzos ni adornos, a cientos de personas que por donde quiera que pasaba, salían a saludarlo pidiendo su bendición, o asistiendo multitudinariamente a sus eucaristías, sin importar la lluvia, o el sol.

Francisco llegó a Colombia cargado de palabras. Palabras llenas de mensajes sencillos y a la vez contundentes; mensajes que todos conocemos de una u otra forma, pero no ponemos en práctica. Al escucharlos de una voz serena y cargada de años de experiencia, sabiduría y coherencia, resultan reveladores. A los jóvenes, en la plaza de Bolívar de Bogotá, en una de sus primeras intervenciones, les dijo: mantengan viva la alegría, es signo del corazón joven, del corazón que ha encontrado al Señor. Nadie se la podrá quitar. No se la dejen robar, cuiden esa alegría que todo lo unifica en el saberse amados por el Señor. El fuego del amor de Jesucristo hace desbordante ese gozo, y es suficiente para incendiar el mundo entero. ¡Cómo no van a poder cambiar esta sociedad y lo que se propongan! ¡No le teman al futuro! ¡Atrévanse a soñar a lo grande! A ese sueño grande los quiero invitar hoy”.

Y así como dedicó palabras a los jóvenes, lo hizo con todos los colombianos. Vino como un servidor, como un sembrador. Como aquél sembrador de la parábola de las pequeñas semillas de mostaza. Pequeñas en su origen pero que dan paso, cuando germinan y crecen, a un frondoso árbol, en el que anidan los pájaros. Cada corazón de cada colombiano es la tierra en la que Francisco depositó sus semillas; al igual que cada corazón, católico o no, creyente o no, que se dio la oportunidad de escuchar sus palabras, que pronunció para todos por igual, sin distingo de razas, credos, orientaciones, partidos políticos, estatus social o  económico. Cuando expresó que“Los ciudadanos deben ser valorados en su libertad y protegidos por un orden estable” quiere, además de generar reflexión sobre la dimensión y esencia del concepto de estado y de convivencia bajo su amparo, motivarnos aque nos valoremos unos a otros, lo cual nace de respetar las diferencias, de entenderlas y enriquecernos con ellas, para así poder vencer las barreras separatistas y vivir en armonia.

También su mensaje deja reflexiones asociadas a las semillas de mostaza de la parábolaque pueden caer en corazones de tierra dura, en donde la semilla muere; o en corazones que las dejan como alimento para los pájaros, que escuchan pero no permiten que entren en su alma; o en corazónes que dejan, como tambien citó, que la cizaña crezca ahogando la semilla.“ No pierdan la paz por la cizaña”, “La búsqueda de la paz es un trabajo abierto, una tarea que no da tregua y que exige el compromiso de todos”.

Frente al cristo mutilado de Bojayá, en el encuentro por la reconciliación en Villavicencio, uno de los más conmovedores y significativos de su visita apostólica, donde escuchó testimonios de víctimas y victimarios, se le vió profundamente conmovido por el testimonio de una mujer, Pastora Mira García, hija, esposa y madre a quien la guerra le arrebató primero a su padre en la época de la llamada violencia entre liberales y conservadores, luego a su esposo y unos años después a dos hijos, a manos de los paramilitares. En su testimonio valiente y lleno de una fuerza espiritual enorme, relata la forma en que cuidó al asesino de su padre, cuando envejeció y se encontraba enfermo y abandonado. También, días después del asesinato de su hijo cuidó a un jovencito herido, le dio techo y albergue en la misma cama de su hijo muerto. Al recuperarse, este joven vió unas fotografías y le confesó que él era uno de los asesinos de su hijo. Hoy, esta admirable mujer es concejala de su pueblo en Antioquia, y trabaja acompañando a familias víctimas de desaparición forzada y en condición de desplazamiento. Una mujer que dio un mensaje contundente sincero y vívido sobre el perdón, que es un regalo que se hace la persona que perdona. Es una liberación del alma y del espiritu. Quien perdona se libera a sí mismo del yugo del rencor, del odio, de la amargura, del dolor y de la tristeza. Pastora es eso, una mujer libre, que ayuda con su historia a liberar a otros.

El Papa, tuvo espacio y palabras para todos, nos trajo una invitación, Colombia, abre tu corazón de pueblo de Dios y déjate reconciliar. No temas a la verdad ni a la justicia. Queridos colombianos: No tengan temor a pedir y a ofrecer el perdón”.

La reconciliación no es una palabra abstracta; si eso fuera así, sólo traería esterilidad, más distancia. Reconciliarse es abrir una puerta a todas y a cada una de las personas que han vivido la dramática realidad del conflicto. Cuando las víctimas vencen la comprensible tentación de la venganza, se convierten en los protagonistas más creíbles de los procesos de construcción de la paz. Es necesario que algunos se animen a dar el primer paso en tal dirección, sin esperar que lo hagan los otros. ¡Basta una persona buena para que haya esperanza! ¡Y cada uno de nosotros puede ser esa persona! Esto no significa desconocer o disimular las diferencias y los conflictos. No es legitimar las injusticias personales o estructurales. El recurso a la reconciliación no puede servir para acomodarse a situaciones de injusticia.

La reconciliación comienza como todos los procesos que generan cambios verdaderos y permanentes, en cada ser humano. Nunca un cambio se da en masa. Cada decisión individual unida a una y a otra y a otra más… genera la fuerza que transforma. Por lo tanto, primero debemos reconciliarnos con nosotros mismos, para luego buscar la reconciliación con nuestros semejantes. En el caso de Colombia, ésta reconciliación debe estar acompañada de justicia y verdad. Más no de venganza.

Cada conflicto bélico que hoy invade al mundo, tiene un origen de injusticia, de inequidad. Ninguno se ha dado sin razón, y ahí en los origenes del conflicto es donde se deben comenzar a reparar las acciones que le dieron origen, ahí es donde comienza realmente la reconciliación.

Palabras del Papa, al respecto:“Hay densas tinieblas que amenazan y destruyen la vida: las tinieblas de la injusticia y de la inequidad social; las tinieblas corruptoras de los intereses personales o grupales, que consumen de manera egoísta y desaforada lo que está destinado para el bienestar de todos. Las tinieblas del irrespeto por la vida humana que siega a diario la existencia de tantos inocentes, cuya sangre clama al cielo; las tinieblas de la sed de venganza y del odio que mancha con sangre humana las manos de quienes se toman la justicia por su cuenta; las tinieblas de quienes se vuelven insensibles ante el dolor de tantas víctimas”.

Años y años de desigualdad e injustica social, de indiferencia de la sociedad, de abandono al campo, a los ciudadanos, a nuestras ciudades, han sido la tierra perfecta, el abono perfecto para que crezca la sed de venganza y el deseo de obtener de forma violenta lo que cada quien considera que le corresponde y el sitema le ha negado.

Al despedirse de Colombia, con su sonrisa intacta, su ojo morado y sus manos levantadas bendiciendo al pueblo que lo acogió con fe, amor, cariño y admiración dijo:  “les dejo la paz, no permitan que nadie se la robe. Desde Roma seguiré orando por ustedes para que el buen Jesús confirme esa paz y la haga estable y duradera”.

El Papa hizo un llamado, una siembra, una invitación para todos. Cada uno de los colombianos, en nuestro territorio, o fuera de él, tiene algo para aportar en la constucción de un futuro mejor para nuestro país. El lema de esta visita apostólica era: “ DEMOS EL PRIMER PASO”. Ya ese paso se dió. Hoy estamos a las puertas de una gran fiesta. La fiesta de construir un país diferente, para que cada colombiano viva igualmente en un país justo y de oportunidades iguales para todos. Solo debemos decidirnos a entrar a ella, participando con alegría, optimismo, lucha sin descanso por crear espacios de igualdad social, justicia, esperanza, pero sobre todo con mucha fe. Fe en nosotros mismos como colombianos, fe en nuestra tierra, fe en nuestras raices, fe en que todo se puede transformar cuando existe convicción y decisión. Fe acompañada con amor. Amor por esta tierra rica, biodiversa, de montañas, rios, mares, cielos hermosos, musica, color y gente buena.

*Martha Liliana Polanía Perdomo

Escritora y poeta

Del grupo de editores

 

 

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