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DESGARRO E INDEPENDENCIA

 

Me dolería, y mucho, que Cataluña se separara de España: amo su literatura, sus vinos y paisajes con pasión; pero si van a ser más felices así, que se vayan y feliz travesía.

Pero ¿esto es España o la ermita de san Jarando que hay en mi tierra, donde cada sacristán no pide más que para su santico? Ea, caballeros, yo estoy aquí para mirar por el Padre Eterno, que es la nación, y no por los santos catalanes o vascongados.

Benito Pérez Galdós, Narváez

Lialdia.com / *Vicente Adelantado Soriano / Valencia/ España/ 9/16/2017 – Creo recordar que la primera vez que oí hablar de la independencia, no solo de Cataluña, sino también de Valencia, fue cuando tenía 15 ó 16 años. Entonces, un compañero de clase, durante el bachillerato, no sé a santo de qué, me habló de la posible separación de España de lo que antiguamente era la Corona de Aragón. Y nada más planteármelo me hizo la pertinente pregunta de si apoyaría yo tal ruptura. Recuerdo que un inmenso escalofrío, no sé porqué, me recorrió de arriba abajo. Y, tímido y miedoso como era, no quise contestarle. Pero en lo más hondo de mi alma la sola pregunta me lastimó. Por suerte para mí no hubo más conversaciones de este tipo. Hasta muchos años después.

Todos los días nos sucede algo más o menos importante, pues todos los días envejecemos. Y envejecer, entre otras cosas, puede ser el percatarse de la enorme cantidad de ignorancia que se atesora con el paso de los años. Creo que un ignorante consciente no puede ser un dogmático. Creo, que no lo sé.

En un momento de mi vida, ya mayorcito, me percaté de que desconocía, casi por completo, la historia de mi país. Quise ponerle remedio a ello, y di en leer libros y más libros de historia. Me tropecé entonces con distintas y diversas interpretaciones sobre el mismo hecho. Y comencé a sospechar que los hechos, en realidad, no existen. Todo, al fin y al cabo, son interpretaciones de historiadores que rara vez, es humano, pueden llegar a la objetividad, cuando se lo plantean, que, a veces, ni siquiera eso entra en sus planes. No quiere decir esto que no existieran Viriato, el Cid, Juana la Loca o Isabel II. Y hechos que, de alguna forma, se repiten de forma cíclica. Tal como la petición de independencia por parte de los catalanes. Ahora bien, donde disienten unos y otros es en explicar qué ha generado esa petición que, al parecer, ya se ha convertido en un fin político o en una obsesión.

Cierto es que la primera vez que leí algo al respecto, no recuerdo cómo, dónde ni cuándo, no le presté mucha atención, pese al escalofrío que me produjo de joven su crudo planteamiento. Debió parecerme entonces un movimiento más, típico del siglo XIX, y, por lo tanto, heredado; uno de esos movimientos, propios del Romanticismo, en busca de unas libertades tan completas y absolutas que sólo existían en las febriles mentes de vates y poetas. Siempre he pensado que ser pirata, y llevar diez cañones por banda, está muy bien; pero no poder ir al cine los domingos por la tarde, o a una biblioteca un día cualquiera, tal vez sea pagar un precio excesivo por una libertad que termina por ser todo lo contrario.

Desconfiaba, hasta cierto punto, de la poesía y un tanto de la historia, pero no así de toda la literatura. Un poco cansado de interpretaciones de unos y otros historiadores, quise enterarme de los hechos de otro modo, por crónicas o diarios íntimos que no logré alcanzar. Aun así hubo otro modo, y este fue la lectura, apasionada, de los Episodios nacionales, de don Benito Pérez Galdós. Por supuesto que no pretendo decir que este hombre hablara excátedra, y que yo me creyera a pies juntillas cuanto él decía. Sin embargo, en sus novelas me era dado algo que me estaba negado en los libros de historia: ver la vida cotidiana, ver a los personajes moverse y vivir, hablar de sus problemas diarios, o de los de la nación. Pese a ello, tampoco ninguno me solucionó el problema que entonces me acuciaba: ¿Por qué los catalanes y los vascos, y ya son varias las veces que lo han hecho, han reclamado de vez en cuando separarse de España? ¿Por qué ellos tienen esos sentimientos o han perdurado en ellos, y no en otras partes del país? Cartagena y Murcia, por ejemplo, también quisieron declararse repúblicas independientes en el siglo XIX. Hoy, sin embargo, parece que ese sentimiento ha desaparecido entre los habitantes de estas ciudades. ¿Por qué no lo ha hecho en Cataluña y en el País Vasco?

Seguí leyendo y estudiando. Y leí opiniones para todos los gustos y colores. Una me llamó especialmente la atención: que España, como nación, había sido forjada a golpe de espada y de martillo. Eso me produjo una gran brecha mental: ¿cómo se ha formado el resto de las naciones? Y me di cuenta de que no sabía nada de la historia de Europa. Sí sabía, gracias sobre todo al cine, algo de la de Estados Unidos, cuya unión, al parecer, no fue menos traumática que la de España. Allí, sin embargo, y al parecer, salvo que silencien voces, nadie reclama la separación de ningún estado, aunque sí, es evidente, la desaparición de los negros. Estos, no obstante, no fueron a América por propia voluntad. La petición no deja de esconder una gran hipocresía.

Me llamó la atención, en el caso de España, que la formación de la Corona de Aragón fuese, salvo opiniones en contra, por puro consenso entre Zaragoza y Barcelona. Y con una gran parte de la Península en manos de los árabes, la recién creada Corona de Aragón comenzó a extenderse hacía el sur, Valencia y Murcia, y hacia el Mediterráneo, Baleares, Nápoles y demás. Y comenzaron las dinastías: los Trastámara gobernaron en Castilla tras la muerte de Pedro I el Cruel, apellidado así por su hermano, ya que antes era llamando Pedro I el Justiciero, quienes también gobernaron en la Corona de Aragón tras el Compromiso de Caspe. La unión de las dos coronas, pues, Castilla y Aragón, fue casi un asunto familiar: Isabel y Fernando eran primos. Tuvieron que pedir la dispensa al Papa para poder casarse, cosa que hicieron antes de que llegara esta. A Valencia no le gustó nada dicha unión: era un puerto importante del Mediterráneo, y no estaba muy dispuesta a compartir con los castellanos el negocio. Fue sin duda por eso que los valencianos se alegraron, y mucho, cuando Fernando el Católico, casado en segundas nupcias con Germana de Foix, se quedó esta embarazada: veían en el heredero la posibilidad de separarse de Castilla y volver a ser lo que fueron. El niño murió. Y Valencia, al parecer, nunca más volvió a reclamar la ruptura con el resto de España.

¿Qué pasó con los catalanes? Me remonté para tratar de entenderlo. Y seguí sin entender nada. No creo que las diferencias entre Felipe V y el Archiduque Carlos fueran tan nítidas como un cierto nacionalismo trata de presentarlas, ni creo que Carlos hubiera permitido autonomías en un momento en que las monarquías necesitaban reafirmarse y no perder de vista la revolución francesa.

Llegado a este punto, y hablando con unos y con otros, por necesidad de aclararme yo, me dijeron varias personas, y en repetidas ocasiones, que no era un problema histórico, puesto que aquí, en toda la Península, pocos son quienes estudian o leen historia. Se trata, por el contrario, de un cierto sentimiento. Nadie sabía explicarme por qué nace ese sentimiento. He leído, desde luego, interpretaciones varias, y para todos los gustos: que si España roba a Cataluña, que si España desprecia a Cataluña, etc. etc. etc. No sé cuánto de verdad hay en todo esto. No lo sé. Es cierto que aquí en Valencia se jugó, con muy mala sombra, el problema de la lengua por parte de un partido político que no tenía nada que ofrecer salvo colorines en la bandera y que el valenciano se remontaba como mínimo a la torre de Babel, y que nada debía a la lengua catalana. Siendo coherentes deberían haber derribado la estatua de Jaime I el Conquistador. En vez de hacer eso van a ponerle coronas florales todos los años, cuando se supone que entraron en Valencia las tropas catalano-aragonesas. Valencia estaba ocupada por los árabes.

Discutir entonces sobre la lengua o la historia era perder el tiempo: se trataba de un falso problema sentimental muy bien explotado por quienes nada tenían que perder. Los enfrentamientos, sin embargo, entre unos y otros, blaveros, por el color de la bandera, y catalanistas por la unión de la lengua, fueron cortados en un momento determinado. Y sí, generaron algunos odios hacia los catalanes. Como antes los valencianos odiaban, ahora tratan de asimilarlos, a los mal llamados xurros, sencillamente porque no sabían hablar el valenciano. No por eso, sin embargo, los churros han tratado de independizarse de la comunidad valenciana.

Podríamos estar hablando más y más de historia. Y yo sigo sin entender nada. No obstante, estoy preocupado y asustado: por parte de unos, los tancredistas, por haber dejado que la situación llegara a este punto; y por parte de los otros por estar jugando con fuego. Esperemos que los enfrentamientos no pasen más allá de las palabras. Y, desde luego, recibir al rey con pitos y flautas y aplaudir a Otegi… No hay que meterlos a todos en el mismo saco, está claro, sea uno monárquico o republicano. Ahora bien, se acuerdan de Felipe V y se olvidan de las bombas de Hipercor o del asesinato de Ernest Lluch… Sin palabras.

He terminado cansado y harto del problema catalán. Sinceramente, me dolería, y mucho, que Cataluña se separara de España: amo su literatura, sus vinos y paisajes con pasión; pero si van a ser más felices así, que se vayan y feliz travesía. Y se vayan o se queden, ya está bien. Dejemos el tema y dediquémos, de nuevo, a hablar del sistema educativo y del sanitario, que dejan mucho que desear, y de las pensiones, y del futuro de la juventud… Problemas todos, que como el de Cataluña, sinceramente, no se van a solucionar con posturas tancredistas, ni dividiendo la sociedad. Creo que catalanes y españoles, españoles y catalanes, nos merecemos unos políticos mejores, más honestos y de más talla. El odio, por otra parte, no conduce a nada salvo a cerrar puertas. Eso sí: sigo sin entender nada. Tal vez porque no haya nada que entender y porque en el fondo quizás tenía razón Narváez. No lo sé. Vale.

*Escritor

 

 

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