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ACADEMIA ALBA, COLEGIO PRIVADO DE JUIGALPA, NICARAGUA EN EL CORAZÓN, CAPÍTULO XIII

Y volvieron a triunfar aquellos versos de Alberti, de Federico García Lorca o de Gloria Fuertes , o la historia de Platero en mi voz, comprobando que los niños son niños en todas partes y que les gusta ser protagonistas.

Lialdia.com / Mayté Bravo Bañón/ Tarragona/ España/8/6/2017 – Hoy visitamos Juigalpa, cabecera del departamento de Chontales su actividad principal es la ganadería. Se le considera la zona rica de Nicaragua .

Salimos antes de la 5 de la mañana en uno de esos autobuses multicolores en el que que tanto me gusta viajar . Todavía era de noche, cuando , de pronto, vi alzarse un sol tan enorme por el horizonte, como solo por las tierras africanas había visto .

Me esperaba un largo trayecto de más de 4 horas . Cada parada , para mí representaba un retrato exótico de gentes y costumbres que me tenian pegada a la ventanilla por mi curiosidad. Al principio me hacía gracia ver cómo los campesinos iban cargando en el techo del autobús sus enseres más diversos, como colchones o enormes fardos ; pero cuando vi empezar a cargar, en cada parada preceptiva, alrededor de 200 sacos de arroz o fríjoles del gallopinto, ya la cosa empezó a inquietarme un poco. Porque al autobús iba subiendo gente hasta estar todos como sardinas en lata, entre un calor sofocante que nos inmovilizaba a todos.
Inquietud que fue creciente cuando las paradas no se acababan nunca y el techo del autobús iba adquiriendo proporciones descomunales.
Temí que el techo pudiera hundirse con el peso , o que en algún momento la carga se desplazara y desestabilizara el centro de gravedad del autobús, pudiendo volcar por aquellos barrancos de la carretera que atravesábamos .Volcar con lo menos 300 pasajeros por aquellos parajes era improbable salir vivo de allí y si salíamos vivos y tener que ir a un hospital como el de Jinotega … La verdad es que me cogió tal angustia e impotencia que empecé a llorar . No tenía cerca a Patricia para explicar qué me pasaba ; pero la dulce señora que compartía mi asiento se interesó por mis lágrimas .

¿ Por qué llora , madrecita ?
Tengo miedo – le respondí.
¿ Miedo de qué?
De un accidente, de que el techo se hunda por el peso de tanto saco, de que volquemos por un barranco.
¡No tiene usted que pensar en esas cosas!¡Nosotros aquí en Nicaragua tenemos mucha fe en Dios !
Sí – le contesté casi, casi convirtiendo mi miedo en sentido de humor-
¡Pero a veces Dios también se despista .

Luego pensé : ¿ Por qué no facilitarle el trabajo a Dios con una simple normativa de prohibición del exceso de peso o el determinado aforo de pasajeros a un autobús de línea. Dios debe tener tanto trabajo aquí en Nicaragua que no debe poder abarcar tanto .

Cuando por fin llegamos a Juigalpa suspiré con alivio .


Llegamos a la Academia Alba, un colegio privado en régimen de cooperativa de padres , cuyo ideario no es sandinista .Aquí no hay fotos de Ortega, ni de Chávez, ni consignas de revoluciones bolivarianas . El recinto y las aulas eran lo más parecido a una escuela pública española . Allí era consciente que era una escuela de élite, quizás donde se estarían formando las élites del país que después serán los jerarcas del régimen “orteguista” que gobernarán a los educados en las escuelas públicas sandinistas.Tuve esa amarga presunción.
Nos recibío la directora así como la dueña de la cooperativa . Nos saludaron cordialmente .La señora dueña me ofreció un pastel que rechacé pues mi estómago no estaba para nada; pero ante las indicaciones de buena urbanidad, por el alto cargo que representaba, lo cogí y a mordisquitos fui tragando con ayuda de un café .

Sentí demasiado sentido jerárquico clasista : Ella estaba allí para aprobar o desaprobar, incluso vigilar lo que íbamos a hacer y que todas las maestras, incluso la directora , no eran más que unas simples empleadas suyas, La imagen que me proyectaba era que ella era como dueña de un gran rancho, todos los demás eran sus empleados sumisos y la directora, su capataz. No me gustó para nada cómo trataba a las maestras.Unas maestras que cobraban menos de 100 dólares al mes.

He de decir que por mí sintió una reverencia especial cuando oyó que yo era una escritora española que había viajado hasta Nicaragua para colaborar con Patricia y con Henry A. Petrie .Me consideró entonces interesante y casi me concedió venia y permiso para impartir nuestros talleres de creación literaria.
Programé un taller de poesía visual . Tenía preparadas pajaritas de papel de colores, cometas y barquitos , para inventar poemas y escribirlos en la papiroplexia; pero cuando nos condujeron a la sala de actos y la contemplé a rebosar de niños con uniformes verdes, no azules y blancos, como los de las escuelas públicas, consideré que ese taller preparado me iba a ser imposible realizar, así que cambié mi programa por un recital de poemas del viejo libro que me acompañó 40 años y había viajado conmigo desde España.

Y volvieron a triunfar aquellos versos de Alberti, de Federico García Lorca o de Gloria Fuertes , o la historia de Platero en mi voz, comprobando que los niños son niños en todas partes y que les gusta ser protagonistas , interactuar y sentirse importantes. Cómo reían y se divertían conmigo, a pesar de la vigilancia de la directora y la señora dueña de la Cooperativa que veía todo aquello como una gran innovación pedagógica por el sentido lúdico que le estábamos adornando a la literatura española.
Pero el fuego abrasador bajo los tejados de uralita se sumaron a mi cansancio y debilitamiento, por mucho que intenté seguir tuve que interrumpir mi recital pues creí que de un momento a otro iba a desmayarme, de tanta flojera ,tal como me había pasado en Tipitapa unos días antes.

Le pasé el testigo a la buena de Patricia Blandón . Ella siguió con mi libro , mientras me senté en un lugar más fresco .Una niña hermosa se me acercó . Me dio las gracias por mi viaje desde España y me pidió un autógrafo en su libreta .Aquello pareció revivirme un poco.
Fui arrastrando el alma desde entonces . Acabada la jornada buscamos un lugar donde comer. ( ¿Qué comer cuando tienes el estómago tan revuelto que no te entra nada?)
Mi pobre Patricia no sabía al final dónde llevarme . Encontramos un puesto de pollo empanado y nos sentamos allí.Estaba buenísimo, por primera vez en una semana empecé a comer algo ; pero un perro callejero se paró a una distancia prudencial, acostumbrados al maltrato de la gente y me miró con tal tristeza que no pude seguir comiendo y se lo di todo.Recordé a mi mimado perro ¿Se acordaría de mí tanto como yo de él cada vez que veía a estos desgraciados perros callejeros de Nicaragua?

Volvimos a Managua en los interminables autobuses multicolores, entre el sofoco del calor y el hacinamiento humano. Pero ya ni me fijé en los fardos ni en los sacos de arroz y frijoles que cargaban en el techo. Era como si yo también me hubiera resignado a confiarme en manos de Dios estando en Nicaragua.
El paisaje era de una gran belleza y me sobrecogía por su hermosura y sus contradicciones . De vez en cuando aparecían casuchas como pocilgas; pero observando mejor : algunas de esas pocilgas tenían antena parabólica.
Se sucedían los vendedores ambulantes , los predicadores del apocalípsis y los hombres-supermercado que te pueden vender desde cuchilllas de afeitar hasta un bolígrafo con su estuche correspondiente, por si quieres hacer un regalo de última hora .
El último vendedor me ha ofrecido un racimo de uva en un cucurucho de papel .¡Oh, sí , me apetece ! Y se lo compré. La uva me supo a paraíso, me supo a España.

Managua, 21 de Octubre de 2015

Mayté Bravo Bañón

Del grupo de editores

 

 

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