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EL NIÑO DE JINOTEGA. NICARAGUA EN EL CORAZÓN .CAPÍTULO IX

Toda la familia rodeaba al niño y también conmovidos, me tapaban los pies si me destapaba, había solidaridad, noté cariño, empatía, compasión , la misma que yo sentía por su pequeño

Lialdia.com /Maria Teresa Bravo B / Tarragona / España/ 6/18/2017 –  Hace tres días sufrí una de las experiencias más traumáticas de mi vida. Quizás en mi mundo :pasteurizado, esterilizado y aséptico , nunca fui consciente del peligro de las bacterias y virus del Trópico, que deben ser gruesas y potentes como puños de púgiles, a juzgar por los efectos desconocidos que están produciendo en mi organismo.
Aquella noche estar en Las Lomas de Jinotega, un lugar tan remoto para mí, tan aislada del mundo, a miles de km de mi casa, que hasta Managua me pareció lejísimos, fue sentir el escalofrío del filo de la guadaña de muerte.

Me puse tan mala en casa de Aurora, la tía de Patricia Blandón, bajo la mosquitera, con el sopor de una fiebre que me llevaba al delirio y alucinaciones, sobre la muerte, los cementerios coloridos que tanto me habían llamado la atención en cada paisaje que atravesaba de Nicaragua. Mis articulaciones me hacían encorvarme de dolor tan intenso y desconocido y los dedos de las manos se me convirtieron en garras incapaces de cualquier movimiento o de sostener cualquier objeto. Mi pobre amiga llamó al centro de salud de, Jinotega para que vinieran a buscarme con una ambulancia . No se cuánto tardó. Llegó de pronto una especie de jeep todoterreno para evacuarme por en medio de caminos enfangados por ser épocas de lluvias; pero se me hizo interminable.

Llegamos al ambulatorio y en la fachada había un letrero que me dejó estupefacta : EL DENGUE MATA y para una persona como yo, que en toda su vida ha visto a nadie con dengue, ni sabía nada acerca de los síntomas, semejante letrero solo sirvió para aterrorizarme más de lo que estaba y eso que no soy una persona hipocondríaca y que siempre me jacté de mi fortaleza de salud . De pronto atravesaba el umbral de urgencias bajo una advertencia apocalíptica.

Fui atendida con dos doctoras con mucha profesionalidad y cariño. Me buscaron hematomas por el cuerpo para descartar el dengue, pues produce parecía , por el dolor articular, más bien el chicungunya. Fue la primera vez que oí hablar de una enfermedad con nombre tan extraño. Si descartar el dengue me tranquilizó, me duró poco, pues lo de chicungunya, me intranquilizó el doble.

La fiebre de chikungunya es una enfermedad transmitida por un virus contagiada a través de la picadura de un mosquito infectado. Fue descrita por primera vez en el año 1952 en Tanzania y poco después se descubrió que se trataba de una enfermedad endémica en África (en idioma makonde –de la zona de Tanzania y Mozambique– quiere decir ‘retorcerse’ o ‘doblarse por el dolor’.

Les mostré mi calendario de vacunas internacionales. Nada importa las vacunas a los virus como el zica, el dengue, chicungunya o virus mayaro o al parásito de la malaria . Contra un listado de enfermedades para mí desconocidas, no existía nada. Todo estaría en mi capacidad de luchar de mis propias defensa.
No obstante , hasta el día siguiente no estarían operativos los laboratorios de análisis de sangre y orina y no sabrían exactamente el diagnóstico concreto.
Me derivaron hacia la sala de observaciones donde podría pasar la noche, mientras me hidrataban oralmente .
Jamás olvidaré la entrada en la sala de observaciones, fue algo brutal, por el llanto de los niños enfermos. La amable doctora me indicó que podía pasar la noche descansando en una de las camillas vacías . Yo miré y pregunté : ¿Cuál? Pues la que me ofrecía estaba manchada de sangre . Ella pregunto sí habíamos llevado sábanas limpias.
-No- le respondimos – ¡ Todo fue muy rápido y estábamos de paso !
Me negué . ¿Cómo iba a tumbarme en una camilla con una sábana con sangre ? Para eso me tumbaba en el suelo y ante mi “ remilgo “, la pobre doctora me dijo :
-Lo siento, es lo que hay .

Me pareció de una gran impotencia , buscamos y al final encontramos otra camilla vacía. Puede que el enfermo que la hubiera ocupado anteriormente se hubiera muerto allí, puede que hubiera tenido otra enfermedad contagiosa; pero no se veía rastros de sangre y allí caí rendida entre sopor , el delirio y los pensamientos de muerte tan lejos de mi casa. Pensaba en mi pobre hijo qué vaya disgusto iba a tener y otra vez la idea de los cementerios bonitos de Nicaragua; pero yo no quería morirme allí. Y encima, vaya un problema que les iba a dar a Patricia y a Henry con el entierro y todos los trámites que tendrían que hacer ¡Vaya disgusto para mis amigos anfitriones!… No sé cómo la mente puede dar tanto de sí cuando se trata de pensamientos negativos ; pero esa noche me asaltaron todos.

¿De qué me servía el seguro de viaje Mafre que me había hecho en España? Si estaba tan lejos de algún hospital Mafre que me pudieran socorrer. Agradecía estar  allí, bajo los tejados de uralita del dispensario, estar cuidada con los que podían por dos doctoras y tener a mi ángel de la guarda, Patricia, cerca de mí. Temblaba de frío, ella me daba de beber suero para no deshidratarme, en algún momento de la madrugada abrí los ojos y la vi tumbada, en la misma camilla que yo había rechazado, cubierta con la sábana manchada de sangre, pues hacía frío en ese lugar de la Sierra.
En algún momento me sobresaltaba el llanto de tantos niños febriles y dolientes entre la impotencia de las madres.Pero hubo uno que me conmovió profundamente.
Un niño de unos 6-7 años, con una vía de suero en su brazo, sus ojitos negros fijos en los míos, tan morenito ,tan guapo . Le empecé a acariciar desde mi lecho , compartiendo el mismo dolor, la fiebre y la incertidumbre.
Toda la familia rodeaba al niño y también conmovidos, me tapaban los pies si me destapaba, había solidaridad, noté cariño, empatía, compasión , la misma que yo sentía por su pequeño.

En aquella sala de observaciones, yo era una pasajera más del dolor y la impotencia humana, acariciando el bracito del niño de Jinotega.

Cuando el día empezó a clarear vi una realidad mucho más doliente aún si cabía, de todo lo vivido en la noche . Ya podía ponerme en la cola de los que habían que hacer extracción de sangre para los análisis. Patricia me ayudó a levantarme y todo mi cuerpo se encorvaba .Entonces pude ver una marea humana de enfermos que esperaban en los pasillos y hasta en la calle a ser atendidos .

El modesto dispensario había estado relativamente vacío y de pronto se desbordó de enfermos . Jamás vi tantos niños enfermos. En los dispensarios españoles hay gente mayor, a por recetas , nunca vi tanto niño enfermos, dolientes, llorando o gimiendo casi bajito . Me superaba ese momento, de ver por los pasillos a tantas madres jovencísimas, con sus hijos en brazos,¡Madres que aquí aún serían consideradas niñas que creen en los Reyes Magos y juegan a muñecas !
Pobres médicos saturados de pacientes y tratando con tanta profesionalidad y cariño, con tan pocos medios, sin nada .

A todo esto las paredes del dispensario con fotos de Hugo Chávez y de Daniel Ortega como si fueran santos, mezclando política, revolución con catolicismo, una propaganda asquerosamente machacona y para mí insultante visto cómo sufre aquí el pueblo de verdad, el de los hospitales, el de las escuelas .Algo me recordó de mi infancia, como una asociación extrapolable, ese tiempo en que en todas partes, machaconamente, estaban los retratos del régimen.
Yo había querido ir a Nicaragua para vivir con los nicas, no en un resort alejado de la realidad de un país, en plan turista guiri.
Había ido a ser uno más y de pronto estaba viviendo hasta en la enfermedad, en los hospitales, en la vulnerabilidad , como uno más de ellos.¡Qué mayor solidaridad y comprensión que lo que estaba viviendo !De pronto yo era parte de esa cola nica :del dengue, del chicunguya, de la malaria o de la tuberculosis (esa cepa tan grave que se extendía como una pandemia arrasando a familias enteras, como me contó en Telica , la doctora Carmen Torval, señora de Pedro Alfonso Morales).
El dolor, la incertidumbre, la fiebre, el miedo …una cola que me hermanaba a la misma raíz humana, a todas las colas en el mundo que estaban esperando un diagnóstico que algunas veces podría considerarse como su sentencia de muerte . A pesar de todo no me arrepentía de haber ido a Nicaragua, me sentía parte de un mundo doliente, pero viva . Nada hay que hermane más a los hombres que el propio dolor y el miedo a la muerte.

Me diagnosticaron una nefropatia apellidada glomerulonefritis, además de chicungunya. Quizás el daño renal venía producido por problemas con mi sistema inmunitario . La afección daña los glomérulos de los riñones provocando pérdida de sangre y proteína en la orina .Quizás con unos antibióticos podía empezar a remitir en las siguientes horas . Recordé las palabras del chamán Lautaro cuando me conectó al árbol de la vida, en su tienda avisándome que mis riñones estaban luchando contra algo de aquí, ya fuera polen , parásitos o algún virus …Él lo había visto .
Me sentí aliviada, aunque después he leído la gravedad de la nefropatía y quizás no debería estar tan tranquila.

Volvimos a Managua en un autobús de linea . He dormido varios días y estoy mejor. Me han cuidado entre toda la familia Blandón y el bueno de Henry A. Petrie ha venido a visitarme . Puede que los antibióticos me estén haciendo efecto en los riñones, aunque las siguientes fases del chicungunya estén por llegar y eso me intranquiliza; porque tendría que irme ya de aquí pero ¿cómo volver a España haciendo 3 escalas enferma como estoy ? Me sigue doliendo la mano derecha , tanto que he de comer con la mano izquierda y por las noches el dolor en la muñeca es tan intenso que me las paso en una mecedora cogiéndomela con la otra mano y meciéndome.

Escribir también es muy doloroso para mí ; pero hoy he querido acabar el día sin plasmar estas impresiones y escribiéndole este poema al…..

NIÑO DE JINOTEGA

Tus ojos negros,
el sopor de mi fiebre
y mi mano intentando una caricia.
Tu callado llanto,
mi impotencia
y tus hermanitas rodeándote
cual gorrón herido.
Tu miedo al dolor,
mi miedo a morir
tan lejos de mi casa.
Tu anemia de niño desnutrido,
mi chicungunya retorciéndome los dedos
hasta convertirlos en garras.
Techo blanco y el neón
azulando el escorzo de suero
y aguja en tus venas…
Nos separamos en la cola del dengue,
bajo un letrero anunciador:

EL DENGUE MATA,

entre resignadas y dolientes sombras
que esperaban su apocalíptica sentencia.
Yo volví a la burbuja de mi mundo:
esterilizado, pasteurizado, aséptico;
donde virus y bacterias carecen
de los puños boxeadores del Trópico.
Muchas veces pienso en ti,
si tu sangre ya se habrá hermoseado de hematíes,
porque comes algo más que gallo pinto y tostones.
Si brincarás feliz, con tus hermanitas,
por el patio de la escuela
y que esperarás, con ilusión, el aguinaldo
y a los Reyes Magos de Oriente;
ajeno, muy ajeno a la noche
en que nos hermanó el imposible azar de la vida,
en el mismo hospital de Jinotega.

Managua, 18 de Octubre de 2015

Maria Teresa Bravo B

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