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MIEDO O ANSIEDAD; MALEZA EN EL JARDÍN DE LA PAZ

  vida jardin

La paz se puede sembrar y construir en cualquier lugar desde nuestro corazón hasta la paz mundial…….

Lialdia.com / Lenny Z. Pito Bonilla/ Tampa/ Florida/5/27/2017 – Los jardines son oasis de armonía natural en casas, oficinas, barrios, ciudades o espacios abiertos, por eso al observarlos generan paz en contacto con la naturaleza, salvo como esta mañana cuando al mirar mi jardín observe las bellas flores multicolores rodeadas de hierba, que crece súper rápido y más por las altas temperaturas y la humedad, ella invade casi sin darnos cuenta y se convierte en la llamada maleza “mala hierba”, sentí malestar uhhhh. Me dispuse a limpiar, quitar la desagradable e intrusa hierba como pensé en ese momento y medio molesta por la tarea que de nuevo me esperaba, procedí sin saber la lección que la sabia Madre Tierra me daría y que ahora comparto.

Inmersa en la limpieza escuche que el jardín me decía: “me amas por mi hermosura, color, formas, aroma, sonidos… por ser un remanso de paz, esa misma que tanto la gente reclama alzando la voz, en marchas o manifestaciones”.En mi surgió casi en automático este ¡Si claro así es! Entonces en ese instante apareció un insecto que se plantó en la hierba, permaneció ahí un momento y se marchó antes que yo intentara alejarlo o peor aún matarlo, después llego otro y tras ese otro, mi impaciencia afloro y dije: que fastidio con estos bichos, además de hierba animales y seguí murmurando…

En medio de esta experiencia comprendí que la paz dentro de la vida es como un jardín, podemos sembrar y hacer jardines en cualquier lugar desde los miniatura, hasta el gigante que encontré en una ciudad colombiana colgado de un muro en plena vía pública, en lugar de pintar o hacer un grafiti hicieron un jardín horizontal espectacular y ni que decir de los colgantes o plantados en los techos, maravillas del mundo. De la misma manera, la paz se puede sembrar y construir en cualquier lugar desde nuestro corazón hasta la paz mundial¡es hermosa!, pero como todo jardín se llena de hierba no deseada para mí o quizá para ti, aunque si necesaria para algunos miembros del reino animal como ciertos insectos, ella es inevitable porque es parte de los ecosistemas y tiene también una función. Ahora bien, no porque la maleza crezca dejemos de construir jardines, esa es la lección del día de hoy.

Estamos llamados como personas a ser sembradores, promotores de jardines, constructores de paz, pero también el llamado es a ser jardineros, porque no podemos dejarlos a la deriva, requieren que con voluntad, dedicación y amor los atendamos, cuidemos y con paciencia retiremos de manera adecuada la maleza, sin dañar las flores y plantas. Y más allá aunque parezca increíble, como el buen jardinero debemos agradecerle a la “mala hierba” por existir, por plantarse ahí para alimentar algún insecto y a su manera cuidar del jardín, porque todos los elementos hacen parte de él. El miedo y la ansiedad emociones básicas llamadas “negativas” o de baja vibración se plantan alrededor de nuestra paz interna, pero como la maleza tienen su función, a pesar de ser evaluadas de manera individual o colectiva como dañinas, intensas y desagradables.

El miedo que surge ante un peligro presente o inminente como advertencia y señal emocional que se aproxima un daño físico o psicológico al igual que la maleza, tiene la función de llamar nuestra atención, es la alarma que nos invita a concentrarnos en lo que está sucediendo tangible o no como una forma adaptativa y quizá necesaria para la supervivencia, aunque genere desasosiego y mucho malestar, todo lo que les aseguro es posible de manejar porque ningún peso está por encima de nuestra capacidad interna de soportarlo y de descargarlo. Como sembradores de paz y jardineros de ese estado de vida, tenemos el potencial intrínseco de manejar con inteligencia esa emoción llamada miedo y de limpiarla con el suficiente cuidado para no arrasar con la belleza del jardín.

Ahora bien, lo que no debemos permitirnos es que al estar en presencia del miedo o de la maleza nos paralicemos, dejemos de actuar o de movilizarnos, porque cuando esto sucede aceptamos que el control lo asuman la inseguridad o la falta de confianza que nos incapacitan para afrontar o resolver la situación. Así poco a poco se va quedando en nosotros, hasta convertirlo en un miedo agudo con desencadenantes que se prolongan en el tiempo, se anclan, muchas veces  sin ningún aparente significado generando fobias, llevándonos hacia fuerte tensión nerviosa, preocupación y recelo con consecuencias emocionales y físicas que se ven reflejadas en la elevación de la frecuencia cardiaca, redición del volumen sanguíneo o de la temperatura corporal con sensación de frio y piel pálida, tensión muscular, aumento de la frecuencia respiratoria o sensación de agarrotamiento.

Coloquemos el miedo en su justa razón de ser, el aparece de manera involuntaria para facilitar respuestas eficaces de escape o evitación ante el peligro o por el contrario para darnos energía extra y rápida ante lo que requiere una inmediata respuesta. Siempre la funcionalidad es hacia la protección de la persona, visto así es relevante porque da paso al aprendizaje de nuevas respuestas que alejan, apartan o permiten que enfrentemos de manera eficaz el peligro… riesgo… daño… ya que se moviliza el organismo entero poniéndose en alerta, encendiendo luces amarillas y rojas con lo que puede, si se lo permitimos, responder de una mejor manera que en situaciones normales. De lo contrario,el miedo que viene a cumplir un objetivo puntual en un momento dado y de manera temporal puede desencadenar ataques de pánico y condiciones de bloqueo acompañado de hiperventilación, temblores, mareos, taquicardias, hasta llegar a situaciones catastróficas y de pérdida total de control, por eso es tan importante aprender a identificarlo, para buscar el balance entre activación y rendimiento a favor de la eficacia.

Cerca y con frecuencia aparece la ansiedad, una emoción diferente pero que se sostiene en el miedo,ya que este es su elemento principal. Ella es otra respuesta automática que se produce en el cerebro primitivo, en el sistema límbico cuando reconoce la existencia de un peligro inminente, es entonces protectora aunque no lo creamos, esta reacción neuroquímica está presente en los animales, por eso ellos huyen del peligro o lo evitan. Los humanos que al fin y al cabo somos animales para sobrevivir también la necesitamos, porque ante su presencia evitamos las situaciones riesgosas o huimos. Hasta ahí es una emoción sana, por eso es importante atender su mensaje, ver las señales, reaccionar de manera adecuada, agradecerle por venir a avisarnos algo y dejarla ir.

Cuando ante la ansiedad no actuamos en positivo, nos quedamos quietos, la negamos o no atendemos a su llamado, le permitimos con nuestra pasividad y falta de acción que se convierta en un trastorno y entonces se acomoda en nuestra vida, se ubica en una zona de confort, dando paso a la aparición de un conjunto de síntomas y sensaciones. Fija de manera desmedida el miedo y peor aún se convierte en “caldo de cultivo” de muchos de los trastornos mentales, conductuales y psicofisiológicos de ahí la importante necesidad que le brindemos toda la atención.

Las circunstancias y experiencias propias, de otros cercanos a nosotros e incluso de desconocidos en muchas ocasiones nos disponen a tener reacciones aprendidas de temor a situaciones, personas, animales o lugares entre otros, relacionados con peligros reales. Por ejemplo, si una araña nos picó o con ella tuvimos un gran susto en algún momento de la vida, mientras nos encontrábamos disfrutando desprevenidos en un jardín o hemos sabido que alguien vivió una experiencia negativa con una araña o tenemos noticias del poder venenoso de ciertas arañas, es suficiente para que siempre en adelante entremos al jardín con cautela, estemos muy pendientes por dónde caminamos o nos sentamos y sintamos cierto miedo en esos lugares, esta es una señal más de la enorme capacidad que tenemos los seres humanos para aprender. Es entonces positivo tener una pequeña dosis de ansiedad, si estamos en un lugar donde abundan las arañas, si estas son venenosas o simplemente para que seamos cautelosos como una forma de prevención.  

De otro lado, la psicología y la psiquiatría coinciden en que cierto grado de ansiedad es positivo y funcional porque contribuye con la formación y la fortaleza del carácter de las personas, tan necesario no solo para sobrevivir sino ante todo para el buen vivir, refuerza la imaginación frente a situaciones críticas, expande la creatividad y amplía la capacidad de aprender y conocer ante las múltiples posibilidades que brinda la existencia. Es como ese empujoncito que necesitamos muchas veces para tirarnos a la piscina, que nos da la energía para aprender a nadar,ser cautelosos y generar condiciones de seguridad minimizando los riesgos, pero que al final nos permite disfrutar de la experiencia.

Sin embargo, la ansiedad si no la sacamos como a la maleza del jardín y al igual que al miedo les dejamos ser y permanecer en nuestra vida cotidiana, va contra nuestro propio bienestar, ahoga la paz interna y nos mantiene en estados permanentes de desasosiego, desconfianza e inseguridad al punto que no volvemos al jardín, no nos atrevemos a limpiar la hierba, lo descuidamos y dejamos que poco a poco este desaparezca y muera… Con el tiempo lo que queda es un matorral, que claro siempre podrá volverse a limpiar, abonar y sembrar para construir otro jardín, pero mientras tanto hay tristeza, dolor y abandono, sin hablar de los costos de reparar, todo lo que sin duda alguna es innecesario y puede ser evitado.

Un tiempo corto o tristemente muchas veces muy largo de maleza… de malestar… en que la paz del jardín o de nuestra alma se altera impactando de manera negativa todo el ecosistema del planeta o nuestra esenciafísica, psicológicay espiritual es muy dañino, muchas veces con consecuencias irreparables. Lo maravilloso es que posemos un potente cerebro que si se lo permitimos y estimulamos activa su parte frontal proporcionando lo que necesitamos para superar todo,  alcanzar un mayor nivel de consciencia y marchar hacia la trascendencia, solo tenemos que darle a la energía del amor la oportunidad de movilizarnos-incluso entre el miedo y la ansiedad-, hacia la paz en nuestro jardín interno.

Lenny Z. Pito BonillaLenny Pito  Bonilla

Lenny Z Pito-Bonilla      
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