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Psicoanálisis y Educación: La termometría clásica

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Los termómetros de mercurio hoy en día  ya no están en uso, pero es interesante destacar el número de errores de diagnóstico cometidos basándose en la simple termometría

Lialdia.com / Jaime Kozak / Madrid / España / 11/13/2016 – Recuerdo de mi infancia, además de otras cosas, el asunto del termómetro. Se trataba de un tubo delgado de cristal con una línea vacía en el medio, por la cual subía el mercurio, que ese hallaba en un pequeño depósito en un extremo, y que medía la salud del cuerpo cuando se lo introducía en el mismo señalando  las temperaturas posibles que según la numeración, indicaban un grado de enfermedad u otro.

Hoy en día  ya no están en uso, pero es interesante destacar el número de errores de diagnóstico cometidos basándose en la simple termometría; se veían a diario niños tratados con antibióticos y perseguidos por enconados exámenes, a cuenta de una fiebre que en realidad no padecían ni habían padecido en aquellos momentos.

Contribuían a ello dos factores: un error semiológico y un olvido fisiológico.

El primero consiste en la exploración termométrica del lactante por vía anal. Las causas de tal equivocación eran múltiples: a medida que el termómetro se introducía en la cavidad de la ampolla rectal, lo que se percibe es la temperatura “central”.

En el lactante, el recto es aun un teatro de procesos digestivos con producción exotérmica, lo que no  sucede en el niño mayor o en el adulto; en consecuencia se toma una temperatura química.

Además, como es difícil que el niño se esté quieto, mientras tiene en el ano el bulbo del termómetro, y como estaba  puesto boca abajo se le apretaba una nalga contra otra, lo que determinaba un reflejo a la presión.

El termómetro era frotado, de manera que se trataba de una temperatura por frotamiento.

El olvido fisiológico no es menos grave; en primer lugar el bebé tiene una regulación térmica cutánea irregular e inmadura, y se muestra más frío hacia la parte inferior del cuerpo.

En tanto la cabeza suele estar más caliente, los muslos, las piernas y los pies están más fríos; ello da a cualquier observador atento, claras diferencias termométricas en la ingle  y la axila.

Además, en el niño ya mayorcito, la regulación de la temperatura, es menos exacta que en el adulto.

Bayley y Stolz encontraron que en los niños pequeños predominaba una temperatura rectal relativamente elevada, que disminuía gradualmente desde los dos años de edad.

Esta tendencia continuaba durante la pubertad y tendía a la estabilización hacia los 13 o 14 años de edad en las muchachas y unos 4 años más tarde en los varones.

A los 18 meses la temperatura media era de 37,7 ºC, y en el 50% de los casos llegaba a 37,8ºC a los 6 años, y no se hallaban demasiado influidas por el momento del día.

El juego activo, sin embargo, tendía a producir un ligero aumento.

Exceptuando los cambios de la pubertad, no se advirtieron diferencias entre los dos sexos.

jaime-kozak-nuevaJaime Kozak

Psicoanalista, escritor y poeta

De; grupo de editores

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