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El derecho al voto, la tarea inacabada de la democracia más vieja del mundo

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El 6 de agosto de 1965, el presidente Lyndon B. Johnson rubricó la ley que ponía fin a tácticas discriminatorias como los arbitrarios test de analfabetismo para negros.

Lialdia.com / Washington / 8/03/2015 –  Hace solo 50 años, Estados Unidos considerada la democracia más antigua del mundo, aprobó la Ley de Derecho al Voto, una reforma inacabada que tenía la intención de levantar las trabas a la participación electoral de los afroamericanos.

Medio siglo después de que esa ley eliminara la arbitrariedad para que los funcionarios de los estados decidieran si permitían a un negro registrarse o no para votar, EEUU sigue siendo una de las democracias de un país desarrollado con el índice de participación en elecciones más bajo y una de las pocas sin registro universal de votantes.

En 2012, solo el 53,6% de la población con derecho al voto acudió a las urnas, el tercer peor dato de la Organización de Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE), solo por delante de Japón, Chile y Suiza en comicios recientes.

Casi la mitad de los estadounidenses que podrían votar no lo hacen porque no están registrados, un problema que persiste medio siglo después de la eliminación de las barreras raciales al voto y se ha exacerbado en los últimos años en estados conservadores.

El 6 de agosto de 1965, el presidente Lyndon B. Johnson rubricó la ley que ponía fin a tácticas discriminatorias como los arbitrarios test de analfabetismo para negros, y obligaba a estados con larga historia de discriminación (la mayoría en el sur) a pedir permiso al Gobierno federal para modificar las normas de voto.

La entrada en vigor de la ley llevó a negros que jamás habían votado a registrarse en masa, a depositar votos por correo, a organizarse a la hora de elegir a sus representantes, y en 2008 (el año de más diversidad de votantes de la historia del país) a poner en la Casa Blanca a Barack Obama, un presidente de raza negra.

Pero el acceso al voto sigue siendo una carrera de obstáculos para muchos en un país donde no existe un documento de identidad obligatorio con foto, donde las distancias pueden ser insalvables, se vota en día laborable y donde un delito no violento puede privar de la posibilidad de votar de por vida.

Unas 5,8 millones de personas han perdido el derecho al voto por haber sido halladas culpables de algún delito durante sus vidas, un número equivalente a la población del estado de Maryland, con 8 asientos en la Cámara de Representantes.

Desde que en las elecciones legislativas y estatales de 2010 los republicanos tomaron el control de 11 nuevos estados, los gobernadores conservadores se han enfrascado en una lucha para hacer más complicado el acceso al voto, con argumentos contra el fraude, o redibujar distritos para reducir el peso demográfico de minorías.

Además, en 2013 el Tribunal Supremo inhabilitó la parte de la Ley de Derecho al Voto que obligaba a los estados a pedir la aprobación federal para hacer cambios en la regulación del sufragio.

Carolina del Norte ha sido, según el Centro Brennan de la Universidad de Nueva York, el más restrictivo a la hora de imponer nuevas limitaciones, denunciadas por la Unión de Libertades Civiles (ACLU) como inconstitucionales y pensadas para afectar a personas con movilidad reducida o trabajos precarios sin libranzas pagadas.

El objetivo de estas leyes, según los críticos, es frenar el registro de votantes jóvenes (que en un 80% no votaron en 2014), de minorías como hispanos (un 7,4% de los votantes en 2014) y negros (12%), y de personas de bajos ingresos, que previsiblemente se inclinarían por votos más progresistas.

Estados como Carolina del Norte han eliminado el voto por anticipado, la posibilidad de registrarse para votar el mismo día de los comicios y han endurecido los procesos de identificación.

En el otro extremo, algunos estados han comenzado a modernizar y facilitar el registro para votar; algunos como Oregón llegando al extremo del registro automático de todos las personas elegibles para votar, algo que sucede en la mayor parte de países desarrollados y que apoya la aspirante demócrata a la Presidencia Hillary Clinton.

Más votantes registrados y una mayor participación electoral permitiría rebajar la polarización política y los extremos tanto en los demócratas como en los republicanos si, como sugieren los datos del Centro de Estudios Pew, EEUU no es un país dividido ideológicamente… hasta que llega la hora de pasarse por las urnas. EFE


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