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Vencer la depresión favorece la paz

Depresion 

Uno de los males más graves de nuestra era es la depresión, ella no permite a la persona que le ha dado cabida, optar por los estados permanentes de felicidad.

Lialdia.com / ©Lenny Z. Pito Bonilla / Nueva York/ 3/21/2015 – Afirmamos que los enemigos de la paz son las guerras civiles, bilaterales, territoriales, raciales, religiosas, los conflictos armados, las batallas políticas, económicas, sociales, tecnológicas, el terrorismo, las guerrillas o la violencia en todas sus expresiones, muy cierto, pero una afirmación que centrada en lo macro desatiende lo micro, a quienes están detrás de todo, a los gestores, a los individuos que hace parte de cada foco de desestabilización en sí mismos, sus familias, las escuelas, las comunidades y las naciones, porque tanto ellos como las sociedades en general, no se ocupan o por lo menos como debe ser, de la salud, el bienestar y el equilibrio mental-emocional de la gente, dejando que males tan poderosos como la depresión invadan como plaga y contribuyan así con la desarmonía del planeta.

Si concebimos la paz en primer lugar como un estado interno por el que cada uno opta, nos vamos haciendo más y más conscientes que toda aquella energía de baja vibración que desde su interior millones de personas viven y proyectan cada día, tiene impacto sobre la paz en general, como aquella basura que  se vota fuera de lugar y que al final del día equivale a millones de toneladas de desechos dañinos que impacta sobre la madre tierra y la salud pública. Cuando hay trastornos, disfunciones, conflictos, crisis y psicopatologías, se rompe ese diálogo interno fluido que debe existir siempre entre el cerebro y el corazón, el que guía sentimientos, pensamientos, decisiones, comportamientos y acciones en cada ser humano, que si bien son inevitables, tienen la misión de enseñar y no de dañar. Hemos perdido sensibilidad frente a ellos convirtiéndolos en reales, poderosos y silenciosos misiles auto destructores, porque los vemos con tal trivialidad que los dejamos pasar, que floten a la deriva, que se apoderen de la cotidianidad. En el imaginario individual y colectivo, en los gobiernos, en las administraciones públicas y privadas da miedo reconocerlos, aceptarlos, educar para su conocimiento y manejo porque es más cómoda la ignorancia, la indiferencia, el decir con tal tranquilidad “eso pasa”, “eso no es conmigo”, “yo no me meto”, “no me importa”, “ese no es mi asunto”, es parte de la vida el dolor, el sufrimiento, la tragedia, la maldad y no se puede hacer nada. Con esta cultura  de insensibilidad, permisividad e inactividad la humanidad cae en un abismo cada vez mayor de fuerte presión y estrés centrado en el tener, el hacer y desfasado del ser, en el que se deja atrapar por “demonios” que oscurecen el alma, cánceres psicológicos como la depresión, auténticos enemigos de la paz.

Uno de los males más graves de nuestra era es la depresión, ella no permite a la persona que le ha dado cabida, optar por los estados permanentes de felicidad, gratitud, plenitud, equilibrio y amor aun en medio de la adversidad y de las dificultades propias del vivir. No le deja apreciar su verdadero valor interno y todo su potencial humano, porque ejerce alta presión, haciendo que en el camino de la vida la mirada se fije en las piedras, los baches y los obstáculos los que a manera de yugo, no dejan a la persona que la sufre comprender que a pesar de los tropiezos, es posible caminar con firmeza o mejor aun levantarse de las caídas, superar las barreras, mantener la vista sobre el horizonte y ver el paisaje al frente. Como la gallina, el que padece depresión, se queda en el pica y pica con la cabeza siempre hacia el piso y no logra erguirse como el águila, que aunque también pica, mira hacia arriba y decide levantar vuelo tan lejos y tan alto como su capacidad interna se lo permite.

La  depresión es una grave psicopatología, con componente bioquímico pero ante todo emocional y afectivo, impacta de manera negativa al organismo y es la raíz de muchos males corporales al desestabilizar los sistemas inmunológico, nervioso central y glandular. La persona que la experimenta se enferma del sentir, del cómo se siente, sufre con mucha frecuencia e incluso en forma permanente o por largos periodos trastornos en su personalidad, tristeza o pena profunda, intenso dolor, miedo y pánico paralizante, ansiedad y tensión generalizada en extremo, porque pareciera que el mundo se le viene encima, es enemigo, es asfixiante. Experimenta  pérdida paulatina de vitalidad, es decir se le escapa la fuerza vital por entre las manos, esa que mueve el universo interno, la energía del alma, el eje central de la automotivación y la autoestima, lo que en últimas permite que  cada día el ser humano se levante de la cama con un propósito y al final del mismo, se vaya a dormir con esperanza.

Uno de los cánceres mentales más peligrosos del siglo XXI, asesino silencioso, que carcome la psique, por lo que no se puede seguir subvalorando, considerando como un estado “normal” de ser o de estar dentro del estresante vivir de la época o una cruel y dolorosísima moda. La depresión lleva a la persona a dejar que los pensamientos se desborden y fluctúan entre el creer que los demás no la valoran (padres, maestros, compañeros, jefes, pareja y hasta hijos), y su propia des-valoración, esto puede llegar a tal punto que la persona distorsiona su realidad y con el tiempo llega a verse en forma negativa y con profundo miedo a sí misma, a el mundo y a el futuro, hasta alcanzar altos e inmanejables niveles de desamor, desesperanza, pérdida de confianza y de seguridad. Ante tal decaimiento los antidepresivos cumplen el papel de sostén y control, pero es importante que se reconozca y se tome conciencia que ellos no sanan.

La sanación que debe apuntar al abordaje integral implica en primera instancia superar el ego y con humildad reconocer que se necesita ayuda externa y profesional encaminada a: Reprogramar actividades pero ante todo trabajar el valor de moverse hacia el auto-refuerzo, el amor propio y el sentirse bien consigo mismo desde el interior, sin necesidad de estímulos externos y de aprobación. Observar los pensamientos automáticos destructivos, analizarlos y cambiarlos en forma consciente, que no es otra cosa que darse cuenta de la vivencia y actuar. Volver la mirada hacia sí, hacia su conciencia plena, aceptándose tal como es, valorándose y empezando a rescatar su grandeza, su potencial, su dignidad, sus dones y su divinidad. Relajarse, reconectarse con su esencia, concentrarse, meditar, orar, tomar las riendas de su existencia humana y reformular en el perdón y con amor su propósito de vida.

Es responsabilidad de todos tener los sentidos y la mente abiertos para reconocer cuando alguien a nuestro lado padece depresión, darle apoyo como se lo damos al que padece cáncer, alcoholismo o esquizofrenia, porque ella es igual de grave y su poder tiene la capacidad de autodestruir a la persona que la padece, desde llevarla a vivir en la desdicha y sin sentido, hasta atentar contra su vida o la de otros. Es hora de pellizcarnos como sociedad sobre el particular, compadecernos, no se trata de decirle a la persona “tranquila”, “lo que vives no es para tanto”, “no te aflijas”, ”eso pasara no le des tanta importancia”, “estas exagerando” o “diviértete”, se trata de sacar a la luz este problema que si es de todos, porque es fruto de sociedades y familias enfermas, dejar de sentir vergüenza porque nosotros, un familiar o un ser cercano está invadido de este enemigo de la mente o perdió la batalla bajo su influencia, ya que al final es el enemigo tuyo y mío también, debemos tomar acción porque quien vive bajo el efecto de la depresión no vive en paz y por tanto no puede transmitirla, en cambio aun desde su hueco, su rincón oscuro, su silencio profundo impacta en forma adversa, dolorosa, triste y hasta trágica la paz de todos. Procuremos en sobredosis alivio y balance para el enfermo de depresión, su familia, su contorno y con ello contribuiremos desde nuestras posibilidades particulares, en forma importante, con la paz de la humanidad.

Para complementar el tema ver “La depresión, un reto a vencer” (escritora invitada en el blog Mama XXI): http://www.mamaxxi.com/la-depresion-un-reto-a-vencer-escritora-invitada/

Lenny Z. Pito Bonilla©Lenny Z. Pito Bonilla

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Comments (2)

  • Carmen Eugenia Perini

    La depresión sin duda y por experiencia propia es una enfermedad de sintomátologia silenciosa pero cuando desata sus signos es muy destructora. El punto más importante es el grupo de apoyo el cual es un pedestal que fomenta la esperanza y enciende por momentos la luz en un túnel que parece nunca iluminarse. Es muy importante buscar ayuda. A quien sea , a donde sea, como sea hay que rescatar La Paz y armonía interior.

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