Psicoanálisis y Educación: EDUCAR NO ES DOMESTICAR
Servicios de Long Island Al Día
www.Lialdia.com
Por: Jaime Icho Kozak
Educar a un niño es la tarea central de la familia. Dicho proceso es un resultado, de las posibilidades del niño y de las exigencias del contexto, se trata de dejar aprender, digamos de permitir crecer.
Hay quien puede llegar a confundir educación con domesticación. La domesticación es un condicionamiento de hábitos, teniendo en cuenta de manera principal y focal los requerimientos del ambiente.
De allí que dicho término, se reserva para aplicarlo a los animales llamados domésticos y en realidad, se debería decir domesticables, lo que etimológicamente quiere decir adaptables a la casa. De modo que habituar a un perro o un gato, a hacer sus necesidades en un determinado rincón, es un típico acto de domesticación que atiende a la comodidad de la casa y no a las necesidades del animal. Puede haber quién no discrimine ambos procesos en un primer momento, ya que al bebé se le habitúa a un ritmo de comida, de sueño, de limpieza, de convivencia activa que atiende a pautas familiares. Sin embargo desde la primera hora, pienso que se deben atender las necesidades, posibilidades y apetencias legítimas del niño, que poco tienen que ver con la domesticación.
Pensando entonces en el carácter evolutivo y dinámico, de las funciones familiares en su conjunto, diremos que en todas las etapas y transiciones el medio familiar ha de ofrecer al niño o la niña, una actitud que atienda a sus necesidades psíquicas básicas que actúan como estímulos.
Por ejemplo, para citar algunas cuestiones, será fundamental:
1 –La respuesta emotiva;
2- La seguridad; y
3- La necesidad de experimentar cosas nuevas.
No se trata simplemente de darle u otorgarle esto o aquello, sino de una actuación surgida de los requerimientos y demandas del niño en su proceso formativo, junto a los mecanismos culturales de cuya actuación es responsable el grupo familiar. Vista así la cuestión, la educación deja casi del todo de poder ser considerada como una domesticación; ello obliga al conocimiento y reconocimiento de la situación “desde” el niño.
Señalado de esta manera, el carácter evolutivo y dinámico de las funciones familiares en su conjunto, veamos algunas cuestiones que debemos ofrecer al niño para que desarrollé actitudes psíquicas básicas para su crecimiento.
La respuesta emotiva, es lo que da al niño el clima de apoyo afectivo imprescindible, para que cualquier criatura humana pueda conducirse “normalmente” en su proceso de socialización. Incluso las necesidades más básicas, tienen que estar acompañadas de un grado elemental de gratificación afectiva, tanto que no se trata solamente de un efecto sentimental, sino de un estímulo biológico esencial. Quiero señalar, que en la instituciones de salud mejor atendidas y equipadas, se ha demostrado con absoluta regularidad, una mortalidad infantil mucho más alta, que bajo algunas condiciones antihigiénicas de ciertas propuestas domésticas. A este lamentable fenómeno, se lo ha llamado “hospitalismo”. Esta claro, que un estímulo afectivo, no significa exceso de cariño directo, constante y omnipresente, ya que si bien son muchas las consecuencias nocivas de la falta de afecto, son también muchas y tal vez más nocivas, las de su exceso.
El niño debe sentirse querido no empapado de cariño.
Por otro lado, dentro de su familia el niño debe no sólo sentirse seguro, sino además percibir que las figuras familiares son fuente de seguridad y apoyo. Además de sentirse querido, el niño necesita y debe aprender a querer.
También es importante considerar: la necesidad de experimentar situaciones nuevas, que es en el niño la resultante de su maduración activa y de su creciente adquisición de posibilidades, que deben ser sistemáticamente ejercitadas. En dicho proceso, el niño aprende a tener experiencias positivas frente al aprendizaje, que le posibilitan una respuesta afectiva satisfactoria por parte de los otros y afirma su sensación de seguridad..
Tales funciones son el resultado, no sólo de la cantidad de tiempo que se les dedica, sino de la calidad funcional que los adultos consiguen en su desempeño. Los personajes familiares, representan significaciones psíquicas y afectivas definidas. Y el crecimiento, está en gran medida relacionado, con la interacción que se establezca en los contactos con el niño o la niña y de cómo los adultos, entienden y atienden a las necesidades elementales aquí señaladas.
Recordemos el libro “El Principito” de A. S. Exupery, que nos dice: “Lo esencial es invisible a los ojos”.
Jaime Kozak
RadioTV
Muy bueno!!!