Psicoanálisis y Educación: cuerpo sano, en mente sana
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Por: Jaime Icho Kozak
Un antiguo lema clásico: “mens sana in corpore sano”, insiste en que la base de un estado mental normal es una buena salud física. Como sucede con ciertas frases hechas, ésta se repite desde hace siglos y se la acepta como un dogma y una regla de conducta. Y va siendo momento de considerar dicha frase, a la luz del progreso en el conocimiento del hombre, según el estado actual de las ciencias. Más exactamente, en la actualidad diríamos lo contrario: un cuerpo sano se sostiene por una mente sana. Ningún cuerpo puede permanecer sano, fuerte, sin una vida psíquica y afectiva satisfactoria. El gran progreso de la medicina, consiste precisamente en haber establecido que los conflictos afectivos, se traducen, en general, en el corto o mediano plazo, en enfermedades orgánicas manifiestas.
En el siglo veintiuno, ningún hombre culto o en su sano juicio, ignora que una úlcera gástrica o duodenal puede tener su origen en un conflicto psíquico, es decir, inconsciente. También es muy arriesgado, desconocer el alcance de problemáticas emocionales en la producción de por ejemplo, un eczema crónico. Antiguamente, era común creer que la gente era alegre y optimista porque se sentía sana; hoy día es más lógico pensar que la gente es sana porque se siente alegre y optimista. Este cambio total de la visión de las actitudes, encuentra una valiosa explicación en la vida infantil. Digamos que, exceptuando los casos de una lesión orgánica “constitucional”, en los niños nacidos “normalmente”, cuando se resfrían a menudo, o tienen anginas repetidas, diarreas frecuentes, cólicos o vómitos o una serie de manifestaciones irregulares, estas situaciones físicas deberían llamar nuestra atención, en el sentido de que algo no funciona armoniosamente en su ámbito de crecimiento. Es probable que encuentren trabas a su desarrollo y autonomía, que estén sobrecargados con temores de los adultos; que encuentren dificultades para interactuar con otros niños, o para asistir a la Escuela Infantil o jugar libremente en contacto con la naturaleza y en sociedad.
La experiencia pediátrica enseña, que a veces un replanteo en el estilo de vida de un niño, cura procesos que no remiten con los más modernos medicamentos. El desequilibrio emocional de los niños aumenta y prolonga las enfermedades comunes. Un caso recurrente puede ser la tos convulsa, que de curso breve y benigno en niños normales, se prolonga durante meses en aquellas oportunidades, en los que una excitación continua, acompaña a la asistencia dramática y excesiva de cada acceso. En tales casos, los cuidadores, sin darse cuenta, infiltran un estado de ansiedad, que si no se puede controlar o elaborar, da lugar a que si en un principio el niño tose por la enfermedad, sigue tosiendo por la atención y cuidados especiales que consigue con la tos.
Los niños que crecen en un clima de serenidad y confianza, raramente se enferman, aunque las condiciones materiales sean relativas. Una sociedad materialista y una medicina solamente organicista, tal vez hayan hecho creer a los padres que su primer deber, era dar a sus hijos comodidades materiales y medicamentos modernos. La realidad clínica, nos recuerda que en el exceso de medicación o la ausencia de comprensión, surgen males misteriosos: insomnio, obesidad, anorexia, cansancios inexplicables etc. Un conjunto de síntomas que si bien no amenazan la vida infantil hacen la vida más desdichada al niño y a su familia.
La salud es una fuerza poderosa y altamente contagiosa.
Sobre la salud personal del niño hay una salud del conjunto familiar.
La salud de cada uno influye sobre los otros. La enfermedad de un miembro puede desintegrar la relación familiar, o bien poner a prueba y fortalecer el vínculo amoroso, mejorando las condiciones de producción de la salud.
Martine Crouste
Excelente nota !!