PSICOANÁLISIS Y EDUCACIÓN: ENFERMEDADES DE LA FAMILIA
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Por: Jaime Icho Kozak
Para comenzar diré: cualquiera sea el tipo de familia que se adopte, se trata de una institución que es una constante en las diferentes culturas, y cumple una función como intermediario vinculante entre cada sujeto y la sociedad. Las fórmulas son variadas, y de cada una dependerá la situación básica del desarrollo de los hijos, y la imagen de lo que es una familia para cada niño.
Así por ejemplo, los planteos pedagógicos y la integración social y psíquica, de un niño que nace en una pareja que se ha ido a vivir a un medio nuevo, será diferente a la de otro cuyos padres estaban rodeados de familiares y amigos radicados hace tiempo en su lugar de nacimiento. La tarea de una familia no es unidireccional, no se trata solamente de formar hijos, también se trata de formar padres. Y transformarse en madres y padres, no es únicamente un hecho biológico, sino un acontecimiento simbólico, en el amplio sentido del término.
Si consideramos una familia como un conjunto psíquico, biológico y social, con un funcionamiento que depende de la coordinación de sus miembros entre sí, bien se puede considerar que, como tal se puede enfermar. Quiero decir, que la noción: “Enfermedades de la familia”, no es una exageración de las palabras sino un modo de plantear una realidad clínica. Según concebimos las disfunciones o las enfermedades, tendremos una actitud terapéutica u otra y también, una profilaxis eficaz o confusa.
Nos estamos acercando a aquellas enfermedades de la familia, cuyo punto sensible de manifestación es un niño. Antiguamente se intentaba curar al niño antes que nada, sin llegar a preguntarse si sus trastornos o inconvenientes eran o no eran, la expresión de alteraciones de un organismo del cual forma parte. Por ejemplo, cuando un niño tenía terrores nocturnos, se le administraba un calmante sin valorar que el miedo es el síntoma nocturno de la vida diurna del pequeño, es decir, de las relaciones familiares y que tal vez, es a ese entramado al que habría que tratar para solucionar dicha situación tan incomoda.
Cuando un niño tose, inmediatamente los padres exigen un jarabe, cuando no le administran, por su cuenta y riesgo, gotas o supositorios “contra la tos”, sin saber admitir que la tos es resultado de un proceso defensivo del organismo, que en la generalidad de los casos, debe respetarse y que exige ser calmado, solamente en razón de su violencia.
No podemos detallar aquí todas las enfermedades de la familia, apenas poner de relieve algunas características de estas disfunciones. Suelen tener una sintomatología variada y diferente, aunque suelen presentar una patogenia semejante y una etiología con muchos puntos en común. Los síntomas más frecuentes pueden ser: vómitos o inapetencias; sonambulismo; urticarias o rabietas; agresiones o constipaciones; convulsiones o accesos asmáticos; distracciones, obsesiones, tics y otras manifestaciones. La patogenia: muestra una alteración en el funcionamiento de las partes de la familia y la no aceptación del niño de las pautas culturales. La etiología: es la actitud de los adultos frente a sí mismos y en relación a los hijos. El proceso se puede observar en un gran número de casos, cada uno con sus matices e intensidades.
Y se necesita una actitud valiente y una visión singular para poner al descubierto la verdad de dichos procesos.
La curación puede obtenerse, cuando se reconoce lo equivocado de ciertas conductas, acompañado de una leal rectificación de prejuicios, lo cual es difícil de realizar sin una ayuda especializada. No es cuestión de hablar de la curación de un malestar inmediato, sino de una reestructuración del conjunto que representa una familia, es decir, que lo que debe atenderse y tener en cuenta en el momento de una intervención profesional, es que lo que está en juego afecta a todo el grupo familiar.