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Me acaban de robar la cartera

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Fotos y texto: Agomez

 

¡Me acaban de robar la cartera! -noté al meterme la mano en el bolsillo de mi disfraz. Miré a mi alrededor y vi alejarse corriendo, entre la multitud, a un hombre con un traje morado y un sombrero.

-Me han robado. Enseguida vuelvo – dije al amigo que iba conmigo.

Salí en persecución del presunto ladrón, creyendo que era el carterista que me había robado.

-Pero, ¿a dónde vas? ¡Espera! –me gritó mi amigo mientras me alejaba.

Comencé a perseguirle, entre la marea de gente que se agolpaba con motivo de la celebración del Carnaval. Entre empujones, zigzagueos e injurias de la gente, me abrí paso como pude, para no perder de vista al ratero. Consiguió alejarse por una calle transversal menos transitada, aunque pude seguirle. Llevaba un buen rato detrás del supuesto ladrón cuando, de pronto, tropezó cayendo al suelo, girando su rostro hacia mí, al levantarse. “Va maquillado como Joker –pensé-. Es Joker, es Joker“.

“Deténganle -grité al reconocer al personaje. Intensifiqué el ritmo de la persecución; ya casi era mío-. Deténgale, detengan a ese hombre, al Joker”-grité al borde de la extenuación, mientras corría tras él, sin conseguir ninguna colaboración por parte de los transeúntes.

“Dosifica tus fuerzas -me decía a mi mismo-. No sabes cuánto puede durar esta persecución, sólo síguele”.

De improviso, el carterista cambió bruscamente de dirección hacia otra calle, tropezando con una mesa de la terraza de un restaurante, que se encontraba abarrotado, cayendo al suelo. “Vamos, que ya es tuyo” -pensé. Utilicé mis últimas fuerzas, esprinté y, de un salto, conseguí abalanzarme sobre él cuando intentaba incorporarse. El peso de mi cuerpo sobre él consiguió reducirle, como yo pretendía. Me mantuve encima unos segundos, tratando de inmovilizarle para que no se escapara, pero en el forcejeo pudo voltearme y zafarse. Nos situamos frente a frente, tratando de levantarnos, sin llegar a poder hacerlo por completo a causa del agotamiento.

Fue entonces, rodeados por los clientes del restaurante, cuando intenté explicarme, pero el cansancio que sufría era tal, que sólo pude balbucear desfallecido a la vez que le señalaba “Joker. Él…” En ese momento comprendí que la multitud que nos observaba estaba asistiendo atónita a una escena absurda y que no iban a ayudarme, porque no sabían lo que había sucedido.

El Joker aprovechó mi momento de duda para levantarse y, lanzando un grito de guerra, correr hacia mí. Casi no tuve tiempo de reaccionar, pero pude apoyar mis dos pies en el suelo, e impulsarme para placarle, como si fuera un jugador de rugbi. El carterista cayó de espaldas contra el suelo y yo encima, golpeándose contra el bordillo. Le sujeté los dos brazos, mientras se quejaba de dolor, hasta que se rindió. Inmediatamente, todo el mundo empezó a aplaudir y a hacer fotos, ante las cuales levanté el brazo derecho con el puño cerrado en señal de triunfo. En ese mismo momento apareció la policía y nos detuvo a los dos.

Pasé la noche en el calabozo de la comisaria, hasta que, al día siguiente, el amigo con el que había ido al carnaval vino a buscarme, y tras pagar una pequeña fianza, pude marcharme.

-¿Tenía tu cartera? – me preguntó mi amigo.

-No. Debí perderla –respondí afligido.

-Mira, sales en una foto en la prensa, en la sección de sucesos. El Joker en el suelo y tú encima de él, con el puño levantado -me dijo mientras me daba el periódico, abierto por la página en cuestión, a la vez que se reía-. Y no te pierdas el titular…

Batman salva la ciudad del malvado Joker.

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