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Las mulitas de Claudio / Henry Petrie

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Autor:  Henry Petrie ( Nicaragua)**

Va contento el mulero Claudio luciendo elegantes vaquetón, camina hablándole con cariño a sus mulitas, bien cargaditas de café, bien cargaditas de café.

Y sale todas las tardecitas tarareando una canción, recordando a la mocita que ahora es su mujer, bien cargadita de cipotes, bien cargadita de cipotes.

¡Cómo se infla Claudio cuando de aperar se trata! A cada mulita les dice que bien las quiere, de tanta emoción y cariño un beso en las amplias trompas les da. Para que les rindan más, para que les rindan más.

Claudio es hombre de buena y paciente mujer, padre de ocho cipotes que en manada se entienden; muy de mañanita busca su abrazo y beso, para que en el día todo vaya bien, no crea don Lolo que luego lo engatusará.

La leña está servida, mujer, siempre avisa desde el fondo; la cocina se apresta a sabrosos frijoles fritos, cuajadita, tortillitas y cafecito caliente, para que no se nos resienta el armatoste mi hijito, para que no se nos resienta el armatoste mi hijito.

Hacer las cuentas del día es la vida del padre, la familia de mulero su vida tiene en las mulas; el cuido, por eso, es mejor que a cualquiera, un hombre enfermo es repuesto, una mula enferma cuánto cuesta.

Las mulitas de Claudio son cinco, cinco son. Al día veinte leguas bien cargadas se echan, cada una con dos quintales de café, ¡ay que ver cómo cargan!, ¡ay que ver cómo cargan!

La Cenicienta, La Regalada, La Prójima, La Bendita y La Santita llevan por gracia, cada una con su historial pero con un solo amo, que las protege y les da amor.

Por el camino las bandidas van, resoplando y resoplando, pero qué le va hacer, si son las hembras de su vida, y entonces canta para endulzar su carga: Si yo fuera mulo, si yo fuera mulo, el macho de ustedes fuera.

La Cenicienta es la más débil, de vez en cuando patina y pendiente Claudio tiene que ir. Sus pezuñas son pequeñas, su cola discreta y sus ojos querendones.

Un día a visitar fue Claudio a su compadre amigo, de gran timba y fortuna, sólo para saludarlo. El bondadoso por mandato divino, creyendo que la tierna mula se moría, mejor y para evitarse molestia, en regalo ligero se desprendió. Para que le aproveches, Claudio. Para que le aproveches, Claudio.

La providencia quiso darle larga vida, aunque poco lleva cargando, y todavía macho alguno no se le encarama, bien arisca y huyona salió.

La Regalada si que fue un regalo del señor, pidiéndosela y él que la puso, fue mágica la cosa, de repente y sin aviso, la vio venir solitaria en la noche de Luna Llena. ¡Lléname de gracia, Señor! ¡Lléname de gracia, Señor!.

Tiene el lomo carnoso, el más carnoso de todas, con fuerza increíble y andar ligero. ¡Qué cola tan tupida tiene! En lo que cabe de pelo, pues. Es fuerte y ligera, es fuerte y ligera.

A esta mulita ya la jodieron, fue un caballo bandido pero bueno, cuando la vio se arrechó, luego al verla feliz se resignó, y al ver que relinchaba después, ¡a pues, qué mulita más altanera!

La Prójima, la compró Claudio con mucho esfuerzo y sudor, el tío Ruperto en las malas estaba y tuvo que vender. Mal no ha salido la mulita, pero es la más echada de todas, ¡vaya qué condenada!

La mujer cuenta no se dio de la compra, cuando de pronto en el patio tres mulas vio, reconoció a La Cenicienta y a La Regalada, ¿pero… y esa prójima?, preguntó al marido soñoliento. Así se llamará, así se llamará.

Lo más hermoso es su mancha gris en la frente, mancha que no se quita ni se pierde, ¡bendita sean las señas para no perder ninguna! La Prójima no se cansa de estar echada.

La Bendita tiene una historia diferente y parecida a la que viene después. Una historia de agua bendita y de cura bien agradecido por favor prestado, fue un préstamo, tan sólo un préstamo que se olvidó y se quedó por ventura.

Por el camino de la Mina de la Reina no supo el cura qué hacer, montar una mula fue cosa extraña, con chimaduras en el mancuerno decidió caminar; al encuentro con Claudio no aguantaba la sed, una pichinga de agua se empinó para beber y de ajuste unos tamales también.

Gracias, hijo mío, dijo el cura, y como todo favor a la iglesia tiene recompensa, entregó prestada a su mula, la más bajita de todas, con oración, bendición y todo cuento, para que en la carga no falle. ¡Vaya bendición señor cura! Bendita será su nombre, Bendita será su nombre.

Y finalmente, La Santita, que de santa es pura equivocación, todo por la vieja del otro lado, que es medio ciega y a las mujeres las llama santitas, porque son santitas aunque pequen, porque son santitas aunque pequen.

También a esta mula compró, más cara costó que La Prójima, pues se trató de un cualquiera que vendía; con ésta fue Claudio donde la vieja, su mujer urgía de yerbas curativas que ella bien conocía.

Claudio amarró a la nueva mula a un árbol y se apartó a mear, la vieja desde la puerta decía: ¡ideay Santita! Entrá, no te quedés ahí plantada en el árbol, no mirá que de largo no miro. Y así se quedó la mula, Santita con pecados, pero Santita porque la vieja bien no vio.

Una vez, desde muy temprano, aperó a sus mulitas Claudio; el encargo urgía a su contratante. Treinta quintales en tres viajes fue la tarea. ¡Ay Dios mío, que no se me rindan mis amores!

Con vaquetón en los pies, sombrero y bien despierto puso jáquima y aparejo de madera desnuda, con cinchón y grupera bien ajustados. Cinco gamarrones para diez quintales de café y un viaje.

Tanta encomienda no tuvo en su vida Claudio, tanta que por poco revientan sus mulitas y su vida ahí no más quedaría. La necesidad mandaba y la plata buena era, bien valía la reventada.

Si yo fuera mulo, si yo fuera mulo, el macho de ustedes fuera, cantando venía Claudio en su viaje tercero. Diez horas de idas y vueltas, pisando polvos, de cargues y descargues. ¡Qué trabajo de mulero! ¡Qué trabajo de mulero!

Él mismo iba casi reventado, no soportando resoplidos y hamaqueadas de sus mulitas, miraba a cada una con pesar profundo, el corazón pequeño se le hacía, ya vamos a llegar, ya vamos a llegar.

Treinta quintales de café para cinco mulitas fue mucho, no señor, cómo va creer, si soy hombre de consideración, y luego decía Claudio, que no hacía más que un viaje por amor, sí, por amor a sus mulitas, pues sin ellas qué vida tendría.

Mal muerto y mal muertas llegaron, sin comer y un poquito de agua en toda la jornada, con plata bastante en la bolsa, pero mal muerto y mal muertas llegaron, sin más aliento que el descanso.

Al otro día, llegó de nuevo el contratante aquel, ofreciendo buena paga por igual cargamento, echó una mirada compasiva a sus mulitas Claudio, miró a La Cenicienta, a La Regalada, a La Prójima, a La Bendita, y finalmente, a La Santita. Todas echadas, comiendo zacate.

Pensó que dos días era brutalidad, sus mulitas su vida son y él su macho fuera, de ser mulo, de ser mulo, claro está, pero no pendejo. Dos viajes no más, dos viajes no más y para pasado mañana, pues por ganar buena plata hoy, los mañanas con mulitas muertas su desgracia serán.

En mis mulitas ando la vida,/ no habrán cargas que me las maten;/ bien puesto llevo el corazoncito,/ sus resoplidos duro golpean/ en la sien, en el pecho que llevo./ ¡Mulitas, mulitas, malas no son!/ Un beso en las trompas a darles voy.

Claudio hizo largos y continuados recorridos, un viaje, dos viajes, no más, inventando canciones, hablándoles, queriéndolas; no importa la buena plata de hoy, sino los mañanas con sus mulitas felices y sanas.

¡Vaya qué mulero! ¡Vaya qué hombre! ¿Verdad? Y pensar que la ambición no sólo vidas de mulas ceja, por tan mal corazón, por tan mal corazón.

(Del libro de relatos y cuentos Guanuca, publicado por Editorial El Renacimiento en el año 1999, Nicaragua. Para Julio Valle-Castillo se trata de una novela fragmentaria).

** Henry Petrie

Nació en la ciudad de Managua, Nicaragua, el 18 de mayo de 1961. Escritor, poeta y ensayista. Gestor cultural. Especialista en Desarrollo,  Organización y Liderazgo Social Comunitario. Ha sido forjador y fundador de varias organizaciones juveniles y socio-culturales nacionales e internacionales. Impulsor de la organización de escritores y escritoras en el ámbito centroamericano. Miembro del Centro Nicaragüense de Escritores, Pen Nicaragua y de 400 Elefantes. Asesor del Foro Nicaragüense de Cultura.

http://www.artepoetica.net/Henry_Patrie.htm

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Comments (3)

  • Beatriz Basile

    En este relato,el autor nos acerca un mundo ignorado por muchos .Su palabra,minuciosa,rigurosamente pensada ,sigue la cadencia del paisaje y descubre el alma de los muleros unida a sus animales a través del tiempo y de la historia de un pueblo.Mis felicitaciones

  • CROUSTE Martine-Annie

    Mucha musicalidad, mucha ternura, mucho color y mucha vida en este relato maravillosamente escrito que me encanta. El tiempo de una lectura me transporté a otro universo…el universo de los cuentos de mi infancia. Felicitaciones Henry y gracias.

  • CROUSTE Martine-Annie

    Mucha musicalidad, mucha ternura, mucho color y mucha vida en este relato mara villosamente escrito que me encanta. El tiempo de una lectura me transporté a otro universo…el universo de los cuentos de mi infancia. Felicitaciones Henry y gracias.

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