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HOMENAJE AL MUTAMID, EL REY POETA DE SEVILLA

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Texto y fotos: María Teresa Bravo Bañón

(Sevilla 1040- Agmat 1095)

La autora desde los jardines del Alcázar de Sevilla

 

Mi querido Al Mutamid :
Te escribo desde los jardines del Alcázar de Sevilla, donde los primeros azahares de la incipiente primavera , perfuman el aire en ebriedad perpetua de jazmines.

Ay, mi Rey, ¡cuánto debiste sufrir por la pérdida de estos jardines y de tus suntuosa frescura de los patios de tus palacios, allá en las tierras yermas del exilio!.
En esa travesía embarcando en el Guadalquivir, camino del destierro hacia África, con tu amada Rummaykiya andrajosa, tu hija vendida como esclava y tus familiares en la miseria.

Allí, lejos, Mutamid escribiste tus mejores poemas al tiempo ido, a la belleza gozada y perdida, a tus cadenas y a los cuervos de Agmat, donde un día de otoño de 1095 se abrió la tumba que te acogió .

Ibn al-Abbar, tu amigo poeta , escribió de ti como epitafio:

“Se ganó el amor y la compasión de las gentes: aún hoy le lloran”.

El mismo Ibn Hakam que también dijo de ti:

“Era el más liberal, hospitalario, magnánimo y poderoso entre todos los príncipes de Al-Andalus. Gustaba de brillantes tertulias (maylis) entre amigos poetas, esbeltos coperos y hermosas esclavas cantoras. Para entrar en su círculo íntimo había que mostrar gran capacidad versificadora y de improvisación. Y, como oyera recitar unos versos de ‘Abd al-‘Azîz, acerca de la felicidad, afirmando que ésta era tan fabulosa como el cuento de un poeta que había recibido un regalo de mil ducados, ordenó darle enseguida la suma indicada”.

Pero vives en tus versos y en leyendas legendarias de tu estirpe de los Abbadíes.

Eras el príncipe poeta, tu padre te envió a la corte de Silves, en el Algarve, para ser educado Abu Bakr Ben Ammar, talento excepcional en todos los órdenes de la vida , pero que también te inició en otros placeres prohibidos .

“Apareció, exhalando aromas de sándalo,
al doblar la cintura por el esbelto talle,
¡Cuántas veces me sirvió, aquella oscura noche,
en agua cristalizada, rosas líquidas!”

Enterado tu padre, te separó de Ben Ammar enviándote a tomar Málaga y fracasaste -entre otros detalles, porque tu ejército estaba borracho- por eso te mandó encarcelar, al haberte dejado sorprender por el enemigo .

Pero tu comportamiento en el campo de batalla, dicen las crónicas que fue tan valeroso, que no te mandó decapitar como a tu hermano, el primogénito, sino que te readmitió en aquella corte sevillana donde todo, hasta el crimen, parecía tocado por la estética y el mismo refinamiento maquiavélico que tuvieron después las cortes renacentistas.

Siempre en tu reinado deseaste un oasis de cultura y de placeres que en ocasiones indignó a los ortodoxos musulmanes, pues este gusto por ellos, incluído el del vino, contravenía los preceptos del Corán.

Un día paseabas por la orilla del Guadalquivir con tu amigo Ibn Ammar e improvisate :

“¡El viento tejiendo lorigas en las aguas! “.

Debía, según la costumbre, continuar el poema Ibn Ammar cuando escucchásteis una dulce voz femenina que contestaba:

“¡Qué coraza si se helaran! “

Sorprendido por el ingenio y belleza de la mujer la buscaste entre los juncos del río. Así fue el primer encuentro con Rumaykiya, esclava del arriero Rum y soltera, que se convirtió en tu única esposa tomando el nombre de Itimad.
“El relámpago le asustó, cuando en su mano
el relámpago del vino resplandecía.
¡Ojalá supiera cómo, si ella es el sol de la mañana,
se asusta de la luz! “

Acusada en ocasiones de la decadencia moral del pueblo sevillano, cuya tolerancia ancestral era mal vista siempre por los ortodoxos; pero lo cierto es que, por su gran afición a la poesía, fue Itimad una gran protectora de las letras contribuyendo a convertir tu corte en centro literario del mundo musulmán.

¡Qué bellos poemas de amor le escribiste !

“El corazón persiste y yo no cesa;
la pasión es grande y no se oculta;
las lágrimas corren como las gotas de lluvia,
el cuerpo se agosta con su color amarillo;
y esto sucede cuando la que amo, a mí está unida:
¿Qué sería, si de mí se apartase?

Como cuentan tantas cosas de ti y de Alfonso VI, el gran rey cristiano, con el que incluso casaste a tu hija Zaida, de nombre cristiano Isabel.
Alfonso quería reconquistar Sevilla.
(No me extraña que aquellos reyes del Norte estuvieran enamorados de tus tierras feraces y de tu mundo de ebriedad para los sentidos ).
Así que inició el asedio pero tú, Rey Al-Mutamid, no te enfrentaste a él, sino que le envíaste tan sólo un embajador:Ibn Ammar, tu amigo poeta, que propuso a Alfonso jugarse el reino a una partida de ajedrez. Por cada casilla que ganara Ibn Ammar, Alfonso debía entregar un grano de trigo, que se iría incrementando proporcionalmente.
Aceptó Alfonso y perdió la partida, comprobando, estupefacto, que no había trigo en su reino para pagar la apuesta.

Ibn Ammar pactó, entonces, levantar el sitio a Sevilla y Alfonso, el rey, accedió tras conseguir que, a cambio, le pagaras un impuesto que te aseguraría la no agresión y la protección de Alfonso, tu propio yerno.

Intrigas, traiciones, aventuras rocambolescas – Alfonso no cesó en su empeño-cuando y cayó Toledo te viste obligado, como último recurso, a pedir ayuda al terrible Yusuf contra él.

«Prefiero ser camellero en África que porquero en Castilla».Dijiste

Vencistéis en Zalaca, pero el temible e inculto Yusuf, antes tu aliado, volvió de África más tarde y acabó con los reinos andalusíes, uno por uno.

Sevilla, tu hermosa Sevilla, fue tomada en septiembre de 1091, el mismo día en que Wallada la poetisa y princesa Omeya, también moría con la entrada de los almorávides, los bárbaros del sur.

“Resígnate a tu suerte en este mundo, cual quiera que fuere.
Consuela tu alma si dejaste tu patria.
Allah compensa todo lo perdido en el pasado;
Que tu corazón conozca el consuelo y la fe.
Siempre que tengas un recuerdo delicioso,
¿se derraman lágrimas en torrentes sobre tus mejillas?

¿Cuándo has oído de un rey como tú a quien
las oscuras penas del Destino le hayan arrebatado su reino?
Aguanta la adversidad y aguarda para después la libertad;
tu botín será el perdón de Allah”.

En la desgracia fuiste tan grande como en los días de Fortuna .
Se dice que cuando desembarcaste exiliado y preso en Tánger, El Josri, un poeta, por hacer mofa de ti , te recordó tu esplendor en tiempos pasados con una hiriente poesía burlesca. Entonces, tú, Al-Mutamid, quitándote con gran trabajo una babucha , pues ibas encadenado, tomaste tu único capital :una moneda de oro, y arrojándosela al rostro le dijiste:
«Toma, y di que Al-Mutamid no despidió nunca a un poeta sin darle alguna dádiva».

Tus cadenas, oh, sí , tus cadenas. ¡cómo no recordarlas si están vivas en tus versos !.

“Cadena mía, ¿no sabes que me he entregado a ti?
¿por qué, entonces, no te enterneces ni te apiadas?
Mi sangre fue tu bebida y ya te comiste mi carne.
No aprietes los huesos.
Mi hijo Abu Hasim, al verme rodeado de ti,
se aparta con el corazón lastimado.
Ten piedad de un niñito inocente que nunca temió
tener que venir a implorarte.
Ten piedad de sus hermanitas, parecidas a él y a
las que has hecho tragar veneno y coliquíntida.
Hay entre ellas algunas que ya se dan cuenta,
y temo que el llanto las ciegue.
Pero las demás aún no comprenden nada y no
abren la boca sino para mamar.”

Y ahora , para terminar, déjame poner sobre tus versos , los míos, a la manera de Rummaykiya, tu amada , estos versos de poetisa embriagada de amor, hasta los huesos, en los jardines de tu Al -Andalus añorada .

POEMA A LA MANERA DE LAS ANTIGUAS POETISAS DE AL-ANDALUS

Prende mi corazón en un sauce dspeinado
que llore en la ribera de tu ensueño.
ahí tan tierno, tan frágil,
expuesto a los vientos del Norte
y a los puñales de escarcha.

Extasiado ante el silbo aflautado de los pájaros
o en el voluptuoso chirriar de las cigarras .
Bebiendo savia de lágrimas ajenas,
raíz nutrida por oscura sal de cieno.

Amado por ranas.
Bendecido por libélulas.
Idolatrado por peces sedientosde sombra.

Y allí, cuando tu voz enamorada
se derrame en versos luminosos,
creerás que es eco de tu boca
mi canto anónimo y solitario .

De Invitación a la metáfora, 2005.
Música para acompañar la lectura de este texto

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Comments (5)

  • ana maria

    este es uno de los pocos momentos donde no fluyen palabras de mi ser,esto enriquece el espiritu,el alma ,la vista ,los cinco sentidos estan anonadados de ver tanta belleza ,gracias<<<<<3

  • CROUSTE Martine-Annie

    Más que gustarme mucho tu homenaje al rey Al Mutamid me fascina. El tiempo de una lectura he vuelto a la hermosa al Andalus de los tiempos antiguos, con sus tesoros de belleza, de arte, de sabiduria y al mismo tiempo, he nevegado gracias a tus hermosas fotos por las calles y los recuerdos que nunca moriràn de aquella ciudad de Sevilla que tanto amo y que para mi es la màs hechizadora en el mundo. Gracias mil veces Mayte, por tu talento y por hacerme soñar. Un fuerte abrazo.

  • Beatriz Basile

    Con tu brillante artículo ,diste esplendor al espacio y a su rica historia.

  • Mary Pastor

    ¡Qué maravilla! me ha encantado, parece como si hubieses vivído en esa época, lo narras con tanta claridad como si hubieses recitado poemas junto a Al Mutamid. Es un hermoso homenaje y las fotos son magníficas.
    Te felicito, y te agradezco estos regalos que nos haces día a día.
    Besos.

  • Marlene Villatoro

    Que linda y conmovedora historia del Rey Mutamid y su palacio Almatamid es
    muy inspirador todo. Gracias por tanta belleza.

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