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CREMA DE QUÉ….. ?

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Texto y fotos: Alejandro Gómez García

En las conversaciones con desconocidos no es bueno revelar, en un primer momento, nuestras ideas políticas, creencias religiosas u otras ideas personales, ya que corremos el riesgo de que se puedan malinterpretar nuestras siguientes opiniones. Pero claro, cuando uno tiene interés en entablar una conversación con un desconocido, debería de implicarse -bendita ambigüedad.

Hace varios años, un compañero de trabajo y amigo, chino residente en España, me invitó a la celebración de su boda, en la cual pude asistir a una de las conversaciones más singulares que he vivido en situación semejante.

La única amistad que yo compartía con el novio era aquella que puede surgir en una relación laboral, y, por lo visto, los invitados que compartían mesa conmigo tampoco parecían conocer muy bien a los recién casados.

Me sentaron en una mesa con cinco personas desconocidas: una médico nutricionista, un forense -marido de la médico-, un cocinero, su mujer y un ex militar del ejército de tierra.

Todos llegamos más o menos al mismo tiempo a la mesa, sentándose a mi derecha el militar y a mi izquierda el cocinero. Como es normal, nos saludamos, de derecha a izquierda empezando por la mujer del cocinero; dimos nuestros nombres y comentamos a qué nos dedicábamos, oportunidad que cada cual aprovechó para explicar de qué conocía a los novios y así, de una forma un tanto protocolaria, amenizar el convite.

Todo parecía transcurrir con bastante normalidad, con los típicos comentarios sobre el vestido de la novia, ellas, y con los tópicos e intrascendentes detalles del banquete, ellos. Entre tanto, comíamos el primer plato -una vichyssoise-. hasta cuando, de pronto, el forense dijo alzando la voz “¡esto está malo, puaj, realmente asqueroso!”. Nuestra reacción inmediata, al contrario de lo que la lógica aconsejaría cuando alguien advierte que un alimento está malo, fue la de probar otra vez todos la crema.

Mientras la estaba tomando reflexioné asombrado “¿por qué hemos de probar de nuevo la crema?” Imaginé que sería un mecanismo inconsciente por el cual todos nosotros de manera asertiva quisimos empatizar con nuestro compañero de mesa.

Por su parte, el cocinero fue el primero en reaccionar con una voz grave y rotunda: esto no está malo.

La medico, a su vez, puntualizó: un poco agria, tal vez.

-Peores cosas he comido yo –concluyó el militar jactanciosamente.

Todos me miraron esperando una opinión por mi parte. Yo, sin levantar la vista del plato, me atreví a decir “no noto nada excesivamente raro” –bendita ambigüedad-, para ellos a continuación mirarse unos a otros.

-Pues yo sigo diciendo que esto está malo –insistió el forense.

-¿Pero a qué se refiere con qué está malo? ¿Tiene mal sabor o no le gusta? -preguntó el cocinero.

-Pues…, pues que está malo, que sabe mal.

-O sea, que no le gusta –mientas, todos atendíamos intrigados a la conversación entre el cocinero y la otra pareja.

-Pues no. Cómo me va a gustar, si sabe horrible.

-Habría que ver con qué y cómo han hecho esta crema; vete tú a saber si no es de sobre -dijo airadamente la medico.

-Con todos mis respetos hacia usted y su marido, señora, esta crema no es de sobre; quizá sepa demasiado a nata, pero no está mala en absoluto, ni sabe mal -sentenció el cocinero.

Creo que, en ese preciso momento, todos pudimos notar cómo brotaba la tensión en la mesa. El militar me miró sonriendo con disimulo, mientras se mesaba la barbilla.

-Pues, con todos mis respetos, señor cocinero -apuntilló-, difiero mucho de su opinión, esta crema no está buena y, es más, es vulgar tirando a mala. Y no sabe a nata, sabe a mantequilla.

-Esta crema es correcta, señora; es cierto que no es nada extraordinaria, pero tampoco es para decir que esté mala, y si a su marido no le gusta, será porque no entiende a qué sabe, no porque esté mala.

– Perdone ¿cómo que no entiendo a qué sabe?, pero ¿qué disparate es ese? ¿Qué pasa, que las cremas ahora hablan?

La mesa quedó en silencio, momento que la mayoría aprovechó para dar un sorbo a su copa y mirar alrededor.

-¿Saben ustedes -dijo el cocinero recostándose, mientras terminaba de un trago de su copa de vino- que la comida, el sexo y la música hacen segregar la misma sustancia química en el cerebro?

-Dopamina -contesto la medico-. Y ¿qué está sugiriendo con eso, qué está crema es un consolador?

-Más o menos, pero lo que trato de decir –concretó el cocinero- es que, si una comida no está en mal estado, nos debería de gustar, cualquier tipo, ya que es sólo información que nuestro cerebro interpreta como placer, ¿no?

Nadie se atrevió a responder.

-Hay que abrirse a probar todo tipo de alimentos –prosiguió de una manera más amable-, de texturas…, hasta gusanos o escarabajos –aventuró, esbozando una taimada sonrisa-. Los sabores y las texturas pueden llegar a sugestionarnos e inducirnos de tal modo, que creamos ciertamente que un alimento no nos gusta. Miren, el sabor, debería de estar por encima de nuestra capacidad de ponderación sobre lo bueno y lo malo; este viaja inscrito en la comida y creo que la mala avenencia de nuestra educación, bastante teórica en este aspecto, ha viciado, a lo largo de nuestra vida, el gusto. Hemos limitado el acceso al sabor, al crecer en un entorno concreto y en una cultura determinada, olvidando que la información, que nos aporta un alimento, ha de ser objetiva y no subjetiva. Y he de añadir, si no le gusta la crema, caballero, allá usted, pero es una pena negarse la oportunidad de disfrutar de todo tipo de comida.

Todos volvimos a probarla.

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Comments (4)

  • El Hombre De Tinta

    ¡¡¡Jajajajaja…buenísimo todo lo contado..yo me imaginaba sentado en ese banquete y flipando en colores..saludos!!!

  • CROUSTE Martine-Annie

    Me encantó !!! …y me recuerda lo que siempre me decia mi abuelo : nunca hablar de politica, nunca hablar de religión cuando no conoces la gente a quien te diriges….Me doy cuenta que no solo la politica o la religión…produce el mismo efecto la comida !! El final sorprende y al mismo tiempo nos recuerda en que ignorancia y dependencia nos mantiene nuestra cultura. Felicitaciones Alejandro.

  • María Teresa Bravo

    ¡Qué fina ironía alrededor de un acto tan simple como uan reflexión alrededor de la comida como hecho cultural !,
    Me ha encantado ese análisis sicológico qeu vas haciendo de los personajes y ese cocinero filósofo es la guida-colofón a tu relato .
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  • ESPERANZA FERNANDEZ

    Me ha parecido un artículo muy bueno y que nos hace pensar en muchas situaciones que se nos dan y en la que muchas veces no sabemos reaccionar, pero tu análisis ha sido muy acertado. Sigue escribiendo así.

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