You Are Here: Home » Cultura » ¿QUIÉN ES EL VIEJO?

¿QUIÉN ES EL VIEJO?

 

Servicios de Long Island Al Día
www.Lialdia.com

Fotos y texto: Agomez

-Bueno…, después de haber entrevistado a más de veinte candidatos, creo que ésta es la mejor opción. Ya estoy cansado de tanto buscar.

-Pe… pero hijo. ¿Cómo vas a compartir piso con un hombre de 82 años? ¡Es… es absurdo! –balbuceó mi madre alucinada.

– Mira, me ha dicho que él, por las mañanas, sale a pasear, echa unas partiditas de dominó con los amigos y que, normalmente, luego se va a comer a casa de alguno de sus hijos, y tiene
cinco. Además, en verano, se va dos meses de vacaciones con el Imserso. Es perfecto; sólo necesita un sitio donde dormir. Eso me ha dicho.

-Bueno, tú sabrás –concedió mi madre resignada.

Las primeras semanas de convivencia con el anciano fueron muy cómodas. Él salía a pasear muy temprano, como había dicho, y comía siempre fuera. Casi ni coincidíamos. La casa se
mantenía limpia prácticamente sin esfuerzo, ya que yo tampoco comía en ella y tenía por costumbre no cenar. El anciano disfrutaba de una salud envidiable, lejos de lo que en un
primer momento se pudiera sospechar por su aspecto físico -pequeño, menudo y calvo-, haciendo gala también de una fluidez verbal y una memoria sorprendentes en una persona de
su edad.

Agomez

Entre semana, el anciano se acostaba muy pronto, sobre las nueve, después de haberse tomado un caldito. De esa manera, yo podía disfrutar de la casa prácticamente en exclusiva.
Los fines de semana era cuando lo veía un poco más, momento en el que aprovechábamos para charlar sobre algún tema trivial y adecentar la casa, antes de irnos de fin de semana.

-¿Qué pasa chaval? ¿Cómo llevas los estudios? –me preguntó mientras recogía unas cosas del baño.

-No estudio, señor Antonio –respondí jovial.

-Anda, y ¿qué es lo que haces? ¿Trabajas? – inquirió curioso.

-Sí, trabajo en un periódico. Colaboro en la sección de cultura y arte.

-Bueno, eso está bien, eso está bien…

Un martes, al volver del trabajo, me encontré al anciano en el salón. Estaba con un par de amigos, viendo la televisión y tomando unas cervezas. Pasé a saludar, intercambié un par
de frases formales y me despedí hasta el día siguiente, metiéndome en mi habitación. “Qué salaos –pensé-, qué cachondos los abuelillos.”

A la semana siguiente, volvieron a reunirse el mismo día, pero en vez de ser dos amigos fueron cuatro. Saludé como de costumbre e intercambié cordialmente unas palabras; pero, justo
cuando me dispuse a abandonar el salón, uno de ellos me asaltó preguntando: “Oye chaval,

¿Tú sabes cómo funciona el cacharro este?”

-¿Qué cacharro? –pregunté.

-Éste -me señaló otro de ellos.

Fue tal mi asombro al advertir una playstation, que no pude evitar soltar una carcajada, que debió molestarles, porque se quedaron mirándome muy seriamente.

-Bueno, chaval, ¿sabes cómo funciona, o no? -insistió uno de ellos en tono insolente.

-Sí… sí –respondí mientras gesticulaba con las manos en señal de disculpa, sin saber muy bien dónde meterlas.

Les conecté la consola de videojuegos y allí se pasaron toda la tarde y parte de la noche, entre risas, alguna que otra voz un poco elevada de tono y acompañados de cinco litros de cerveza, de los que, a la mañana siguiente, encontré las botellas vacías muy bien plantadas sobre la mesa del salón. No di demasiada importancia a este hecho, y fue la comidilla del día siguiente entre mis compañeros de trabajo. De alguna manera, hasta me agradó la idea de tener por compañero de piso a aquel anciano tan juvenil.

El resto de la semana trascurrió sin ninguna visita más. Llegué incluso a plantearme en animar al anciano para que vinieran más a menudo sus amigos, cosa que hice a la semana siguiente.

Aquello fue un error. No había hecho más que acabar mi proposición, cuando sacando del bolsillo su móvil de última generación, comenzó a llamar a diestro y siniestro a un montón de
gente.

-No te importa, ¿verdad? –me preguntó mientras organizaba un guateque; así era como llamaba él a sus reuniones de amigos.

-No, para nada; no te preocupes. Además, mañana es sábado y no tengo que madrugar. Yo me pongo una película en mi habitación y me duermo enseguida, que estoy bastante cansado.

Pasadas dos horas empezó a llegar la gente. Pude oír como iban viniendo más y más, mientras el sonido de la música y de los cristales de las copas se mezclaba entre las risas y la algazara de los vejetes. Cogí el sueño más o menos pronto, no sin algún que otro sobresalto debido a alguna carcajada en mitad de la noche o al golpe de algún vaso hecho añicos contra el suelo.

A la mañana siguiente me desperté sobre las nueve de la mañana. Nada más salir de mi habitación me golpeó un fuerte olor anisado y a tabaco negro. “Hay que abrir las ventanas del
salón -me dije-.“ Me dirigía al salón por el pasillo cuando, de pronto, comencé a escuchar unos fuertes ronquidos. Cuál fue mi sorpresa, al llegar al salón, cuando me encontré a tres ancianos durmiendo desparramados en el sofá, rodeados de todo tipo de bebidas alcohólicas y con gafas de sol. Volví a mi habitación, me cambié de ropa y, sin siquiera desayunar, me fui.

Pasé el resto de la mañana con unos amigos comentando jocosamente la escena de los tres abuelos ‘durmiendo la mona’ en el sofá. Por la tarde-noche, propuse a un par de amigos ir a
cenar en mi casa.

Llegamos a casa, y nada más entrar descubrí, otra vez, a los mismos ancianos que estaban durmiendo por la mañana en salón. Ahora estaban con mi compañero de piso, fumando de

una cachimba y bebiendo cerveza… “Esto ya está pasando de castaño oscuro” –pensé a la vez que saludábamos desconcertados.

-Jóvenes, pasad y sentaos con nosotros. Tomad, probad esto -dijo mi compañero de piso con los ojos rojos, mientras sus tres amigos se reían.

-No… si venía sólo a por una cosa… Gracias -contesté atónito.

Entré en mi habitación simulando que iba a buscar algo, e inmediatamente nos fuimos de la casa a toda prisa.

-Vas a tener que hablar con él -me dijo uno de mis amigos mientras bajábamos las escaleras.

-No sé. De momento no quiero darle mucha importancia. Deja que se lo pasen bien –contesté confuso.

Pasaron otras dos semanas y de la fiesta esporádica se pasó a la fiesta encadenada, cada martes, jueves, viernes y sábado. El continuo alboroto me obligó a tener que comprarme unos
tapones para poder dormir.

Fue un martes, llegando tarde a casa del trabajo, cuando según iba subiendo la escalera y me iba encontrando a más y más gente bebiendo, gritando y riendo, reflexioné: “No
puede ser. ¿Ha hecho una fiesta en casa con todos los vecinos del bloque? o ¿qué?” Subí a duras penas, sorteando a la gente como pude, hasta llegar a la puerta de mi casa, que se
encontraba abierta, y decidido a hablar con mi compañero de piso. Una vez dentro, le busqué encontrándolo bailando en el salón, rodeado de sus amigos que le jaleaban dando palmas. Me acerque hasta él disimuladamente y le reclamé: “Señor Antonio, tenemos que hablar.”

-¿Qué?

-Que tenemos que hablar.

-¿Cómo? No te entiendo, la música está muy alta.

Entonces me acerque a su oído y alzando la voz le dije: “Esto no puede ser, señor Antonio, esto no puede seguir así, es insoportable.”

Entonces se giró hacia mí y, pasando su brazo por encima de mi hombro, me dijo: “Anda chaval, sírvete una copa y disfruta de la fiesta, que pareces un viejo.”

About The Author

Number of Entries : 4689

Comments (7)

  • CROUSTE Martine-Annie

    Jajajajajajajaja !!! Te adoro Alejandro !!! Eres GENIAL !! Ahora el conflicto de las generaciones al revés !! Nunca dejarás de sorprenderme. Al principio pensé que ibas a relatar algo acerca de las experiencias que bastantes estudiantes hacen ahora en Francia. Van a vivir en casa de un anciano (a), no pagan nada y en cambio ayudan a los trabajos de la casa, hacen las compras…y parece que todo pasa muuuuy bien. Se crean relaciones abuelo(a)/nieto (a) pero éste viejito tuyo !!! jajajajajaja !!! ME ENCANTA !! Felicitaciones. Un abrazo.

  • Beatriz Basile

    Muy gracioso .Felicitaciones !

  • jesus

    Usualmente no comento los trabajos de nuestros editores. Lo hago en privado, no se porqué razón, ni de donde me salió la maña. De hecho, tengo el privilegio de leer, cada escrito, buscando entre letras, los diablillos que a veces se nos cuelan al digitar, en fin debo revisar todo.
    Leyendo a este joven miembro del grupo editorial, caigo en cuenta, cómo fácilmente pasamos de una vida divertida a una llena de obstáculos e inconvenientes que solo nosotros vemos o encontramos.
    Grato relato, muy aleccionador e instructivo. De mi parte y de salida a recrearme con mis hijos jóvenes, os prometo dejar para siempre la bendita maña de que me vean viejo. Viva la libertad!!!. Soy joven de nuevo.

    Jesus Rios- Editor.

  • MARIA TERESA BRAVO

    Nos has hecho reír con tu cuento . Buena falta nos hace literatura un poco jocosa que para tristezas y angustias vitales ya tenemos demasiadas .
    Con cada cuento tuyo nos dejas perplejos, rompes todos los tópicos y nos haces ver el mundo por otro prisma. Enhorabuena, Álex

  • Ernesto Kahan

    ¡Muy optimista! Ahora descubro que mi futuro puede ser bastante movido y divertido

  • TU PRIMA YOLI

    ME LO PASO FENOMENAL LEYENDO TUS HISTORIAS. ENHORABUENA Y SIGUE ASÍ. POR CIERTO ESTÁS GUAPÍSIMO EN LA FOTO. BESOS A BEATRIZ Y A TUS PADRES. YOLI

  • ESPERANZA

    ENHORABUENA POR TUS RELATOS. ¡OJALA CONSIGAMOS SER COMO ESTE VIEJITO LOS QUE NOS VAMOS APROXIMANDO!

    MUCHOS BESOS ALEX

© 2011 Long Island al Dia - Powered By Wordpress - Diseño Web Bravo Advertising

Scroll to top