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El estruendo en el Cairo se apaga.

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Durante unos momentos las calles son transitables, toda bocina, motor y griterío muere durante esos instantes de rezo que brinda el Ramadán.
Todo gira en torno al minarete, que desde lo más alto llama con la fuerza del Corán un almuecín invisible .

El espectáculo es impresionante, millones de cairotas en una mezquita abarrotada, tanto que hasta fuera de ella, acomodan espacios para el rezo, sumidos en un único cántico que a mí, me suena gutural, pero que provoca un estado de fe y de respeto.

El lugar de rezo es indiferente, puede ser una lujosa mezquita de Alabastro o un simple almacén de papiros, el sentimiento es el mismo.
Durante un mes, estas escenas son habituales, desde el alba hasta el anochecer, los cairotas al igual que millones de musulmanes ayunan diariamente hasta la puesta de sol.

Allí, como un egipcio más no tuve mas remedio que ayunar yo también, a pesar de no ser musulmán, pero al tener tantos rasgos egipcios, todo el mundo me tomaba por uno de ellos y claro, me veían como una falta de respeto que comía o bebía delante de ellos, así que al segundo día, en solidarización con mi familia me puse también a ello. También como reto a mí mismo.

Una vez terminado el Ramadán, comienzan las fiestas. Todo el mundo hace gala de sus mejores trajes, en este caso galabeyas” blancas e impolutas. Es el día de estrenar la ropa, los sastres y modistas han trabajado, casi sin dormir hasta acabar las últimas “galabeyas” de los niños .

Ningún niño, por pobre que sea su familia se quedará sin estrenar una nueva .
“Hassuna” (mi primo pequeño) y yo nos miramos ilusionados pensando que hoy vamos desayunar unas buenas galletas después del último rezo del Ramadán.
Allá al pie de las pirámides , todos descalzados, empieza uno de los mayores espectáculos que jamás haya presenciado, miles de años nos contemplaban, hombres a un lado y mujeres en otro, empieza el último rezo.

Hay una gran solemnidad en el ambiente, mientras el imán reza versículos del Corán, descubro que los niños son niños vaya donde vaya y que las propias manos son su libro sagrado.

“Hassuna” y yo nos volvemos a mirar, él muerto de sueño y yo muerto de hambre nos disponemos a celebrar nuestro mejor desayuno en mucho tiempo.¡ Y es que unas simples galletas nunca estuvieron tan ricas!

Texto y fotos de: Luis Omar El Gabry Bravo

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Comments (8)

  • sr undi

    sin duda las mejores fotos de el Gabri de esta serie hasta el momento, ramadan3 tiene mucha fuerza

  • Lucía

    Este artículo refleja una realidad del mundo musulmán conocida por todos. La calidad de la fotografía muestra un paisaje exótico y cotidiano para los que tienen la suerte de vivir allí contrapuesto con la apreciación de la cultura de antaño y de su actual etnia.
    Toda religión se basa en fe y respeto al ser adorado, aunque es una forma cognitiva de aplicar una moralidad en la población. Durante ese mes, los musulmanes ayunan con mucho afán, rezan y leen el Corán.
    Al acabar el Ramadán emprenden festividades que llenan las calles de canticos y colorido que resalta con la austeridad vivida un mes atrás.

    Lo que poco puede resaltar es la presciencia de la mujer en estas fotografías. Los egipcios no son tan misógenos como otros pueblos enclaustrados en sus creencias que ocultan a la mujer. Igualmente en este artículo solo recoge el papel del hombre en una festividad que incumbe a ambos sexos. La labor de las mujeres es muy variada ya que es la que prepara los dulces y comidas que catarás después de ocultarse el sol.

    La fotografía puede capar muchos instantes, pero se ha de tener una visión más amplia a la hora de retratar una cultura, una forma de vida, una religión…

  • CROUSTE Martine-Annie

    Me encantó este reportaje y sus hermosas fotos que me permitieron descubrir otra faceta de algo que,finalmente, sólo conocemos en las “grandes lineas” como lo decimos en Francia. Un modo de vivir, unas tradiciones, la religión, y sobre todo el alma de un pueblo que casi se podria “acariciar” en cada uno de los momentos que nos entregan las fotos tan llenas de vida, en los colores, los olores, la austeridad o la alegria encerradas en el Ramadán, en la vida de cada dia. Felicitaciones por este trabajo tan lleno de riqueza.

  • Mary

    Muy buen reportaje, nos acerca mas al pueblo musulmán. Tenía conocimiento del Ramadán y de la fiesta que le sucede cuando este termina, por amigos y conocidos, pero nunca había visto el rezo multitudinario, ni la expresión de sus caras, ni el interior de una mezquita.Pero sobre todo es un lujo, poder ver el rezo con esas pirámides milenarias de fondo.
    Buen trabajo, te felicito.

  • Ana Pastor

    Felicidades por tu articulo,sencillo y lleno de vivencias cotidianas para ellos y tan diferentes para nuestra cultura.
    Veo que cuando vas allí te vienes con las maletas bien llenas de experiencias.
    Sigue así,escribes muy bien y la fotos son muy buenas.

  • Beatriz Basile

    Muy buen trabajo ,no sólo por las fotos sino por la secuencia y selección de las mismas,así como los comentarios .Me han hecho conocer un mundo ignorado por mí.La foto de los rezos con las pirámides de fondo,son estremecedoras, los rituales nos hacen conocer la esencia de los .pueblos.
    Felicitaciones

  • Omar El Gabry

    Gracias a todos por las felicitaciones. Querría compartir con todos ustedes también el sufrimiento y la preocup
    ación que siento en estos momentos tan tensos en el Cairo y todo el país. Debido a la incomunicación , no se nada de mi padre desde hace unos dias , si alguien sabe como contactar con Egipto que porfavor se ponga en contacto conmigo. Gracias de antemano.

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