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Apoyemos una campaña de transparencia y rendición de cuentas para nuestros legisladores

SI LA INFORMACIÓN FUERA PERFECTA Y EL EJERCICIO DEL PODER TRANSPARENTE, NO HABRÍA NECESIDAD DE EXIGIR CUENTAS A NADIE.

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Jesús Ríos- Editor

El gobernador Andrew Cuomo hizo de la transparencia y la honestidad el tema principal de su campaña. En el pasado reciente hemos asistido a acusaciones hacia legisladores en todo nivel, que los vinculan con diferentes clases de corrupción y malos manejos. Estos temas son el centro de las discuciones cuando se acerca una elección y desaparece cuando el resultado de las urnas está dado. Quienes son los beneficiarios del voto, parecieran hacernos entender que su elección es la actividad principal y centro de todos sus esfuerzos.
Pero, ¿cumple con su función, asiste a las reuniones normales de la entidad para la que fue elegido, presenta proyectos para cumplir con su trabajo de legislador, maneja de manera adecuada los dineros que se les confía ?, son apenas unas de las múltiples preguntas que exigen sus respuestas. Con el siguiente texto queremos contribuir a la sensibilización sobre el tema y nos comprometemos con quienes impulsan una campaña de este tipo.
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La transparencia y la honestidad

La palabra mágica, el concepto clave, se llama accountability. Como otros conceptos políticos en inglés, se trata de un término que no tiene un equivalente preciso en castellano, ni una traducción estable. A veces se traduce como control, a veces como fiscalización, otras como responsabilidad. Sin embargo, la traducción más común y la más cercana es la rendición de cuentas.

En efecto, existe un consenso casi universal según el cual la principal virtud de la democracia es que permite cambiar de gobernantes sin violencia, y que ofrece además esa posibilidad en plazos razonables y regulares. Pero no es tan evidente, en cambio, que la democracia permita que los electores impongan sus necesidades y sus exigencias a los gobernantes, es decir, que éstos actúen como agentes representantes de los gobernados, en vez de dejarse llevar por sus propios intereses, ambiciones o por otros fines distintos de los que desean los electores. Típicamente, la pregunta surge de inmediato: ¿Cómo solucionar este problema esencial de la democracia representativa?

Solo mediante una batería múltiple,mediante un variado abanico de mecanismos, con troles, pesos y contrapesos que configuran el contexto de la rendición de cuentas. Así, los gobernantes deben abrirse a la inspección pública; deben explicar y justificar sus actos y deben estar supeditados a las sanciones en caso de incurrir en falta o ilegalidad. Para eso, las democracias ponen en marcha instituciones, procedimientos y leyes que van desde el acceso a la información en manos del gobierno por parte de los ciudadanos, hasta la remoción de los gobernantes mediante el voto; desde la implementación de contralorías administrativas hasta la corrección por parte de otro poder, el judicial o el legislativo.
La rendición de cuentas, es “un concepto modesto” que para imponerse como una realidad que controla el poder debe desenvolverse en una multiplicidad de factores que se complementen.
Aunque no hay un tipo de rendición de cuentas que solucione de una vez por todas la corrupción o la ilegalidad, sí es posible implementar una multitud de palancas que deben ponerse en marcha simultáneamente para acotar, moldear y domesticar la discrecionalidad del poder.
Dentro de este complejo engranaje hay que destacar un componente fundamental de la rendición de cuentas y que posee una especial importancia,aquello que se llama answerability, es decir la obligación de los gobernantes de responder las solicitudes de información y los cuestionamientos de los gobernados. Para ello no basta la buena voluntad sino que se requieren mecanismos que develen los actos, las decisiones y políticas de toda autoridad. Rendir cuentas es también establecer un diálogo, abrir un puente de comunicación permanente, institucional, sin pretextos.

En todo el mundo democrático, los actores y observadores de la política,los líderes de partido, las asociaciones cívicas, los organismos financieros internacionales, los activistas de base, los ciudadanos, los periodistas y los académicos, han descubierto las bendiciones del concepto y se han adherido a la causa noble de la rendición pública de cuentas.
La rendición de cuentas se ha vuelto entonces una exigencia ubicua en el mundo de la política democrática.

En el corazón de la rendición decuentas está el diálogo crítico. No se trata de un juego de un solo tiro sino de un juego iteractivo, un ir y venir de preguntas y respuestas, de argumentos y contra-argumentos. Cuando exigimos cuentas, con frecuencia la información que recibimos no es tan precisa y confiable como quisiéramos. Cuando exigimos cuentas, con frecuencia las justificaciones que recibimos no son tan convincentes como quisiéramos. Por lo mismo, seguiremos insistiendo, preguntando, cuestionando, exigiendo.

La rendición de cuentas no es un derecho de petición. Es un derecho a la crítica y al diálogo

¿ Desea Usted suscribir esta declaración y sumarse a una campaña de rendición de cuentas y de transparencia?

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